La 'Ifigenia' de Caldara revive en el colorista universo de la compañía Per Poc

Innsbruck

12 / 08 / 2025 - Xavier CESTER - Tiempo de lectura: 4 min

La nueva producción de 'Ifigenia in Aulide' de la compañía Per Poc © Festowchen der Alten Musik / Birgit GUFLER
La nueva producción de 'Ifigenia in Aulide' de la compañía Per Poc © Festowchen der Alten Musik / Birgit GUFLER
La nueva producción de 'Ifigenia in Aulide' de la compañía Per Poc © Festowchen der Alten Musik / Birgit GUFLER

Festwochen der Alten Musik

Caldara: IFIGENIA IN AULIDE

Nueva producción

Marie Lys, Martin Vanberg, Shakèd Bar, Carlo Vistoli, Neima Fischer, Laurence Kilsby. Dirección musical: Ottavio Dantone. Dirección de escena: Anna Fernández y Santi Arnal. Tiroler Landestheater, 10 de agosto de 2025.

El archiduque Carlos contó como compositor en su fugaz corte en Barcelona con Antonio Caldara, quien estrenó en 1708 la que se considera la primera ópera italiana interpretada en la Península Ibérica, Il più bel nome. Ya en Viena como emperador (y perdida la corona hispánica ante los Borbones), el monarca Habsburgo siguió confiando en el compositor veneciano, con obras como Ifigenia in Aulide, estrenada en la onomástica de Carlos VI de 1718. Tras poco más de tres siglos de olvido, la ópera ha vuelto a la vida en un festival, las Innsbrucker Festwochen der Alten Musik, que ha hecho de las exhumaciones toda una especialidad. Para completar la historia de este miembro de la tristemente trágica familia de los Atridas, el festival ha programado en fechas posteriores otra rareza, Ifigenia in Tauride de Traetta.

Tras un primer encuentro, sería prematuro calificar el título de Caldara de obra maestra, aunque sí es una obra fascinante por el cruce de influencias. En la estructura habitual de la opera seria con recitativos y un sinfín de arias da capo conviven una escritura vocal de gran virtuosismo de raigambre italiana con un lenguaje armónico más denso (más germánico, diría el tópico) y una instrumentación variada propia de un espectáculo de corte. Como curiosidades, hay una aria sobre un acompañamiento fugado y otra en la que la orquesta parece revivir un concierto para violín vivaldiano. Todos estos elementos permitieron el máximo lucimiento de la excelente Accademia Bizantina bajo el vibrante liderazgo de su fundador, Ottavio Dantone, en su segundo año como director artístico del festival.

"La soprano Marie Lys fue una Ifigenia conmovedora, de timbre luminoso y fraseo expresivo que no se arrugó ante las partes más brillantes"

Las flaquezas de la obra son básicamente de estructura dramática en el texto de Apostolo Zeno, uno de los libretistas más célebres de la época. La solución para salvar a la protagonista del sacrificio que permitiría a la flota griega zarpar hacia Troya es tan rocambolesca como incoherente: en su lugar muere la princesa cautiva Elisena, quien resulta ser una hija desconocida de Helena, de nombre auténtico Ifigenia. Y el tercer acto se alarga en demasía con una sucesión de escenas que no llevan a ninguna parte excepto a algunas arias lucidas. Dantone, adaptando la edición crítica de Bernardo Ticci, extrae del final del acto una escena laudatoria del emperador, y la sitúa como prólogo de la representación, con toda la pompa de unas impecables trompetas.      

Dos nombres descollaron de un sólido reparto con seis cantantes que han pasado en diversas ediciones en el Concurso Cesti que se celebra en paralelo al festival. La soprano Marie Lys fue una Ifigenia conmovedora, de timbre luminoso y fraseo expresivo que no se arrugó ante las partes más brillantes. Carlo Vistoli refrendó su estatus como uno de los mejores contratenores de la actualidad gracias a un Achille que resolvió con pasmosa seguridad, con una técnica fulgurante, alguna de las páginas más espectaculares de la partitura, sin olvidar, por ello, la faceta amorosa del guerrero. La voz blanquecina del tenor Martin Vanberg no fue obstáculo para hacer creíbles las dudas agónicas de Agamennone, mientras que el instrumento incisivo de la mezzosoprano Shakèd Bar apuntaba al futuro sangriento de Clitennestra. Neima Fischer fue una aplicada Elisena, pero unos recursos vocales livianos no eran los ideales para transmitir las contrastadas emociones del personaje, en especial su faceta vengativa. El tenor Laurence Kilsby aportó presencia y carácter al intrigante Ulisse, el contratenor Filippo Mineccia hizo justifica a las inseguridades de Teucro y el barítono Giacomo Nanni evidenció con su Arcade ser un cantante a seguir por color, homogeneidad y musicalidad.

La compañía catalana Per Poc liderada por Anna Fernández y Santi Arnal está, incomprensiblemente, más activa en los escenarios internacionales que en los estatales. Su debut en Innsbruck fue fiel a un estilo visual colorista y de gran elegancia en el que marionetas y teatro de objetos conviven con las evoluciones de los cantantes. El impacto visual reside en buena parte en los diseños de Alexandra Semonova: telones pintados con sus elementos simbólicos y vistas evocadoras, y un vestuario que podía haber salido de un vistoso libro de ilustraciones. Dos elementos servían de óptimo indicador de la sujeción de los personajes a un orden superior (y cruel), los aparatosos cascos de los guerreros que limitan su visión y las marionetas que manejan los personajes femeninos. La coreografía de Cesc Gelabert aportaba fluidez a una dirección de actores que tuvo como prioridad la legibilidad de la trama.  * Xavier CESTER, crítico internacional de ÓPERA ACTUAL

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