CRÍTICAS
NACIONAL
El César de Händel sigue reinando
Madrid
Teatro Real
Händel: GIULIO CESARE IN EGITTO
En versión de concierto
Jakub Józef Orlinski, Sabine Devieilhe, Marco Saccardin, Beth Taylor, Rebecca Leggett, Yuriy Mynenko, Alex Rosen y Rémy Brès-Feuillet. Il Pomo d’Oro. Dirección y clave: Francesco Corti. 19 de febrero del 2026.
Un día 20 de febrero de hace 302 años se estrenaba en Londres Giulio Cesare in Egitto, cosechando un éxito completamente justificado, y aún hoy día sigue siendo una de las óperas más representadas del maestro alemán. Calificada como una de las obras cumbres de la ópera barroca italiana, no hay ninguna duda de que se trata de un tesoro siempre grato de escuchar.
El excepcional reparto del Teatro Real, tras su paso por Oviedo y Barcelona, contribuyó a generar aún más expectación. Cleopatra, por ejemplo, fue interpretada por Sabine Devieilhe, cantante que comenzó como soprano ligera, destacando en óperas de Mozart y Bellini y su papel estrella: Sophie en Der Rosenkavalier de Richard Strauss. Siempre obsesionada con la versatilidad, Devieilhe ha ido abriéndose paso en el repertorio barroco y en esta Cleopatra dejó un «Piangerò la sorte mia» excelente, con unos apuradísimos pianissimi y unos sobreagudos delicadísimos y prístinos. En las arias más puramente de coloratura, como el «Da tempeste il legno infranto», faltó algo más de audacia que ssaló con una ornamentación elegante.
El resto del reparto lo conformaron cantantes habituales del repertorio barroco, comenzando por Jakub Józef Orlinski, quien en el imponente papel de César desplegó un chorro de voz claro que fue ganando en potencia y gallardía —muy necesaria para interpretar este papel— a medida que fue avanzando la ópera, ofreciendo su mejor momento en un «Aure, deh, per pietà» en el que doblegó completamente una orquesta que respiraba con él a un mismo tiempo. Tanto Orlinski como Yuriy Mynenko (en el papel del faraón Tolomeo) destacaron por una gran flexibilidad vocal que les permitió alternar entre el registro de cabeza y de pecho con gran naturalidad. Uno no puede evitar pensar si Händel estaría pensando en recrear esos cambios vocales propios de los adolescentes al poner voz al joven faraón.
Beth Taylor es otra veterana del barroco que no decepcionó en absoluto. Su voz potente y resonante dejó una sublime Cornelia majestuosamente lírica, una auténtica patricia romana. En el dúo «Son nata a lagrimar» supo fusionar su voz perfectamente con la de Rebecca Leggett hasta el punto de crear casi un nuevo timbre de mixtura. Leggett sorprendió con un sonido claro y preciso, más propio del Sesto Pompeo joven e inocente que del vengativo, para el que le faltó arriesgar algo más con la ornamentación.
Marco Saccardin y Alex Rosen estuvieron correctos. Este último posee un potente chorro de voz que contrastó quizás demasiado con el resto del reparto, aunque su aria del acto tercero «Dal fulgor di questa spada» estuvo excelentemente ejecutada y demostró que el americano posee una voz rica en armónicos incluso en su registro agudo. También muy correcto Rémy Brès-Feuillet, cuyo timbre claro y muy similar al de una mezzo y su actuación un tanto cómica logró encandilar al público.
Francesco Corti estuvo magnífico al clave con unos recitativos muy ricos e interesantes, espectacular también a la tiorba Miguel Rincón, con unos acompañamientos muy correctos y elaborados; sorprendente el timbre oscuro del fagot barroco de Ángel Álvarez y, aunque algo tensa, muy correcta también la trompa natural de Christian Binde. No fue falta de talento, pues, sino un dramático error de concepto, puesto que Corti se empeñó en tratar de poner los instrumentos a la misma altura que la voz, llegando incluso a taparles en una partitura en la que la orquesta no es la protagonista. La actitud soberbia de Il Pomo d’Oro se apreció también en una vestimenta sumamente inadecuada —músicos descamisados y remangados— que para nada se ajusta a la solemnidad que requiere una ópera como Giulio Cesare ni un escenario como el del Teatro Real. Una actitud que deslució lo que hubiera sido una representación excelente con algo más de humildad cuaresmal. * David SANTANA CAÑAS, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL
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