CRÍTICAS
NACIONAL
'Elisir d'amore' en el Conservatorio del Liceu
Barcelona
Conservatori del Liceu
Donizetti: L'ELISIR D'AMORE
Ópera fin de máster
Roberto Redondo-Sáinz, Aseel Massoud, Pau Camero, Xavier Casademont, Luna Maestro, Alba Martínez, Laura Tena, Roger Vicens y Ot Oset. Dirección musical y piano: Olga Kobekina. Dirección de escena: Maria Voronkova. 13 de junio de 2025.
Los estudiantes del Máster de Interpretación de Ópera del Conservatori Liceu, con profesores de la talla de Carmen Bustamante y Carlos Chausson, fueron los protagonistas de la función del fin de esa formación en el auditorio de la institución. En esta ocasión, este Elisir d’amore musicalmente ha contado con el acompañamiento pianístico de Olga Kobekina y la dirección escénica de Maria Voronkova. El austero montaje escénico ideado por Sergi Pérez, con unas cuerdas y ropa tendida, aludía con suficiencia a la ambientación rural del libreto de Felice Romani. Con todo, la partitura de la ópera fue aligerada en introducciones y algunos números y la presencia del coro reducida a mínimos, con lo que el espectáculo tuvo una duración de una exacta hora y media.
El tenor Roberto Redondo-Sáinz ofreció un Nemorino muy adecuado en cuerpo vocal, si bien ha de mejorar la colocación de la voz en las notas más agudas para que la emisión sea más homogénea, así como algunos ataques más centrales que han de ganar en firmeza. La voz, sin embargo, corre con fluidez y empastó muy bien con la soprano y las voces más graves del reparto. La Adina de la cantante siria establecida en Barcelona Aseel Massoud fue muy brillante en cuanto a volumen, emisión y movimiento escénico: siendo una soprano lírica, la morbidez del centro y unos fulgurantes agudos coronaron su actuación, la más completa de la velada. Habiendo presenciado su Adina en el Palau de la Música Catalana y con orquesta, su interpretación fue más escolar que escénica, pues el variado fraseo del personaje fue en el auditorio del Conservatorio menos relevante, no en vano se trata de una función de ciclo formativo donde los puntos fuertes son los eminentemente vocales.
El barítono Pau Camero ofreció un Belcore de una pieza, con una voz de importante volumen, muy homogénea en toda su extensión, aunque el fraseo inherente al personaje, que oscila entre lo grotesco y lo buffo, requiere ser trabajado a conciencia, pues escénicamente estuvo muy envarado. El también barítono Xavier Casademont, aun no teniendo el cuerpo vocal asociado al rol de Dulcamara, escrito no olvidemos para bajo, destacó en el estilo buffo, con plena suficiencia de los recursos como el veloz canto silábico muy bien articulado, si bien la proyección es un aspecto a mejorar, no así su soltura escénica, plenamente demostrada.
La Giannetta de la soprano Luna Maestro mostró un buen agudo, pero ha de ganar en redondez y el centro en amplitud y eso que el sostén sonoro era tan solo el piano. Las sopranos Laura Tena y Alba Martínez destacaron en el coro del inicio del segundo acto, mostrando voces con cuerpo, bien proyectadas y muy sueltas actoralmente, disfrutando de lo que hacían, algo extensible al tenor Roger Vicens y el barítono Ot Oset. Sobre los cuatro cantantes descansaron las partes asignadas al coro, evidenciado todos ellos buena proyección y empaste, además de un ágil cometido actoral.
Musicalmente Olga Kobekina acompañó con oficio y una digitación precisa y contundente, de tiempos muy rápidos, que obligó al elenco a cuadrar perfectamente concertantes y dúos, objetivo logrado plenamente. Se pudo, por tanto, disfrutar de un Elisir muy bien acogido por el público que asistió a esa función que cierra la etapa de formación y que da paso a la más incierta y estimulante para sus protagonistas: la de la profesionalización, de siempre la más compleja, pues muchos son los llamados y pocos los elegidos. * Josep SUBIRÁ, crítico de ÓPERA ACTUAL
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