CRÍTICAS
NACIONAL
Una 'Tosca' estratosférica con Davidsen, De Tommaso y Tézier
Llucmajor
Festival Cap Rocat
Puccini: TOSCA
En versión de concierto. Clausura del Festival
Lise Davidsen, Freddie de Tommaso, Ludovic Tézier, Sebastià Serra, Tomeu Bibiloni, Francesco Domenico Doto, Yunho Eric Kim, Antimo Dell’Omo, Nadia Akaarir. Orquestra Simfònica de les Illes Balears. Coro Cap Rocat. Dirección: Pablo Mielgo. 2 de agosto de 2026.
Presentar la opulencia de Tosca en versión de concierto impone una arquitectura narrativa sostenida por el magnetismo sonoro. La antigua fortaleza de Cap Rocat se transmutó en un escenario mítico para esta clausura de la edición 2026 del Festival que lleva su nombre, enormemente beneficiada por un soberbio diseño técnico (ver previa en este enlace). La amplificación, de gran nitidez orgánica, respetó la delicada orfebrería de Puccini sin estridencias metálicas, mientras que el magistral claroscuro lumínico operó como subyugante motor dramatúrgico.
La Orquestra Simfònica de les Illes Balears (OSIB) rubricó una lectura de madurez bajo la batuta de Pablo Mielgo; el maestro huyó del efectismo, optando por tempi expansivos y de morosidad sinfónica que permitieron paladear el cromatismo pucciniano. Esta flexibilidad agógica brindó un colchón inmejorable para el lucimiento de los atriles (antológico lamento del clarinete previo a «E lucevan le stelle» y la atmósfera opresiva de los violonchelos). En el crucial apartado coral, el Coro Festival Cap Rocat, lució una rotundidad litúrgica apabullante en el estremecedor «Te Deum», empastando con precisión, y solventó con pulcritud la compleja cantata interna del segundo acto.
Un estratosférico trío protagonista firmó una velada histórica. Lise Davidsen encarnó a Tosca demostrando que su portentoso instrumento —de natural wagneriano— puede plegarse a la sensualidad latina: su inmensidad central y su opulencia aguda cortaron el tupido entramado orquestal con facilidad, pero asombró por su capacidad para el repliegue dinámico. Cinceló pianissimi ingrávidos apoyada en un dominio irreal del fiato. Su «Vissi d’arte» fue un prodigio: hilado con legato instrumental, eclosionó en el Si bemol agudo con plenitud armónica y recogió de nuevo el sonido en un pianissimo etéreo que detuvo el tiempo.
El Scarpia delineado por Ludovic Tézier sentó cátedra estilística: lejos de la tradición del histrionismo gutural, el barítono francés cimentó su maldad en una técnica belcantista inmaculada. Su emisión de homogeneidad rocosa, su appoggio férreo y dicción noble esculpieron un villano de perversa elegancia. Dando réplica, el tenor Freddie de Tommaso exhibió un instrumento spinto arrollador como Cavaradossi, con un timbre oscuro y varonil que inundó el recinto; coronó un «Vittoria, vittoria!» rutilante y con squillo, y, acto seguido, supo plegar su inmenso caudal a doloridas medias voces de alto voltaje en su elegíaca despedida del tercer acto.
El talento local balear alternó sin complejos al máximo nivel internacional. Sebastià Serra dotó a Angelotti de empaque y un instrumento cavernoso de impecable proyección. Tomeu Bibiloni, con inteligencia y buen gusto, esquivó la caricatura bufonesca, ofreciendo un Sagrestano afinadísimo e irónico, apoyado en el fiato y siempre dentro de las coordenadas del estilo pucciniano. Nadia Akaarir cristalizó el etéreo y poético rol del Pastore, mientras que Domenico Doto, Yunho Eric Kim y Antimo Dell’Omo completaron con solvencia escénica sus roles secundarios.
Una noche histórica en la cual la asombrosa conjunción de los elementos transformaron el cielo balear en la Roma de 1800. Un cierre inolvidable del Festival Cap Rocat 2026. * Eugènia GALLEGO, corresponsal en Mallorca de ÓPERA ACTUAL
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