CRÍTICAS
NACIONAL
Julia Kleiter, puro espíritu ‘liederístico’
Barcelona
Palau de la Música Catalana
Recital de JULIA KLEITER
Palau Grans Veus
Lieder de Schumann, Liszt, Korngold y Wagner. Julius Drake, piano. 1 de junio de 2026.
Fue esta una Liederabend para el recuerdo con la soprano alemana Julia Kleiter, que ha cerrado con broche de oro el ciclo Palau Grans Veus en un recital que ha marcado su debut barcelonés. Con un programa íntegramente alemán, recorrió casi un siglo de Romanticismo con un refinamiento musical y una capacidad idiomática propios de una gran dama del Lied. Cierto es que nada de ello hubiera sido posible sin el concurso de un genuino acompañante liederístico como es Julius Drake, artífice desde el piano de esa comunión musical (cuasi filosófica) sin la cual es imposible que surja la magia en un evento de esta índole.
Prueba de ello fue cómo, nada más empezar, abordaron ambos el ciclo Liederkreis de Schumann, con sus doce canciones sobre versos del poeta alemán Joseph von Eichendorff en que, despojadas de narrativa alguna, solo un verdadero sentido poético puede auspiciar al intérprete en este viaje. Kleiter deslumbró aquí con un ejercicio total de subyugación a la palabra, arropado en una sobriedad vocal conmovedora; en todas y cada una de ellas demostró una interiorización profunda del texto y la música, pero quizás fue en las piezas más sombrías e introspectivas dónde mejor encajó su sensibilidad, con unas geniales «Auf einer Burg» y «Zwielicht». Desde el piano, Drake no era más que el eco de la soledad del poeta.
Vinieron después las canciones de Liszt y fue admirable la capacidad de la cantante alemana par dar otro aire al recital, sin abandonar nunca el ambiente íntimo, con unas interpretaciones llenas de sensualidad, para lucir sin culpa un encanto tímbrico coronado por un agudo sutil y rebosante de armónicos. En todas ellas exhibió un lirismo delicado e impoluto, con unos reguladores de orfebrería y una dicción de primera categoría, pero fue en la sugerente y efusiva «Oh! quand je dors» donde logró desprender todo el encanto del Liszt más afrancesado.
La siguiente parte comenzó con Korngold, con sus cinco canciones del ciclo Unvergänglichkleit —de hecho son cuatro, puesto que la quinta es una repetición de la primera—, a la sensibilidad postromántica de las cuales Kleiter supo acomodarse con una vocalidad natural y un temperamento artístico formidable, respetando la melancolía de la frase pero sin adulterarla con amaneramientos ni rubatos fuera de lugar; demostrando, por todo ello, porque ella es la gran Mariscala de nuestros días. Para cerrar, ofreció los Wesendonck Lieder wagnerianos en una versión marcada por una introspección de carácter filosófico, luciendo en ellas una línea ya más próxima a la ópera, pero guardando siempre en la emisión ese íntimo sentido liederístico que impregnó toda la velada.
Al final del programa, con el público con ganas de mucho más, hubo tanda de propinas con Korngold, de nuevo, para ofrecer la deliciosa Canción de Marietta de Die tote Stadt, y una sorprendente «Del cabello más sutil» de Obradors en una versión sui generis, murmurada más que cantada por Kleiter en una filigrana vocal cautivadora, digna de una sensibilidad artística como la suya, sin duda una de las más delicadas y refinadas de entre las que reinan hoy en el mundo del Lied. * Ferran VILA I RIERA, corresponsal en Barcelona de ÓPERA ACTUAL
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