CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Lorca en el Met, de la mano de 'Ainadamar'
Nueva York
The Metropolitan Opera House
Golijov: AINADAMAR
Nueva producción
Angel Blue, Daniela Mack, Elena Villalón, Alfredo Tejada. Dirección musical: Miguel Hart-Bedoya. Dirección de escena: Deborah Colker. 27 de octubre de 2024.
La ópera Ainadamar de Osvaldo Golijov (ver previa en este enlace), que se presenta en la Metropolitan Opera House hasta el 9 de noviembre, es una exploración profunda de la vida y el legado del célebre poeta español Federico García Lorca, contada desde la perspectiva de la figura de su musa, la actriz Margarita Xirgu. Este drama no se limita a narrar la vida del escritor, asesinado por la Falange durante la Guerra Civil Española, ya que se adentra en el impacto de su muerte y la forma en que su memoria se sostiene posteriormente por aquellos que le conocieron, especialmente en este caso por la actriz catalana, quien dedicó gran parte de su vida a preservar y promover sus obras.
El título de la ópera, Ainadamar, que significa «fuente de lágrimas», alude al lugar cerca de Granada donde se cree que Lorca fue ejecutado. Esta metáfora no solo evoca la tragedia de su muerte, sino que también sugiere el luto continuo que le rodea. La obra se desarrolla a través de visiones poéticas fragmentadas que revelan el torrencial emocional de Xirgu mientras se prepara para interpretar su famoso papel en Mariana Pineda, la obra que hizo mundialmente popular al poeta. Un guiño también a la Revolución, ya que Mariana Pineda fue otra figura histórica que simbolizó la resistencia ante el autoritarismo y el fascismo.
El libreto de David Henry Hwang adopta una narrativa no lineal que, si bien invita a los espectadores a sumergirse en las profundas reflexiones de Xirgu sobre su conexión con Lorca, a veces resulta un tanto desconectada y carente de cohesión narrativa. A lo largo de la ópera se sugiere que la memoria de Lorca vive a través de Xirgu, transformando su acto de interpretación en un ritual de duelo y celebración. Este enfoque subraya la ambigüedad de la memoria: Lorca nunca se presenta como una figura completa, sino más bien como un eco persistente, una sombra que habita siempre a través de Xirgu.
La dirección y coreografía de Deborah Colker aportan una dimensión visual asombrosa en este montaje, combinando movimientos que van desde el flamenco hasta expresiones propias del costumbrismo español. El diseño escénico de Jon Bausor incluye un telón circular confeccionado con miles de hilos, evocando la imagen de un gran mantón de manila, con el que los bailarines y los personajes juegan e interactúan de manera dinámica. Además, se convierte en un lienzo ideal para las proyecciones de Tal Rosner, que complementan de manera exquisita la poética del espectáculo, enriqueciendo así la experiencia visual y emocional de la obra. Los flecos se integran también en otros elementos, aportando un toque español que realza la elegancia de la puesta en escena.
Sin embargo, a pesar de sus momentos de esplendor, la obra enfrenta dificultades inherentes a su formato; en ciertos pasajes, la fusión de estilos resulta enriquecedora, como la inclusión de cantantes no operísticos para el papel de las niñas, pero, sin embargo, en otros momentos esta mezcla interfiere con aspectos técnicos que no funcionan adecuadamente. Se presentan problemas como micrófonos que captan sonidos no deseados o voces que se entrelazan de manera confusa, afectando a la claridad y el equilibrio sonoro de la interpretación.
Musicalmente, la partitura de Golijov es una rica mezcla de estilos al incorporar elementos del flamenco y de otras tradiciones folclóricas, creando un paisaje sonoro diverso y muy interesante. La partitura evoca indudablemente a España, con la música tradicional resonando a través del canto de las niñas, cuya melodía recuerda a canciones como “La tarara” o incluso a melodías de la guerra. Este canto, que comienza con gran fuerza, se transforma gradualmente en un lamento que refleja el profundo dolor vivido en esos días oscuros de la historia española. La escritura vocal de las tres protagonistas es inusual y alejada de la estructura operística tradicional, lo que lleva a momentos de belleza intensa, pero también a dificultades en la ejecución.
Angel Blue, en el papel de Margarita, ofreció una interpretación muy cuidada y elegante, pero su voz, a pesar de su potencia, a veces da la sensación de tener problemas de afinación. Cabe destacar el primer número, en el cual las asperezas de su voz con las disonancias de la partitura se fundieron de manera perfectas. Daniela Mack, en el papel de Lorca, mostró una impresionante fuerza vocal y supo introducir magistralmente un matiz de ambigüedad al género del personaje. Por otro lado, Elena Villalón, como Nuria, aunque pueda pasar desapercibida entre sus compañeras, resultó ser la mejor intérprete de la noche imponiendo unos pianísimos dulces en una intervención que fue siempre in crescendo.
No obstante, sin duda la actuación más impresionante correspondió al cantaor flamenco Alfredo Tejada, quien no solo posee una voz magnífica, con quejíos asombrosos, sino que también aportó un porte y presencia excepcionales en el escenario. Tejada puede sentirse orgulloso no solo de su fantástico debut en el coliseo neoyorquino, sino también del alto estándar que ha establecido como el primer cantaor en pisar este escenario. * Rebeca BLANCO PRIM, corresponsal en Nueva YORK DE ÓPERA ACTUAL
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