El Jardín de las Delicias de Charpentier y William Christie

Oviedo

10 / 11 / 2025 - Jonathan MALLADA - Tiempo de lectura: 3 min

Les Arts Florissants de William Christie en el Auditorio de Oviedo © Pablo PIQUERO

Auditorio Príncipe Felipe

Charpentier: LES ARTS FLORISSANTS / LA DESCENTE D’ORPHÉE AUX ENFERS

En versión semiescenificada

Tanaquil Ollivier, Camille Chopin, Josipa Bilic, Sarah Fleiss, Sydney Frodsham, Bastien Rimondi, Richard Pittsinger, Attila Varga-Tóth, Olivier Bergeron, Kevin Arboleda-Oquendo. Les Arts Florissants. Dirección musical: William Christie. Dirección de escena: Marie Lambert-Le Bihan y Stéphane Facco. 6 de noviembre de 2025.

Les Arts Florissants regresó, tras su cancelación la temporada pasada debido a una indisposición de su fundador y director, William Christie, al ciclo ovetense Conciertos del Auditorio, esta vez con un programa conformado por dos óperas de Marc-Antoine Charpentier —en versión semiescenificada— y con un elenco vocal notable compuesto por una decena de artistas laureados en la duodécima edición de Le Jardin des Voix. Con semejante arsenal, Christie (en esta gira que festeja sus ochenta años) alternó clave y órgano para guiar con precisión quirúrgica a sus discípulos por un universo barroco en el que se mueve como pez en el agua.

La velada, de menos a más, se inició con Les arts florissants, “idylle en musique” que da nombre al conjunto barroco de Christie. La puesta en escena —concebida por Marie Lambert-Le Bihan y Stéphane Facco— resultó sobria pero eficaz a la hora de acercar el barroco a través de elementos más bien simbólicos (una mesa o un par de sábanas blancas) que, unidos a la coreografía de Martin Chaix y al vestuario —elegante y contemporáneo— conformaban un todo de gran vistosidad y dinamismo que actualiza el género sin renunciar a una pulcra interpretación musical. Las cuatro artes (Música, Poesía, Arquitectura y Pintura), desempeñadas por Camille Chopin y Sarah Fleiss (sopranos), Sydney Frodsham (contralto) y Bastien Rimondi (tenor) respectivamente, dejaron un cuarteto de timbres pulidos y bien contrastados. Por su parte, Josipa Bilic (La Paz) exhibió una amplia tesitura y una voz melosa, mientras que Olivier Bergeron (La Discordia) evidenció un timbre carnoso y una voz cubierta adecuadamente.

Pero la expresividad se desbordaría en la segunda mitad, con La descente d’Orphée aux enfers, también de Charpentier, en la cual la estética visual se modificó ligeramente para situar al Auditorio en el reino de Plutón, con una gama cromática más oscurecida en la vestimenta de varios personajes y algunos recursos simbólicos ciertamente interesantes, como la utilización de cuerdas rojas para unir el destino de los condenados o para simular los ríos y parajes del inframundo que dotaron de mucha coherencia narrativa a la ópera.

"Christie comandó con brillantez a todos los músicos y durante dos horas convirtió el Auditorio ovetense en el mismísimo Jardín de las Delicias"

El tenor Richard Pittsinger como Orfeo fue el protagonista indiscutible gracias a una voz bien timbrada, delicadeza en los fraseos, excepcional manejo del volumen y una gran musicalidad en cada una de sus intervenciones, si bien Camille Chopin (Eurídice) no le fue a la zaga, revelando una voz cálida y esmaltada a la que unió un notable trabajo actoral. El bajo colombiano Kevin Arboleda-Oquendo también rindió a un nivel sobresaliente encarnando a Plutón, dando rienda suelta a su voz compacta, rotunda en los graves y solvente en la proyección, mientras que Sarah Fleiss, en el rol de Proserpina, apostó por un canto muy legato y sugerente que contrastó con la brusquedad y el poderío del personaje masculino. Sobresaliente la Enone de Tanaquil Ollivier, con una línea de canto acertada y bien los condenados —Bastien Rimondi, Attila Varga-Tóth y Olivier Bergeron— con voces empastadas y un trabajo convincente en el plano escénico.

La orquesta Les Arts Florissants demostró toda su experiencia arropando a los solistas, pero sin renunciar a un volumen notable donde se percibía la dulce sonoridad de los instrumentos empleados por la formación historicista. Christie comandó con brillantez a todos los músicos y durante dos horas convirtió el Auditorio ovetense en el mismísimo Jardín de las Delicias.  * Jonathan MALLADA, corresponsal en Oviedo de ÓPERA ACTUAL

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