CRÍTICAS
NACIONAL
La evolución expresiva de Philippe Jaroussky
Barcelona
Palau de la Música Catalana
Recital de PHILIPPE JAROUSSKY
Obras de Mozart, Schubert, Hahn y Fauré. Jérôme Ducros, piano. 9 de marzo de 2025.
El público del Palau de la Música Catalana acogió con entusiasmo el regreso de uno de sus predilectos, el contratenor francés Philippe Jaroussky, ubicado definitivamente en una nueva etapa de su carrera. Bajo el título Viena-París, Jaroussky regresó al Palau con un programa dedicado íntegramente a la canción dividido en dos bloques: un primero compuesto de Lied germánico —de huella exclusivamente austríaca— y un segundo sobre la base de mélodie française de la Belle Époque. En todo ello, le acompañó maravillosamente su experto colega Jérôme Ducros desde el piano.
En el bloque austríaco, un sorbete clásico precedió el intimismo romántico de Schubert. Lo más destacable de ello fue la interpretación de la radiante y teatral An Chloe (Mozart), a la que la voz clara del falsetista supo amoldarse mucho mejor que a la poética crepuscular de la también mozartiana Abendempfindung (sensación nocturna). En los Schubert, verdaderos emperadores del género, fue donde se evidenciaron con más claridad las limitaciones del actual estado vocal del cantante; algunas de ellas, en términos de extensión de paleta y variedad expresiva, causa misma de la naturaleza del instrumento (registro de cabeza), otras, como es el caso del ingrato acabado de ciertos agudos (sobre todo en el forte), imputables más bien al estado de uso de este. De las seis perlas schubertianas que ofreció, fue quizás An Sylvia —con su dichoso beatus ille— la interpretación más relevante.
No fue hasta la parte francesa, sin demasiada sorpresa, donde por fin brillaron con mayor naturalidad la expresividad y la elegancia canora de este gran artista. En las Cinco canciones de Venecia de Fauré y especialmente en las mélodies de Reynaldo Hahn, Jaroussky dio pruebas de poseer, más allá de una buena impostación y una línea trabajada, una sensibilidad apreciable. Dentro de la irresistible nostalgia de la música de Hahn, el contratenor francés supo dar el matiz necesario en cada pieza: desde el enamorado melancólico de À Chloris y Offrande, a la solitud y conciencia del tiempo perdido D’une prison. El maridaje Fauré-Hahn presentó además una buena ocasión para balancear sensibilidades entre compositores y, en este sentido, se pudo constatar cómo el venezolano resultó ser un intérprete más inspirado de los poemas de Verlaine que su colega francés.
En la tanda de bises, después de excusarse por el cambio de fecha del recital, el contratenor tuvo un detalle con el repertorio catalán y ofreció, con una dicción di tutto rispetto, una sentida versión de Damunt de tu, només les flors. * Ferran VILA I RIERA, crítico de ÓPERA ACTUAL
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