'Evgeni Onegin' en Les Arts, un libro a medio abrir

Valencia

22 / 01 / 2026 - Jerahy GARCÍA - Tiempo de lectura: 4 min

chaikovsky valencia La producción de Laurent Pelly de 'Evgeni Onegin' © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO & Mikel PONCE
chaikovsky valencia La producción de Laurent Pelly de 'Evgeni Onegin' © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO & Mikel PONCE
chaikovsky valencia La producción de Laurent Pelly de 'Evgeni Onegin' © Palau de Les Arts / Miguel LORENZO & Mikel PONCE

Palau de Les Arts

Chaikovsky: EVGENI ONEGIN

Mattia Olivieri, Corinne Winters, Iván Ayón-Rivas, Ksenia Dudnikova, Giorgi Manoshvili, Alison Kettlewell, Margarita Nekrasova. Orquestra de la Comunitat Valenciana. Cor de la Generalitat Valenciana. Dirección musical: Timur Zangiev. Dirección de escena: Laurent Pelly. 20 de enero de 2026.

Chaikovsky concibió Evgeni Onegin desde el impulso interior, alejado de la ironía de la obra original de Pushkin. De esa tensión entre burla literaria y ardor musical nace el nervio de la obra y el criterio desde el que puede leerse esta puesta en escena. No en vano, el compositor defendía que su música para esta partitura debía nacer “de lo más íntimo del ser, sin estar fabricada ni forzada”, un ideal que aquí pareció no terminar de materializarse. Timur Zangiev, director muy familiarizado con el repertorio ruso, optó por una lectura más bien comedida en el Palau de Les Arts (ver previa en este enlace). Gesto pequeño, incluso en momentos de mayor intensidad, y discurso blando, sorprendente si se tiene en cuenta la carga emocional de la partitura y el perfil internacional de sus compromisos, ya que a esta producción se suman La dama de picas en la Staatsoper Hamburg y futuros Onegin en la Metropolitan Opera y la Wiener Staatsoper. La impresión que dejaría es la de una dirección excesivamente cauta, que no terminó de dar rienda suelta a todo lo que la obra permite. La Orquestra de la Comunitat Valenciana no pareció cómoda bajo su batuta, y aunque las articulaciones y resoluciones de frase con los cantantes estuvieron bien ajustadas, algunos despistes dejaron entrever que la falta de mayor empuje desde el podio tampoco ayudaba a que el conjunto avanzara con más decisión o garbo. Merece destacarse, no obstante, la ejecución de los célebres vals y polonesa, con soltura y elegancia.

"Mattia Olivieri fue uno de los triunfadores de la noche: su Onegin mostró una voz amplia, seguridad escénica y un punto de descaro que encajó bien con el personaje"

En el apartado vocal, Mattia Olivieri fue uno de los triunfadores de la noche: su Onegin mostró una voz amplia, seguridad escénica y un punto de descaro que encajó bien con el personaje. La voz de Corinne Winters, como Tatiana, pudo ser la adecuada al inicio para retratar ese primer amor callado e introspectivo, pero del todo insuficiente cuando la dramaturgia exigía expansión; la escena de la carta quedó algo débil en intensidad y vuelo. Iván Ayón-Rivas asumió Lenski tras la cancelación de Dmitry Korchak por motivos de salud; es verdad que el tenor peruano defendió «Kuda, kuda» con entrega, línea cuidada y musicalidad honesta, pero también es cierto que su timbre, más eléctrico y directo, no terminó de casar con el resto de voces.

En este contexto, Ksenia Dudnikova destacó al aportarle a Olga profundidad vocal y una parte actoral bien trabajada. El príncipe Gremin de Giorgi Manoshvili también fue aplaudido, con buena presencia sobre el escenario, equilibrio con la orquesta y un aria final bien sostenida. El resto del elenco cumplió sin momentos especialmente destacables.

Por fortuna, se percibe con claridad el buen momento que atraviesa el Cor de la Generalitat Valenciana, otro de los grandes pilares de la velada; sus intervenciones resultaron notables, con dicción cuidada, voz cohesionada y una energía que superó a la de algunos protagonistas. La formación parece respirar nuevos aires en lo artístico y mostrar una implicación escénica cada vez más sólida: cantar en un idioma poco usual y bailar al mismo tiempo, acompasando incluso cambios de escenario en esta producción, son motivos por los que hay que felicitar a sus miembros. Y es que la propuesta escénica de Laurent Pelly confía, hasta el tercer acto, en un dispositivo giratorio al servicio de los personajes: en más de un momento los cantantes apenas se desplazan, ya que es el escenario el que rueda bajo sus pies, como si las ideas y los sentimientos dieran vueltas sin resolverse. El juego de movimientos y de claroscuros también funcionó, con imágenes logradas como la escena de la carta —en la cual el espacio parece cerrarse como un libro— o la aparición onírica de Onegin ante Tatiana.

El final dejó en Les Arts una sensación tibia, con un público esperando algo que no terminó de llegar. Ese algo era justamente lo que Onegin necesita para rematar su impacto emocional con la intensidad romántica que la partitura sugiere. Pero en esta ocasión, pese a sus aciertos, la herida no llegó a abrirse.  *Jerahy GARCÍA, corresponsal de ÓPERA ACTUAL en Valencia

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