CRÍTICAS
INTERNACIONAL
El particular 'Liebestod' de Katia Kabanová inundó la Bayerische Staatsoper
Múnich
Bayerische Staatsoper
Janácek: KATIA KABANOVÁ
Nueva producción
Corinne Winters, Pavel Cernoch, John Daszak, Violeta Urmana, Emily Sierra. Dirección musical: Marc Albrecht. Dirección de escena: Krzysztof Warlikowski. 18 de marzo de 2025.
Acorde con el espíritu de la temporada lírica, que lleva el lema Aus dem Leben durch die Liebe (De la vida a través del amor), la Bayerische Staatsoper estrenó el lunes una nueva producción de Katia Kabanová, título central en la obra del compositor checo Leoš Janáček. El director polaco Krzysztof Warlikowski, habitual de las tablas muniquesas, da con una manera satisfactoria de tratar este complejo drama psicológico, extrañamente cercano a la comedia y al drama simbolista; lo hace de la mano de Marc Albrecht al mando de la siempre sólida Bayerisches Staatsorchester.
Warlikowski elige un acercamiento funcional, fiel al naturalismo original de la pieza, pero despojado de toda pesantez. Tanto la escenografía como el vestuario de Malgorzata Szczesniak, coloridos hasta rallar el kitsch, imponen una atmosfera jocosa donde trafican, desde antes de empezar la ópera, unos omnipresentes bailarines de tango. Si bien chocante, ya que la música de Janácek no es precisamente bailable, la idea no es gratuita porque aprovecha la carga simbólica del tango como depósito del amor y del deseo, coincidente con el tema de la ópera.
Sin grandes pretensiones, pero sin tampoco dar lugar a inconsistencias, la dirección de Warlikowski realza aquellos elementos que hacen de Katia Kabanová mucho más que un drama naturalista. En primer lugar, sorprende la dirección de actores, dedicada a subrayar lo cómico e hiperbólico de los personajes: tanto el tenor John Daszak como la soprano Violeta Urmana, respectivamente los casi buffos Tichon, marido de Katia, y Kabanicha, su suegra, entendieron perfectamente este gesto, aunque por momentos (especialmente Daszak) perdiesen el control de sus voces. Histriónica y caricaturesca estuvo también la aclamada Corinne Winters en el papel de Kabanová, mucho más estable a nivel vocal. Pavel Cernoch cantó un Boris satisfactorio, penetrante pero controlado en sus momentos más estridentes; sus intervenciones al lado de Winters, en el segundo acto –cínico homenaje de Janácek al dueto del segundo acto de Tristan und Isolde– fueron lo más emocionante de la velada.
Es en el último cuadro, durante el monólogo de Kabanová, donde Warlikowski abandona más claramente las coordenadas del realismo. La escena se desarrolla bajo la gigantesca proyección de un campo de flores, que abarca todo el espacio. También este gesto es inteligente; más allá de situar a Kabanová a orillas del Volga, donde se supone que descansa antes de suicidarse, el nuevo ambiente escenográfico se desmarca del naturalismo en paralelo al monólogo de la protagonista, declinado en un lenguaje parecido al del simbolismo de Maeterlinck. La propuesta de Warlikowski flaquea cuando cae en la redundancia de proyectar fragmentos del texto sobre partes del escenario. Tampoco el experimentado director polaco parece confiar al cien por cien en la dirección de escena como lenguaje artístico plenamente autónomo.
Sirviendo un auténtico correctivo ante las carencias puntuales sobre el escenario estuvo una vez más la excelente Bayerisches Staatsorchester en el foso. Albrecht supo explotar al máximo la potencia y la calidad del ensemble. Le faltó, quizás, algo de minuciosidad dinámica y agógica –algo de sentido dramatúrgico, como suele ser habitual– a la hora de guiar a los músicos por la complicadísima partitura de Janácek, un autor que, aunque sigue a grandes rasgos el camino pucciniano, hace gala de un modernismo sinfónico más bien cercano a Debussy. * Lluc SOLÉS, crítico de ÓPERA ACTUAL





