Ritmo y humor brillan en el ‘Dúo de La Africana’

Las Palmas de Gran Canaria

06 / 10 / 2025 - Agustín AROCHA - Tiempo de lectura: 3 min

caballero perez galdós La producción de Nuria Castejón de 'El dúo de la Africana' © Temporada de Zarzuela de Canarias
caballero perez galdós La producción de Nuria Castejón de 'El dúo de la Africana' © Temporada de Zarzuela de Canarias
caballero perez galdós La producción de Nuria Castejón de 'El dúo de la Africana' © Temporada de Zarzuela de Canarias

XXXIII Temporada de Zarzuela de Canarias

Caballero: EL DÚO DE LA AFRICANA

Sofía Esparza, Alejandro del Cerro, Rafael Castejón, Milagros Martín, Cristina Arias, Paco Déniz, Alberto San Luis. Dirección musical: Rafael Sánchez-Araña. Dirección de escena: Nuria Castejón. Teatro Pérez Galdós, 3 de octubre de 2025.

Prosigue el homenaje al género hispano en la XXXIII Temporada de Zarzuela de Canarias, en este caso con El dúo de La Africana, una de esas obras que bien llevada puede funcionar tanto por su ingenio teatral como por su contagiosa energía escénica. La función, vivaz y bien planteada en lo escénico por Nuria Castejón, captó desde el primer minuto el caos sostenible del “teatro dentro del teatro”: un estreno de ópera convertido en enredo sentimental y vodevil, donde nada parece tener pies ni cabeza y, sin embargo, todo fluye con un pulso teatral admirable. La dirección de escena de Castejón brilló por su capacidad para sostener ese vértigo sin que nada se desmoronara. El movimiento actoral, la coreografía de las entradas y salidas y el aprovechamiento del espacio mostraron un buen dominio del tempo cómico. La esceografía, agradecida en este tipo de metaescenas, recreaba con acierto la tramoya de un teatro visto desde dentro, donde los bastidores, los camerinos y los nervios del estreno se convierten en protagonistas. Nada sobraba ni faltaba: el humor brotaba, y el enredo alcanzaba una comicidad sostenida que, lejos de caer en la farsa, conservó siempre un aire de elegante autoparodia.

La Filarmónica de Gran Canaria, dirigida por Rafael Sánchez-Araña, fue cómplice esencial de ese ritmo escénico; la lectura del maestro se caracterizó por la ligereza y el equilibrio entre el brillo de los números pseudoperísticos —parodia del melodrama romántico de gran gesto— y el diálogo típico del sainete. Las cuerdas sostuvieron el lirismo con un fraseo dúctil y una continuidad melódica que daba cohesión a la acción; las maderas aportaron color y flexibilidad a las réplicas vocales, mientras los metales subrayaban los acentos irónicos. La percusión, medida, reforzó el pulso danzable y cómico de la partitura sin sobresalir, generando el equilibrio necesario entre la elegancia musical y la sátira, y en la sincronía con la escena, que en este caso fue notable.

"Sofía Esparza dio vida a una Antonelli de gran encanto y presencia escénica, salerosa y convincente, con una línea de canto elegante y de timbre dulce"

En el plano vocal, el elenco se movió dentro de un nivel muy equilibrado, animado por esa atmósfera de comedia enloquecida que requiere nervio, agilidad y musicalidad. Sofía Esparza dio vida a una Antonelli de gran encanto y presencia escénica, salerosa y convincente, con una línea de canto elegante y de timbre dulce; su interpretación del número inicial, “Dulce amor”, destacó por su frescura y por el control de las dinámicas, y su química con Alejandro del Cerro fue inmediata: el tenor abordó al impetuoso Giuseppini con entrega y valentía, mostrando un color sugestivo en el centro y una proyección clara. Su complicidad se tradujo en un “No cantes más, La Africana” vibrante, que fue la cima de la velada: dúo de ritmo impecable, buena comicidad y precisión musical.

Rafael Castejón ofreció un hilarante Querubini, dueño de la escena gracias a su vis cómica y su expresividad natural: su macarrónico italiano mezclado con español fue tan musical como ingenioso. Milagros Martín, como Doña Serafina, aportó el contrapunto de nobleza y sensibilidad: su personaje, ultrajado y determinado, encontró en ella una dicción teatral impecable y una presencia sólida que sostuvo con autoridad el final de la obra. Cristina Arias, histriónica y efectiva Amina, se movió dentro del ritmo desenfrenado con espontaneidad, mientras el Bajo de Isaac Dos Santos añadió el toque pánfilo indispensable en la comedia. Paco Déniz, excelente actor, compuso un Pérez nervioso, omnipresente y entrañable; y Alberto San Luis, como El Censor, redondeó con su intervención una función que supo terminar en alto, arrancando una ovación sostenida y merecida. El Coro de la OFGC en esta ocasión destacó por su empaste y precisión rítmica, participando activamente en el juego escénico y mostrando su versatilidad para pasar del canto concertante a la actuación coral.  * Agustín AROCHA, corresponsal en Las Palmas de Gran Canaria de ÓPERA ACTUAL

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