Regresó al Liceu la brillante 'Adriana Lecouvreur' de McVicar

Barcelona

16 / 06 / 2024 - Pablo MELÉNDEZ-HADDAD - Tiempo de lectura: 2 min

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Adriana Lecouvreur Liceu Un momento del tercer acto de 'Adriana Lecouvreur' © Gran Teatre del Liceu / Sergio PANIZO
Adriana Lecouvreur Liceu Un momento del tercer acto de 'Adriana Lecouvreur' © Gran Teatre del Liceu / Sergio PANIZO
Adriana Lecouvreur Liceu Freddie de Tommaso y Aleksandra Kurzak en 'Adriana Lecouvreur' © Gran Teatre del Liceu / Sergio PANIZO

Gran Teatre del Liceu

Cilea: ADRIANA LECOUVREUR

Aleksandra Kurzak, Freddie de Tommaso, Daniela Barcellona, Ambrogio Maestri, Felipe Bou, Didier Pieri, Carlos Daza, Marc Sala, Carles Cremades, Irene Palazón, Anaïs Masllorens. Orquestra Simfònica del Gran Teatre Liceu. Coro del Liceu (Dirección: David-Huy Nguyen-Phung). Dirección musical: Patrick Summers. Dirección de escena: David MacVicar. 16 de junio de 2024.

Si el estreno en el Liceu en mayo de 2012 de esta hermosa y detallista producción de David McVicar de la obra maestra de Cilea, Adriana Lecouvreur, coproducción con Londres, Viena San Francisco y París, deslumbró al complementarse con tres repartos soberbios integrados, entre otros, por Barbara Fritolli, Daniela Dessì, Roberto Alagna, Dolora Zajick y Juan Pons, todos en espléndida forma, esta vez la compañía de canto que tuvo a cargo la función de estreno de la reposición se mostró irregular, aunque cohesionada. Si bien es cierto que fue defendida por nombres más que consagrados a nivel internacional, faltó química y tensión en una ópera que es puro teatro y que despedía la programación lírica del Gran Teatre barcelonés.

Volvió a brillar la escenografía inteligente y atractiva de Charles Edwards que recrea un precioso teatro del siglo XVIII, marco para una dirección de actores convincente, todo ilustrado con la pictórica iluminación de Adam Silverman y con el óptimo vestuario de Brigitte Reiffenstuel. También gustó la coreografía de Andrew George del Giudizio di Paride del tercer acto, pero la escena del dúo de Adriana y la Principessa del acto anterior no acaba de convencer al presentar a los personajes sin velos ni abanicos para ocultar sus identidades, punto nodal de la obra en la que tienen que saltar chispas por los encontronazos de la protagonista con su rival.

"Freddie de Tommaso esculpió un Maurizio de manual con un fraseo de ensueño, un timbre brillante y las inflexiones expresivas necesarias como para enamorar"

Y si una puesta en escena convence plenamente, como es el caso, esto ayuda, y mucho, a que lo que se escuche también consiga el beneplácito del público, y así sucedió en el estreno. Con toda la carne puesta en el asador, Freddie de Tommaso esculpió un Maurizio de manual con un fraseo de ensueño, un timbre brillante y las inflexiones expresivas necesarias como para enamorar; el tenor británico, que ya había participado esta temporada en Carmen y Un ballo in maschera, ligó frases, acentuó con pasión heroica y se dio el lujo de decorar su canto con tiernos reguladores. Sus arias resultaron conmovedoras, al igual que sus dúos y su narración de Il ruso Mencikoff del tercer acto.

A su lado, la Lecouvreur de Aleksandra Kurzak se movió por caminos diversos; sus agudos y sus pianísimos fueron sus armas más bien utilizadas, pero le faltaron graves esmaltados más rotundos, más proyección en momentos vitales como en el final del monólogo de Fedra y una dicción más diáfana; muy convincente como actriz –estuvo brillante en la escena de la muerte–, su Adriana seguro que crecerá con el tiempo, dada la trayectoria de la soprano.

Daniela Barcellona, completamente entregada al rol de la Princesa de Buillon, no acabó de encantar; anunciada enferma, estuvo incómoda en su gran aria de entrada con una tesitura que se mueve en su pasaje brillando más que nada en la zona aguda y con graves extremos emitidos con poca naturalidad. Un lujo contar con Ambrogio Maestri en el fundamental rol de Michonnet, quien ofreció un adecuado retrato del personaje pero que, sin embargo, su emisión se mostró inestable en algún sobreagudo. Al correcto Príncipe de Bouillon de Felipe Bou le faltó algo de proyección, lo mismo que al eficaz Abate di Chazeuil de Didier Pieri, mientras que se apreciaba sobrado de facultades a Carlos Daza como Quinault, bordando sus frases. Correctos en sus personajes el Poisson de Marc Sala, el Mayordomo de Carles Cremades, la Mademoiselle Jouvenot de Irene Palazón y la Mademoiselle Dangeville de Anaïs Masllorens

La obra, bajo la batuta de Patrick Summers, se escuchó en una lectura con mucho de rutinaria, un pecado en una ópera que debería emocionar con su oleaje de recursos expresivos. La Orquestra Simfònica del Gran Teatre y el Coro del Liceu, preparado en esta ocasión por David-Huy Nguyen-Phung, ofrecieron una prestación de gran nivel.

El estreno se ofreció en memoria de la joven soprano Jodie Devos, fallecida el mismo día de la función con solo 35 años víctima de un cáncer; la cantante belga tenía que haber debutado en el papel de Oscar en Barcelona en la reciente producción de Un ballo in maschera. * Pablo MELÉNDEZ-HADDAD, jefe de Redacción de ÓPERA ACTUAL