Las ruletas volantes de Peter Sellars con Prokófiev

Salzburgo

15 / 08 / 2024 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 3 min

prokofiev salzburgo La nueva producción de 'El jugador' de Peter Sellars © SF / Ruth WALZ
prokofiev salzburgo La nueva producción de 'El jugador' de Peter Sellars © SF / Ruth WALZ
prokofiev salzburgo La nueva producción de 'El jugador' de Peter Sellars © SF / Ruth WALZ

Festival de Salzburgo

Prokófiev: EL JUGADOR

Nueva producción

Peixin Chen, Asmik Grigorian, Sean Panikkar, Violeta Urmana, Juan Francisco Gatell, Michael Arivony. Dirección musical: Timur Zangiev. Dirección de escena: Peter Sellars. Felsenreitschule, 12 de agosto de 2024.

Uno de los hilos conductores de la edición 2024 del Festival de Salzburgo es Fiódor Dostoyevski y su descarnada visión de los entresijos del alma humana. Las facetas más enfermizamente obsesivas aparecen en El jugador, una novela en la que diversos personajes son atraídos sin posibilidad de escapatoria por el agujero negro que es un casino (el propio Dostoyevski también tuvo problemas con el juego). Sergei Prokófiev adaptó él mismo el texto para la que sería su primera ópera de gran formato y que, como otros títulos del compositor ruso, sufrió diversas peripecias antes de llegar a escena (en francés, en 1929) para habitar después en los márgenes del repertorio. Se trata, por tanto, de una primicia para el festival que ha decidido contar con un viejo conocido de Salzburgo, Peter Sellars.

Leyendo la fantasiosa sinopsis del propio director estadounidense (que tuvo eco parcial en los sobretítulos), uno podía temer una actualización forzada de la trama. Aunque un casino es un símbolo perfecto del culto al dinero que desde hace siglos domina a la especia humana, ¿de verdad que el triunfo de Alexei, el protagonista, rompiendo la banca, significa la derrota del capitalismo? ¿Polina como activista radical, es creíble con la pasividad de su actitud? En todo caso, en escena, más allá de elementos anecdóticos (como el uso de móviles) y del colorista vestuario de Camille Assaf, la actualización de Sellars es bastante inocua y, por suerte, no impide mantener el hilo dramático de la representación. 

La escenografía de George Tsypin, colaborador fiel de Sellars, sitúa la ficticia Roulettenburg en un tapiz de hierba artificial sobre el que siete ruletas de tamaños diversos suben y bajan, a medio camino entre una lámpara y un platillo volante, a lo largo de la representación, iluminadas de forma vistosa. De hecho, el diseño de iluminación de James F. Ingalls es uno de los elementos clave del montaje, acotando o ampliando el espacio de la vasta Felsenreitschule, jugando con contrastes en ocasiones abruptos y usando una amplia gama cromática en la que el rojo tiene un papel notorio, no solo en el triunfo de Alexei en el casino, también para evidenciar la dominación casi diabólica del Marqués sobre el General. Es en los pasajes de corte más paródico o en el hábil movimiento de masas en la sala de juegos del casino (pese a la superflua danza aérea de diversos figurantes) donde Sellars encuentra un tono más preciso. Menos acertado, pese a detalles que pasan casi desapercibidos en la inmensidad del escenario (la relación sadomasoquista entre el Marqués y Polina), se muestra el veterano director en la exploración de las relaciones entre unos personajes de los que, al final (la obra tampoco ayuda) se sabe bien poco.

"Asmik Grigorian fue una Polina que en las primeras escenas se bastó con una naturalidad escénica inimitable para captar la atención ante el retrato más bien pasivo"

Si para la dirección escénica Salzburgo contó con una figura veterana, la dirección musical recayó en una joven batuta de 30 años, que debutaba tanto en el festival como al frente de la Filarmónica de Viena, en una partitura, para más inri, de no poca complejidad. Timur Zangiev superó el reto con nota, gracias a una versión vibrante que daba todo el relieve necesario a la implacable mecánica musical de Prokófiev. El director ruso no descuidó los pasajes más sardónicos a la vez que confería la atmósfera apropiada a los momentos más sutilmente inquietantes. En este repertorio, un sonido abrasivo no queda fuera de lugar, pero Zangiev supo obtener una respuesta rutilante de la centuria vienesa en los clímax más explosivos, a la vez que coordinó con destreza la pléyade de solistas, comprimarios y coro reunidos en la escena culminante del casino. La desolación posterior en el encuentro final entre Alexei y Polina fue, por contraste, aún más hiriente.

Henze, Nono, ahora Prokófiev: Salzburgo no duda en confiar en Sean Panikkar para el repertorio del siglo XX y el tenor respondió de nuevo con un canto generoso y sin reservas, poniendo toda la carne en el asador hasta el último compás de una parte extenuante para traducir de forma impactante las obsesiones y los traumas de Alexei. Asmik Grigorian fue una Polina que en las primeras escenas se bastó con una naturalidad escénica inimitable para captar la atención ante el retrato más bien pasivo que planteaba el montaje. Fue en la última escena donde la reina actual de Salzburgo sacó toda la artillería vocal y expresiva para traducir con acentos hirientes la insatisfacción vital del personaje. El bajo Peixin Chen aportó un sonido rotundo y un buen olfato para la comedia en un General de fatua pomposidad, manipulado con facilidad por el Marqués de Juan Francisco Gatell. El tenor argentino fue una de las sorpresas más agradables del reparto, en un repertorio que no es el que le ha dado más renombre. Gatell combino una óptima firmeza vocal para mostrar la cara más sinuosa del personaje con una gran capacidad actoral para los movimientos convulsos marcados por la dirección. La aparición de la abuela Babulenka permitió a Violeta Urmana dar rienda suelta a su poderoso instrumento, replegándolo de forma efectiva cuando, arruinada en la ruleta, el personaje muestra su debilidad.

Michael Arivony como el sinuoso Mr. Astley, Nicole Chirka como la seductora cazafortunas Blanche e Ilia Kazakov como el insultado Baron Würmerhelm fueron otros elementos destacados del extenso reparto, junto a los miembros del Young Singers Project y de la Asociación de Concierto del Coro de la Ópera Estatal de Viena que dieron vida a la brillante escena de la ruleta. Esta función de estreno acabó con cálidos aplausos tanto para el equipo musical como el escénico.  * Xavier CESTER, crítico internacional

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