CRÍTICAS
INTERNACIONAL
El sonido pulido, suave y original de la ‘Norma’ bellinana
Martina Franca
Festival della Valle d’Itria
Bellini: NORMA
Nueva producción
Jacquelyn Wagner, Airam Hernández, Valentina Farcas, Saari Sugiyama, Goran Juric, Zachary McCullach. Dirección musical: Fabio Luisi. Dirección de escena: Nicola Raab. 21 de julio de 2024.
El Festival della Valle d’Itria, en la encantadora ciudad de Martina Franca, en el extremo sur de la península italiana, inauguró su 50ª edición evocando uno de sus espectáculos más memorables, la Norma de 1977, cuando por primera vez en la época moderna el papel de Adalgisa fue confiado a una soprano y no a una mezzosoprano. La tradición (equivocada) que había transformado a Adalgisa de soprano a mezzo se había producido a raíz de la orquesta de Bellini de finales del siglo XIX, cuya sencillez parecía entonces un defecto, mientras que se ajustaba al gusto neoclásico imperante en Italia en la época. Ahora Fabio Luisi ha devuelto a la orquesta los sonidos originales, suaves, pulidos y elegantes, pero no por ello menos expresivos. Es cierto que a veces la orquesta belliniana se limita a acompañar las voces, pero también en esos momentos Luisi demostró que su función es primordial, porque con sus timbres y sus armonías enriquece y completa las sublimes melodías creadas por el compositor. Esta Norma es un ejemplo que debería hacer escuela, como sucedió con la presentada en el festival en 1977.
La dirección de escena de Nicola Raab, con escenografía y vestuario de Leila Fteita, se centraba visualmente en una antigua pared pintada de rojo pompeiano y agrietada, en la que se proyectaba un gran roble para evocar el bosque sagrado y altas llamas en el momento de la hoguera final. La regia, rechazando tanto la incompresibilidad que hoy está de moda como la gestualidad melodramática old style, fue minimalista y prestó atención sobre todo a los pequeños gestos y a las miradas que revelaban los sentimientos secretos y profundos de los protagonistas.
Norma fue interpretada por Jacquelyn Wagner, estadounidense de nacimiento y alemana de formación, cuyo repertorio hasta hace poco se basaba principalmente en obras de Richard Strauss, Wagner, Beethoven e incluso Mozart. Su voz es clara y firme, el timbre es de un hermoso metal plateado, los fiati son muy largos como exigen las “lunghe, lunghe, lunghe” melodías de Bellini (Verdi dixit), las vocalizaciones son precisas pero ligeramente mecánicas y los agudos generalmente seguros, excepto un par de veces. Estuvo sublime sobre todo en los momentos en que se confrontó con Adalgisa, especialmente en su primer dúo, cuando Norma se reconoce en la sacerdotisa de joven y revive conmovida sus sentimientos de antaño. Su voz y la tan diferente de Valentina Farcas se fusionaron a la perfección: la soprano rumana es un lírica-ligera de voz luminosa y dulce, límpida y vibrante, que a la línea de canto inmaculada une una expresión interior pero intensa. Absolutamente perfecta.
El tenor español Airam Hernández, que debutaba en el Festival (ver entrevista en este enlace), es un cantante sólido, y supo brindar a su Pollione un canto más matizado que el de tantos intérpretes míticos del rol en el pasado: lo demostró ya desde su entrada en escena, con un “Meco all’altar di Venere” asumido como si fuera un sueño de amor, como realmente lo es, y no como una demostración de fuerza o poderío muscular o una proclamación militar como acostumbra a cantarse. Goran Juric, que sustituía a Simon Lim como Oroveso, comenzó de manera incierta, pero se recuperó rápidamente y cumplió su tarea dignamente. En los papeles menores estuvo correcto Zachary McCullach (Flavio) y muy bien Saari Sugiyama (Clotilde). * Mauro MARIANI, crítico de ÓPERA ACTUAL
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