CRÍTICAS
NACIONAL
María José Montiel dibuja un diálogo musical entre dos orillas
Madrid
Teatro de La Zarzuela
Recital de MARÍA JOSÉ MONTIEL
Obras de Montsalvatge, Falla, Turina, Halffter, Debussy, Hahn, Gustavino y otros. Miquel Estelrich, piano. 27 de enero de 2026.
La madrileña María José Montiel, Premio ÓPERA ACTUAL 2024, regresaba a su ciudad para subirse a las tablas del Teatro de La Zarzuela con el recital Voces del alma. De puentes y almas (ver previa en este enlace) con un programa de enorme carácter personal e introspectivo, marcado por obras tanto de origen popular como de fuerte arraigo en la memoria del público que incluso se unió con su canto a la mezzosoprano en el bis final. El programa buceaba en el amplio tema de las influencias —constantes idas y venidas— entre ambos extremos del Atlántico que ha configurado una suerte de repertorio común y reconocible por los melómanos de uno y otro lado del charco.
La primera parte, predominantemente española, constó de obras de Montsalvatge, Falla, Turina y Halffter. Montiel escogió obras en un registro que le permitió lucir lo mejor de su poder de comunicación y la belleza de su timbre. En Cuba dentro de un piano optó por una versión más narrativa que bailable —no deja de ser una habanera, de esas que invitan al contoneo—, y en la pieza de Lecuona que puso final a esta primera parte, con el pasaje al registro grave ya bien asentado, sonó con potencia y lleno de armónicos. Por otra parte, aplicó unas dinámicas sutiles y elegantes en “El paño moruno” de Falla y se recreó en las notas largas de un meloso Azulão de Jayme Ovalle. “Ai que Linda Moça” es la más conocida de las Canciones portuguesas de Halffter y la cantante madrileña la interpretó en una versión intensa y pasional.
En la segunda parte, con un repertorio de mirada más internacional, Montiel estuvo siempre cómoda. La Chanson espagnole de Ravel y el Beau soir de Debussy le permitieron lucir toda la belleza de su registro medio y en À Chloris de Reynaldo Hahn deleitó al público de La Zarzuela con un fraseo interesante y unas dinámicas muy bien distribuidas, con agudos firmes en El sampedrino de Guastavino y la Morucha de Quintero.
Miquel Estelrich realizó un acompañamiento correcto en el que, salvo notables excepciones como en la complicada Jota de Falla, se echó en falta una mayor variedad en las dinámicas y en los fraseos, detalle que hubiera dado mucho más juego y oportunidades para el lucimiento de ambos intérpretes.
La mezzosoprano madrileña, en este reencuentro con su público, supo crear un ambiente tierno, cercano, hasta casi hacer de esta cita en el Teatro de La Zarzuela una reunión de amigos que quiso rendir un sentido homenaje a su gran trayectoria artística. * David SANTANA CAÑAS, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL
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