El ecléctico debut ampurdanés de Angel Blue

Peralada

15 / 07 / 2025 - Ferran VILA I RIERA - Tiempo de lectura: 3 min

Angel Blue en su debut en Peralada © Festival Perelada / Miquel GONZÁLEZ
Angel Blue en su debut en Peralada © Festival Perelada / Miquel GONZÁLEZ
Angel Blue en su debut en Peralada © Festival Perelada / Miquel GONZÁLEZ

Festival Perelada

Recital de ANGEL BLUE

Debut en el Festival

Obras de Schubert, Puccini, Kálman, Weill, Arlen, Gershwin, Luna y otros. Bryan Wagorn, piano. Iglesia del Carme, 13 de julio de 2025.

El Festival Perelada presentó a la soprano Angel Blue ante el público catalán el pasado domingo en la iglesia del Carme. El evento se produjo en un recital en solitario, empapado desde el primer minuto por las impresionables lágrimas de la artista californiana, en un sentimentalismo muy à l’américaine que tiñó la velada de principio a fin.

Así las cosas, Blue empezó alterando el programa para ofrecer el Ave Maria de Schubert —rindiendo un improvisado homenaje a las víctimas de la dana de Valencia—, que sonó más bien destemplado y fuera de estilo. Siguió después con Verdi, con la irresistible ambivalencia de «Ritorna vincitor!» que atacó con atronadora emisión, mediante un instrumento generoso y acerado que se peleó de valiente con la limitada acústica de la iglesia, las cuatro paredes de la cual distan infinitamente de aquellas del Metropolitan de Nueva York, coliseo donde la soprano se ha afianzado en los últimos años. Por el mismo derrotero, siguieron después la despedida de Mimì y la poética «Depuis le jour», en unas interpretaciones avaras de medias voces y pianísimos. El sorprendente hecho de que todas ellas fueran ejecutadas sin solución de continuidad no contribuyó sin duda a generar el clima adecuado. Fue el turno entonces de «Vissi d’arte», que arrancó prometedor y vibrante, pero terminó con frases poco refinadas, de arbitrario legato y reguladores ausentes. La csárdás de La princesa gitana de Kálmán, de articulación confusa, con un encendido y desubicado grito de «España!» de por medio, clausuró una primera parte desconcertante.

"La segunda parte, con un programa enteramente distinto y de marcado acento jazzístico, sirvió a la soprano norteamericana para dar pruebas de una sensibilidad polifacética"

Otra cosa fue la segunda parte, donde un programa enteramente distinto y de marcado acento jazzístico sirvió a la soprano norteamericana para dar pruebas de una sensibilidad polifacética. Con los americanos Harold Arlen (I wonder what become of me) y George Gershwin (Our love is here to stay), Blue lució las virtudes de un instrumento sensual de centro aterciopelado.

Pero no fue hasta la soñadora “Youkali”, pequeña joya de Kurt Weill, cuando por fin aparecieron las nuances y delicadezas tan añoradas en la primera parte. A continuación vino un bienintencionado tributo a la zarzuela, con “De España vengo” y la carcelera “Al pensar en el dueño de mis amores” de Las Hijas del Zebedeo de Chapí, piezas ofrecidas en unas lecturas un tanto atropelladas (especialmente esta última) y de dicción aproximada; esta vez en ausencia —por fortuna— de soflamas confraternales anejas.

El programa cerró con un par de espirituales, un género que la cantante domina con todo detalle en el cual el timbre de la californiana se amoldó como un guante. Hubo tiempo, no obstante, para un par de propinas: la inicialmente prevista “O mio babbino caro” y un “Summertime” del todo conveniente a la ocasión que marcó seguramente lo mejor de la velada.

Le acompañó en su debut local el canadiense Bryan Wagorn al piano, atento siempre a la soprano y delicado en las dinámicas, con dos intervenciones solistas de mérito con Debussy y Gershwin como elegidos.  * Ferran VILA I RIERA, crítico de ÓPERA ACTUAL

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