CRÍTICAS
NACIONAL
El sueño de Verdi se hace realidad en la Aljafería
Zaragoza
Festival Manlor
Verdi: IL TROVATORE
Nueva producción
Miren Urbieta-Vega, Ester Pavlû. Marta Heras, Andrés Presno, Carlos Daza, Luis López Navarro. Dirección de escena: Leo Casteldi. Dirección musical: Ricardo Casero. Palacio de la Aljafería, 9 de julio de 2026.
El Servicio Gestor del Palacio de la Aljafería, y ya en la tercera edición del Festival Manlor, presentó por primera vez desde su estreno en 1853 esta ópera en el mismo lugar donde se desarrolla la trama: la Torre del Homenaje del citado palacio, concebida por el dramaturgo chiclanero Antonio García Gutiérrez en su obra teatral El trovador, que posteriormente transformó en ópera Verdi, y que en estos días se representa en Madrid (ver este enlace). Bien es cierto que el libretista Salvatore Cammarano y, tras su muerte, el joven Bardare descuidaron algo el componente histórico; Verdi se puso a componer la partitura de esta ópera en abril de 1851 y la acabó algo más de año y medio después. En aquel periodo murió su madre, Luisa Utini, y ello imprimió a la obra un sentimiento impregnado del elemental amor fraterno, muy comprometido con el canto heroico, detalles que se reflejan en la música y en el enfoque de la historia.
La versión que se contempló fue un semistage, dada la precariedad del habitáculo elegido, pero el director de escena Leo Casteldi logró, con gran habilidad, un clímax muy creíble para el espectador.
La mezzosoprano checa Ester Pavlů como Azucena lució una voz de esmalte cálido y luminoso, cautivadora y fascinante, demostrando un gran dominio escénico y embelesando al público en el aria “Stride la vampa” y en el siguiente dúo con el tenor, “Condotta ell’era in ceppi”, de un dramatismo inusitado. La soprano vasca Miren Urbieta-Vega acreditó la fama de la que venía precedida: su voz es de timbre ligeramente oscuro, con tesitura lírico-ligera y de gran musicalidad, con perspectivas de mayor envergadura futura. A sus creaciones como Leonora les imprimió esos rasgos de melancolía y tristeza que requiere el personaje: su “D’amor sull’ali rosee” del cuarto acto fue conmovedora, no empañada por alguna ligera alteración en la coloratura.
Al tenor uruguayo Andrés Presno, en principio, se le apreció una voz lírica de timbre claro, quizás no tan adecuada al tenore di forza que requiere Manrico, pero de buen fraseo y bien ajustada, sobre todo en los concertantes. Sin embargo, en la escena segunda del tercer acto pudo influirle el aspecto climatológico de una noche al aire libre con temperatura tropical, y el aria “Ah! sì, ben mio” le superó y apenas rozó la nota final. Tuvo mala suerte, seguidamente, con la famosa stretta, “Di quella pira”, con el polémico do agudo o de pecho, y el tenor, sobrecogido, ni lo intentó ante un público decepcionado. Afortunadamente, en el cuarto acto se sobrepuso y estuvo bien en el dúo con Azucena, “Madre, non dormi?”. El barítono Carlos Daza estuvo creíble como Il Conte di Luna, con una tesitura apreciable en el color de la voz y en los graves. Más justeza se le apreció en la emisión de las notas más agudas.
El bajo Luis López Navarro dijo correctamente la conocida aria preámbulo de la obra, “All’erta! All’erta!”, y cumplió. En su pequeño rol de Inés, la soprano Marta Heras estuvo por encima del personaje. El coro Amici Musicae, por circunstancias escénicas, permaneció estático en sus posiciones al fondo del escenario, pero sus voces sonaron muy compenetradas, sobre todo en el coro de gitanos y en la maravilla del Miserere del cuarto acto. Ricardo Casero estuvo muy aseado al mando de la Orquesta Reino de Aragón, sabiendo transmitir al auditorio la pasión de la música de Verdi, que con esta ópera alcanzó su culminación como compositor de ópera.
En la apoteosis final, las ovaciones más fuertes fueron, sobre todo, para Ester Pavlů y Miren Urbieta-Vega, así como el coro y la orquesta. Al resto de los intérpretes el público les mostró cierta frialdad. Sin duda alguna, desde una inmortal atalaya del cielo, Antonio García Gutiérrez y Giuseppe Verdi se habrán emocionado al contemplar este hito único: ver representada su obra, por primera vez, en el mismo marco histórico que ellos concibieron. * Miugel Ángel SANTOLARIA, colaborador de ÓPERA ACTUAL
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