El perturbador 'Lohengrin' de Katharina Wagner

Barcelona

18 / 03 / 2025 - Fernando SANS RIVIÈRE - Tiempo de lectura: 5 min

Lohengrin Katharina Wagner 'Lohengrin', en la producción de Katharina Wagner © Gran Teatre del Liceu / David RUANO
Lohengrin Katharina Wagner 'Lohengrin', en la producción de Katharina Wagner © Gran Teatre del Liceu / David RUANO
Katharina Wagner Ghünther Groissböck y Miina-Liisa Värelä © G.T.L. / David RUANO
Liceu Wagner El 'Lohengrin' con dirección de escena de Katharina Wagner © G.T.L. / David RUANO

Gran Teatre del Liceu

Wagner: LOHENGRIN

Nueva producción de Katharina Wagner

Ghünther Groissböck, Klaus Florian Vogt, Elisabeth Teige, Olafur Sigurdarson, Miina-Liisa Värelä, Roman Trekel, Jorge Rodríguez Norton, Gerardo López, Guillem Batllori, Toni Marsol, Carmen Jiménez, Marial Fontes, Elisabeth Gillming, Mariel Aguilar. Orquestra Simfònica y Coro del Gran Teatre del Liceu. Dirección musical: Josep Pons. Dirección de escena: Katharina Wagner. 17 de marzo de 2025.

Había gran expectación por el estreno de esta nueva producción de la bisnieta de Wagner de Lohengrin, tras su cancelación por la Covid 19 en 2020 y su recuperación definitiva en esta temporada del Gran Teatre del Liceu. Un estreno no exento de cierta polémica por una propuesta en la que Katharina Wagner, directora del Festival de Bayreuth (ver entrevista en este enlace), propone una visión del personaje principal muy alejado del ideado por su bisabuelo, ofreciendo un retrato perturbador, un Lohengrin asesino y suicida; este es el eje central de su propuesta, de la que evitó dar detalles previos y quiso que fueran los espectadores quienes la interpretasen; evitó referirse a ello en las entrevistas previas y tampoco se presentó en la rueda de prensa de presentación del espectáculo a pesar de la enorme expectación creada a nivel internacional.

La escenografía de Marc Löhrer presenta un bosque oscuro con una ciénaga que preside un cisne negro, presente en el prólogo cuando Lohengrin ahoga a Gottfried: una idea que modifica completamente el carácter del personaje protagonista (y múltiples aspectos de la trama), mostrándolo como un salvador del honor de Elsa muy poco místico, que patea al cisne o vence la ordalía -juicio de Dios- derrotando a Friedrich von Telramund a empujones. En el primer acto también se introduce una amenaza a Elsa de ser colgada en la horca si no se presenta un paladín que combata por su inocencia mientras el rey Heinrich busca unificar al pueblo de Brabante para que luche contra la amenaza del ejército húngaro. En el segundo acto desciende sobre el bosque una moderna casa de diseño con tres habitaciones en las cuales permanecen separados la pareja de intrigantes, una Elsa angustiada por un caballero del que no acaba de fiarse y del que rehúye y, ya en el tercero, el propio Lohengrin, quien esconde al cisne negro testigo del asesinato del joven heredero de Brabante.

Desde el punto de vista musical, tras una destacada obertura bien asentada por Josep Pons desde el podio, se dio un inicio algo destemplado por parte de coro y solistas, intérpretes que se fueron afianzando a lo largo del primer acto, con todo mucho más compactado en el segundo, de gran excelencia musical, destacando especialmente la pareja femenina con una imponente y malvada Ortrud a cargo de la soprano finlandesa Miina-Liisa Värelä, de gran empaque y poderío vocal, dibujando un personaje que atosiga en todo momento a su marido Telramund para que alcance, por cualquier medio, el  poder del ducado de Brabante. Elisabeth Teige propuso una Elsa von Brabant de destacada presencia escénica y vocal aportando un bello timbre y un sonido homogéneo en todo el registro. Muy elegante y musical el Lohengrin del tenor Klaus Florian Vogt, bien conocido en el Liceu, quien realiza una destacada actuación de este perturbado protagonista, resaltando por su emisión cuidada, bien proyectada y especialmente matizada. El Telramund del barítono Olafur Sigurdarson pareció algo tosco en el inicio, pero fue afianzando el personaje con un instrumento contundente y expresivo, capaz de mostrar todos las contradicciones de un personaje inducido por la malvada Ortrud. El bajo Günther Groissböck, por su parte, fue un correcto rey Heinrich, con la suficiente autoridad que requiere el noble personaje, y algo irregular Roman Trekel en el siempre complejo papel del Heraldo. Adecuados el resto de caballeros, damas y jóvenes nobles.

Cabe destacar un muy inspirado tercer acto, con Pons ofreciendo de nuevo frente a la Simfònica del Liceu una lectura brillante, impactante y muy detallista, con un Coro bien empastado, muy cuidado en los pasajes más sutiles y complejos de la partitura, demostrando poderío y contundencia en los momentos más expansivos del drama wagneriano a pesar de que actoralmente no formases un ejército demasiado compacto y aguerrido, quizás de forma premeditada. Correcta la iluminación de Peter E. Kaiser y un vestuario irregular y confuso de Thomas Keiser.

Las modificaciones del libreto por parte de la regista se ven desbordadas en las escenas finales, con un racconto brillante a nivel musical pero perturbador a nivel actoral y sin la trascendencia que requiere el momento a nivel dramático; es cuando este Lohengrin perturbador apuñala al cisne, que no se sabe si representa a la conciencia de la maldad del protagonista, porque lo hace antes de cortarse las venas y mientras Ortrud recupera el cadáver de Gottfried arrastrándolo desde la ciénaga. En la producción se introduce una mirada enigmática y malvada de un personaje puro e idealizado por Wagner como es el mismísimo hijo de Parsifal. Un final sorpresivo y dramático, muy alejado del original wagneriano, que aporta muchos interrogantes sobre la verdadera personalidad del protagonista. Una propuesta que fue rechazada sonoramente por gran parte del público, abucheando a Katharina Wagner cuando salió a saludar junto a su equipo tras los numerosos aplausos dedicados a Pons y a los protagonistas.  * Fernando SANS RIVIÈRE, director de ÓPERA ACTUAL

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