CRÍTICAS
INTERNACIONAL
150 del mito de 'Carmen' con Zeffirelli y un elenco brillante
Verona
Arena de Verona
Bizet: CARMEN
Anita Rachvelishvili, Freddie de Tommaso, Giulio Mastrototaro, Gabriele Sagona, Jan Antem, Ernest Guiraud, Carlo Bosi, Daniela Cappiello, Sofia Koberidze, Alexander Vinogradov, Mariengala Sicilia. Dirección musical: Francesco Ivan Ciampa. Dirección de escena: Franco Zeffirelli. 18 de julio de 2025.
Se celebran los 150 años del estreno de Carmen (el 3 de marzo de 1875 en la Opéra-Comique de París) y de la muerte de su autor, Georges Bizet, ocurrida apenas tres meses después. Para conmemorar este doble aniversario, se repone en la Arena de Verona la inoxidable producción que firmó Franco Zeffirelli hace exactamente treinta años, en la que la actual directora del festival Cecilia Gasdia, interpretó el rol de Micaela.
El espectáculo es grandioso, con una recreación fastuosa de Sevilla en la que no falta nada: un número impresionante de extras, coro, y, sobre todo, la excelente compañía de Antonio Gades, que aporta un toque de originalidad hispánica a esta ópera de pura fantasía basada en la novela de Mérimée. El entusiasmo del público fue total: la noche del 18 de julio se logró un lleno completo en el colosal anfiteatro romano. Los asistentes acompañaron con palmas el cuadro flamenco añadido entre el tercer y cuarto acto para facilitar el cambio de escenografía y marcaron con aplausos el célebre brindis de Escamillo. Para los extranjeros —italianos incluidos—, esta música suena a España. Además, antes del inicio de la función, la Banda Nacional Italiana de Bomberos interpretó, entre otras piezas, el pasodoble España cañí, reforzando aún más el imaginario popular.
La música, finalmente, también llegó desde el foso. Bajo la dirección de Francesco Ivan Ciampa, la orquesta sonó fantástica: color, matices, ritmos y, sobre todo, una impecable coordinación de las enormes masas escénicas. Su lectura fue apasionada, sin renunciar a la atmósfera nocturna de gran poesía del preludio del tercer acto ni al arrebato dramático de la escena final. El coro, nuevamente instruido por Roberto Gabbiani —al que se sumó el infantil A.Li.Ve., dirigido por Paolo Facincani en el primer acto—, fue protagonista activo también en lo actoral.
El reparto fue sólido, comenzando por un excelente Morales en la voz del barítono Giulio Mastrototaro, y un Zúñiga de lujo con el bajo Gabriele Sagona, realzado por la versión Choudens con los recitativos musicalizados por Ernest Guiraud. Muy bien el cuarteto formado por los dos contrabandistas —el correcto barítono Jan Antem (Dancaïro) y el Remendado de lujo del tenor Carlo Bosi— y por las dos gitanas, amigas de Carmen: Frasquita, la soprano Daniela Cappiello (ya apreciada en Nabucco la noche anterior), y Mercedes, la mezzosoprano Sofia Koberidze, ambas musicalmente adecuadas. El bajo-barítono Alexander Vinogradov fue recibido con entusiasmo como Escamillo: decidido, valiente, con poderosa voz, agudos firmes y emisión impecable. La Micaela de Mariangela Sicilia fue un auténtico bombón: soprano de excelente calidad, con un timbre grato, una línea de canto controlada con inteligencia y sensibilidad, tanto en pianísimos como en los agudos lanzados con fuerza. Salió airosa en el dúo con Don José del primer acto y, sobre todo, en el aria del tercero, «Je dis que rien ne m’épouvante».
Freddie De Tommaso, ya conocido por sus éxitos en el Liceu, volvió a brillar como Don José, papel que asumió a último minuto en sustitución de Michael Fabiano; su interpretación fue arrebatadora en entrega y valentía vocal. En su entrada del segundo acto incluyó la famosa puntatura al si agudo en Dragon d’Alcalá, en homenaje a Franco Corelli. El aria de la flor, cerrada con un smorzando de ensueño, fue uno de los momentos más emotivos de la velada. En el dúo final logró conmover profundamente con sus frases cargadas de dramatismo. Una actuación memorable, ovacionada con bravos y fuertes aplausos.
Desde su entrada con la célebre habanera de Yradier, la mezzo georgiana Anita Rachvelishvili encarnó una Carmen de rompe y rasga: su vehemencia interpretativa anticipa el verismo, corriente que precisamente abrió esta obra de Bizet. Con una proyección sonora apabullante, especialmente en el registro grave, su timbre de contralto resulta insólito para el rol en tiempos recientes. Su fraseo fue ardiente, su acento dramático, y a la vez seductor en la seguidilla; participó con vivacidad en el quinteto de los contrabandistas, fue tenebrosa en la escena de las cartas y desgarradora en el dúo final. Es cierto que su zona aguda ha perdido algo de esmalte, evitando notas y alterando otras, pero eso no impidió que el público le tributara una acogida triunfal. * Andrea MERLI, corresponsal en Verona de ÓPERA ACTUAL





