La consagración absoluta de Petrenko en La Scala

Milán

07 / 11 / 2024 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 4 min

Kirill Petrenko Kirill Petrenko
strauss milan La producción de 'Der Rosenkavalier' de Harry Kupfer © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
strauss milan La producción de 'Der Rosenkavalier' de Harry Kupfer © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO
strauss milan La producción de 'Der Rosenkavalier' de Harry Kupfer © Teatro alla Scala / BRESCIA & AMISANO

Teatro alla Scala

Strauss: DER ROSENKAVALIER

Krassimira Stoyanova, Sabine Devieilhe, Kate Lindsey, Günther Groissböck, Michael Kraus, Piero Pretti. Dirección musical: Kirill Petrenko. Dirección de escena: Harry Kupfer. 29 de octubre de 2024.

La última función de El Caballero de la Rosa en el Teatro alla Scala, el pasado 29 de octubre, supuso la consagración definitiva en el coliseo milanés de Kirill Petrenko, director ruso nacionalizado austriaco, quien, tras recibir estruenduosos aplausos de los músicos a cada subida al podio, fue finalmente bañado de flores y vitoreado por un público embravecido y agradecido, con la platea puesta de pie: hasta el temido loggione, del quinto piso de La Scala, le ovacionó. No hay recuerdo de una lectura tan entregada y detallista, pero sin perder nunca la visión de esta comedia de final dulce-amargo, en la cual la resignación por los amores pasados se enlaza entrañablemente con las pasiones juveniles de la adolescencia (Strauss pretendió en su entierro la ejecución precisamente del terceto con el que se concluye la ópera).

Solo se puede comparar con las históricas funciones dirigidas por Carlos Kleiber en 1976 de este capolavoro. Petrenko, cuyo arte es tan sublime como modesto, reaccionó casi con timidez y actitud incrédula ante a tanto éxito, logrando otro hito: poner de pie a los miembros de la Orquesta de La Scala tras cuatro horas y media de duro trabajo para aplaudir al director, cuando la mayoría de los integrantes salen apresurados hacia la salida en cuanto acaba una función; en este caso permanecieron en el foso hasta la última aparición del maestro ante del telón del teatro. No fue para menos: todos confían en que vuelva pronto a Milán. Hubo emoción en estado puro en una interpretación que ha llegado al alma del público.

"... logrando otro hito: poner de pie a los miembros de la Orquesta de La Scala tras cuatro horas y media de duro trabajo para aplaudir al director..."

El triunfo fue compartido por una compañía de canto en estado de gracia. La soprano búlgara Krassimira Stoyanova ya había seducido a La Scala con su Mariscala en 2016, bajo la batuta de Zubin Mehta, y esta vez encarnó el papel con una profundidad psicológica e interpretativa aún más seductora: sencillamente encantadora y extraordinaria, por voz, dinámicas, fraseo y una melancolía enternecedora en el terceto final. La joven soprano francesa Sabine Devieilhe es fresca, ideal y arrebatadora tanto en lo vocal como en lo escénico en el rol de Sophie, igual que Kate Lindsey, mezzo americana que, pese a tener un color de voz casi de soprano, caracterizó con simpática sencillez a Mariandel, cuando tiene que pasar por tímida jovencita, y resultó perfecta como el adolescente Octavian. El grosero y libertino Baron Ochs fue interpretado con desparpajo de simpatía y comicidad por el bajo austriaco Günther Groissböck, excelente por voz e intenciones; físicamente quizás es demasiado apuesto para resultar desagradable, pero ello le bridaba un perfil especial a su personaje, ganando una merecida ovación. Perfecto, sin más, el Faninal del barítono Michael Kraus.

Todo el reparto estuvo a la altura del altísimo nivel y, por ejemplo, merece ser destacado Piero Pretti, el tenor que dio su voz al cantante Italiano en la única aria seudo barroca y en italiano de toda la ópera, “Di rigori armato il seno”. La producción es la conocida de Harry Kupfer que se estrenó en 2016 en La Scala, en coproducción con el Festival de Salzburgo: la acción se traslada a la época de la composición de la ópera, es decir, alrededor de 1911, y sigue gustando y funcionando muy bien, también porque, con sus valses y su maravillosa música, la partitura de Richard Strauss pertenece decididamente al siglo XX.  * Andrea MERLI, corresponsal en Milán de ÓPERA ACTUAL

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