'Doña Francisquita' y la esencia indescifrable de la zarzuela

Madrid

23 / 06 / 2024 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

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vives madrid La producción de 'Doña Francisquita' de Lluís Pasqual © Teatro de La Zarzuela / Elena DEL REAL
vives madrid La producción de 'Doña Francisquita' de Lluís Pasqual © Teatro de La Zarzuela / Elena DEL REAL
vives madrid Sabina Puértolas e Ismael Jordi, protagonistas de 'Doña Francisquita' © Teatro de La Zarzuela / Elena DEL REAL

Teatro de La Zarzuela

Vives: DOÑA FRANCISQUITA

Sabina Puértolas, Ismael Jordi, Ana Ibarra, Enrique Ferrer, Milagros Martín, Isaac Galán, Santos Ariño, Gonzalo de Castro y Lucero Tena. Coro Titular del Teatro de la Zarzuela. Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección musical: Guillermo García Calvo. Dirección de escena: Lluís Pasqual. 21 de junio de 2024.

Danny, el nostálgico pianista del buque Virginian, protagonista del Novecento de Alessandro Baricco, resume el espíritu inclasificable de su música favorita con una escueta frase: «Cuando no sabes lo que es, entonces es jazz«. Qué elegante forma de sintetizar lo imposible… O en España y Latinoamérica no tenemos bariccos o no hemos sido tan ingeniosos a la hora de encontrar una definición fiel a un género que escapa de clasificaciones y que vive víctima de la mitificación de lo que fue y a la búsqueda de nuevas rutinas. ¿Qué es la zarzuela? O, mejor dicho, ¿qué tiene que cumplir un espectáculo para que sea considerado zarzuela? Si se aborda desde la perspectiva de la acogida, la Doña Francisquita de Lluís Pasqual (ver previa en este enlace), ya vista en el Teatro de La Zarzuela en 2009 y que ya se ha paseado por Barcelona, Valencia y Lausana (Suiza), es de las grandes, porque se aplaudió mucho y las ovaciones fueron mayoría. Si se aborda desde la calidad de los protagonistas, de nuevo sobresaliente, desde el elenco vocal, pasando por el actoral —fantástico Gonzalo de Castro— hasta la emotiva aparición de Lucero Tena. Y así se podría seguir un buen rato: cada detalle fue cuidado, con la sabiduría que cada uno tiene en su campo. Pero el resultado final deja la sensación de no haber asistido a Doña Francisquita

El montaje recorría casi cien años de historia audiovisual española, desde la Segunda República hasta la actualidad, con un acto ambientado en una época diferente. El primero, en un estudio de radio, es el más bidimensional y donde también más pesa la apuesta por suprimir todo lo que no sean los cantables. El segundo sucede en un estudio de televisión durante la dictadura —con llamada de ministro incluida— y el tercero ocurre en una sala de ensayos en la actualidad. En ambos casos la sabiduría teatral de Pasqual hace que la dramaturgia funcione a pesar de haber perdido todo esqueleto de la trama, y se eleva por encima de las situaciones concretas gracias al trabajo sobresaliente de Gonzalo de Castro, productor, narrador, factotum della città. El tercer acto cuenta con la participación de Lucero Tena, impagable, y aunque todo homenaje a esta enorme artista se queda corto, a nivel dramático su inclusión rompe no ya la cuarta pared, sino cualquier asomo de peripecia argumental. De ahí al final la obra es una fiesta en la que solo cabe participar.

"Sabina Puértolas volvió a ser una Doña Francisquita elegante, refinada, con una 'Romanza del ruiseñor' tan ligera como se puede esperar"

A nivel vocal, muy pocos reparos. Sabina Puértolas volvió a ser una Doña Francisquita elegante, refinada, con una Romanza del ruiseñor tan ligera como se puede esperar. Ismael Jordi es un Fernando que sabe frasear y decir bien las pocas palabras que dice, sobrado de proyección y cuidando que los giros populares del cante no abran en exceso los agudos. Destacable también la Doña Francisca de Milagros Martín, que ante un papel tan recortado supo reírse de sí misma y sumarse al conjunto cuando tocaba. Buen nivel general en el resto del reparto y coro, con una batuta muy energética por parte de Guillermo García Calvo que pareció hacer un acto de reivindicación de cada cantable. Bella coreografía de Nuria Castejón para el aquelarre final en forma de fandango.

Con todo, la pregunta sigue en el aire: ¿Qué tiene que ser la zarzuela para seguir siendo? * Mario MUÑOZ, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL