CRÍTICAS
INTERNACIONAL
‘Faust’ revivido en el siglo XXI de la mano de Pene Pati
París
Opéra de Paris
Gounod: FAUST
Pene Pati, John Relyea, Florian Sempey, Amin Ahangaran, Amina Edris, Marina Viotti, Sylvie Brunet-Grupposo. Dirección musical: Emmanuel Villaume. Dirección de escena: Tobias Kratzer. 15 de octubre de 2024.
Esta enésima producción de Faust en la Opéra national de Paris, fue estrenada en 2021 durante la pandemia y por esta razón solo se pudo ver en streaming (ver crítica en este enlace). Vista ahora al natural, no se puede sino confirmar todo cuanto se dijo entonces sobre el trabajo de Tobias Kratzer, añadiendo, eso sí, algunos matices. Se aumentarán los aplausos por el trabajo de Manuel Braun sobre los vídeos, ya sean los sobrevuelos de París con su catedral en llamas, o los que ilustran la intimidación de Méfistofeles a Marguerite en el lóbrego metro de la capital (mucho más limpio en el video que en la realidad). Punto positivo también fue la escenografía (Rainer Sellmaier sin olvidar la iluminación de Michael Bauer) en dos planos del segundo acto. Ella dio del personaje de Dame Marthe una dimensión dramática insospechada. El juego dramático entre los dos profesores Faust (el joven y el viejo) resultó de muy buena ley, como lo fue la de la muerte de Valentin. Se puede poner algún bemol sobre las escenas de la gestación de Marguerite por apoyar en demasía el aspecto verista de la situación.
El trabajo de Emmanuel Villaume merecería un análisis más amplio: resúmase diciendo que el chef fue capaz de imprimir lirismo en los pasajes que lo requerían y a la vez mostrarse brutal —sí, brutal— en la mayoría de las transiciones sinfónicas marcadas en forte en la partitura. Respetó a los cantantes, si bien tuvo alguna dificultad con el Siebel de Marina Viotti y con el tenor protagonista en un momento muy esperado de la historia.
Mucho se esperaba de la interpretación de Pene Pati en el rol de Faust y el samoano convenció. De emisión clara —buena pronunciación francesa—, muy tranquilo en los sectores agudo y medio, resolvió con inteligencia y buena técnica los pasajes de emisión grave. Su fraseo, influenciado por el canto italiano, se adaptó, sin embargo, a las exigencias del estilo recitado de la música francesa. Inesperadamente, interpretó la célebre aria “Salut, demeure…” en un pianissimo al límite de la ruptura vocal. Si bien el excepcional, innegable, logro técnico restó el lirismo esperado en aquel momento de éxtasis del personaje, ello no fue óbice para que el público celebrase con gran efusión la tentativa.
John Relyea caracterizó el personaje de Méphistophélès dramáticamente gracias a la elegancia de su dinámica, y vocalmente por su emisión de timbre oscuro, espectro amplio y ancha tesitura. Amina Edris interpretó a Marguerite respetando las convenciones del personaje, con una emisión cristalina, ligera, precisa, de académica ejecución, características que le valieron una salva de aplausos bien merecida. Florian Sempey fue un Valentin más dramático que lírico, y así, si bien su primera intervención —que figura en la obertura de la obra— no pasará a la historia, la escena de su muerte seria a poner por entre las mejores de todos los tiempos. Marina Viotti, hizo prueba de muy buena voluntad en el imposible papel de Siebel. Rómpase una lanza en favor del trabajo vocal —voz segura, emisión de gran claridad— y sobre todo dramático de Sylvie Brunet–Grupposo, que consiguió hacer llorar a un público que normalmente debería reír con el personaje de Dame Marthe. Amin Ahangaran cumplió como un Wagner de voz rotunda.
El coro, buen conocedor ya de la obra, al mando de Alessandro Di Stefano, aportó la voz del pueblo (y también la voz celeste), fuera y dentro del escenario, vale decir, el contrapunto terrenal y celestial de las voces de los protagonistas. * Jaume ESTAPÀ, corresponsal en París de ÓPERA ACTUAL





