La fulgurante Norma de Federica Lombardi

Viena

17 / 03 / 2025 - Ferran VILA I RIERA - Tiempo de lectura: 4 min

bellini viena Juan Diego Flórez como Pollione © Wiener Staatsoper / Michael PÖHN
bellini viena La producción de 'Norma' de Cyril Teste © Wiener Staatsoper / Michael PÖHN
bellini viena Federica Lombardi como Norma © Wiener Staatsoper / Michael PÖHN

Wiener Staatsoper

Bellini: NORMA

Nueva producción

Federica Lombardi, Juan Diego Flórez, Vasilisa Berzhanskaya, Ildebrando D’Arcangelo, Anna Bondarenko, Hiroshi Amako. Dirección musical: Antonino Fogliani. Dirección de escena: Cyril Teste. 15 de marzo de 2025.

Volvió Norma por fin sobre el escenario de la Wiener Staatsoper, tras más de cuatro décadas de ausencia. Lo hizo, además, por doble partida vienesa, dado que las vicisitudes de la pandemia han querido que esta coincidiera con la nueva producción de la misma obra en el Theater an der Wien, dándose uno de estos eventos extraordinarios  —con aires casi de competición deportiva— que tanto gustan a los apasionados del género.

Si en el caso del Theater an der Wien reinó Asmik Grigorian en su aguerrida incursión belcantista (ver crítica en este enlace), en el caso del coliseo del Ring este regreso será recordado por el debut de Federica Lombardi en el papel protagonista. La soprano italiana de solo 35 años, ya conocida por el público vienés especialmente en el repertorio mozartiano, cree haber encontrado la madurez vocal como para atreverse con papeles más gruesos. Y vaya si es así: voz grande, sólida y homogénea en toda la tesitura; timbre carnoso, de una apreciable elegancia oscura, imponente en el tercio agudo, armado con el metal necesario. Con ella, se está en frente de una prometedora spinto. En lo interpretativo, su Norma es una inolvidable lección de bel canto, ya que a lo largo de todos los números, correspondió con soberana maestría al legato y los portamenti de las largas líneas melódicas bellinianas, sin descuidar en absoluto los múltiples abbellimenti que deparan sus traicioneras repeticiones. Cierto es que su “Casta Diva” podría haberse hilado con un fiato algo más generoso, pero este es más bien un pecado imputable al maestro Antonino Fogliani, que ofreció una lectura demasiado acelerada y monótona —en esta pieza y durante el resto de la ópera—, sin atisbo alguno de un rubato un poco imaginativo, desprovista por completo de poesía. En la cabaletta Lombardi se ahorró el sobreagudo conclusivo, seguramente por precavida y porque nadie lo echó de menos. Consciente que Norma es un papel que solo puede sublimarse en el trabajo dramático, en la dicción y en el fraseo ofreció una versión de la Suma Sacerdotisa rebosante de italianità de la mejor escuela (y calaña), culminando en el aspecto de la ferocidad. Por eso, enteramente suyos fueron los dos finale de la ópera: el del primer acto —el genial trío con Pollione y Adalgisa— lleno de despecho y furia, al igual que el gran dúo del segundo acto con Pollione, de gran intención dramática, que acaba desembocando en un “Deh, non volerli vittime” verdaderamente conmovedor, colmado de sacrificio y de remordimiento. Era su primera aproximación al rol y da la impresión de que puede llegar a convertirlo en algo realmente importante.

"Lombardi correspondió con soberana maestría al 'legato' y los 'portamenti' de las largas líneas melódicas bellinianas, sin descuidar los múltiples 'abbellimenti' que deparan sus traicioneras repeticiones"

Da auténtico gusto escuchar un Pollione tan bien cantado como el de Juan Diego Flórez, estilísticamente irreprochable y de fraseo cuidado al detalle. Pero lo cierto es que la voz del tenor peruano no dispone ni del grueso ni del color adecuado para enfrentarse al papel (concebido para un spinto) y este es un problema que se manifestó a lo largo de toda la partitura hasta evidenciarse, a todas luces, en el dúo con Norma “In mia man alfin tu sei”, donde el instrumento de Flórez se vio sobrepasado por la orquesta y por la pletórica entidad vocal de su colega. De menos a más la Adalgisa de Vasilisa Berzhanskaya, que empezó con problemas de colocación en los agudos en el dúo con Pollione y acabó convenciendo por brillo vocal y expresividad; no hay que esperar encontrar en ella, no obstante, una mezzosoprano de tintes oscuros y ancho registro de pecho, ya que fue más bien una Adalgisa ligera y luminosa, más aún al contrastarse con la densa Norma de Lombardi en sus dúos, en los que dio la sensación de intercambiarse las cuerdas.

Completaron el cast el solemne y matizado Oroveso del bajo Ildebrando d’Arcangelo, la entregada y teatral Clotilde de Anna Bondarenko y el resolutivo Flavio de Hiroshi Amako.

La puesta en escena de Cyril Teste encuentra su punto fuerte en una escenografía que retrata con eficacia el ambivalente mundo de Norma, marcado por un paisaje de destrucción y a la vez de una naturaleza sacralizada. Sin embargo, un prescindible horror vacui atraviesa la producción de principio a fin; hay algún recurso cinematográfico interesante que sirve a modo de close-up más intimista de la acción, pero que termina por marear y desconcertar al público. Se echó en falta una dirección de actores más trabajada.  * Ferran VILA i RIERA colaborador de ÓPERA ACTUAL

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