Faust sucumbe a los vicios parisinos

París

05 / 04 / 2021 - Jaume ESTAPÀ - Tiempo de lectura: 3 min

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Faust ONP Un momento del 'Faust' de Tobias Kratzer en la ONP © ONP / Monika RITTERSHAUS
Faust ONP Un momento del 'Faust' de Tobias Kratzer en la ONP © ONP
Faust ONP Un momento del 'Faust' de Tobias Kratzer en la ONP © ONP / Monika RITTERSHAUS

Opéra national de Paris

Gounod: FAUST

Nueva producción en 'streaming'

Benjamin Bernheim, Ermonela Jaho, Christian van Horn, Florian Sempey, Michèle Losier, Sylvie Brunet-Lumbroso, Christian Hermer, Jean-Yves Chilot. Dirección: Lorenzo Viotti. Dirección de escena: Tobias Kratzer. 1 abril de 2021.

 

Allá por los años 1970 Jorge Lavelli trasladó Faust de la Alemania casi pueblerina, omnipresente en los escenarios, al París burgués del Second Empire. Y causó gran sensación. Le Monde se quejó con vehemencia de que Mefisto no solo no llevara una pluma en el sombrero («… La plume de mon chapeau…» dice el libreto), sino que ni tan solo llevara sombrero. Hoy Tobias Kratzer traslada Faust al París actual, la ciudad algo gastada de los bordes del Sena, de Nôtre-Dame y de las grandes avenidas. Una colección de vídeos intercalados oportunamente durante las transiciones orquestales de esta nueva producción, da razón de estos lugares. Pone a Faust en camiseta, Mefisto va acompañado de unos cuantos diablos de segunda, ambos supermanes sobrevuelan la capital, Marguerite vomita en visible estado de buena esperanza (no se culpe a Faust, sino a Mefisto) y después encuentra a Dios y al diablo en el Metro (¡muy bien visto!)… Suma y sigue: Marthe es una vecina, Valentin un chuleta de barrio, Siebel un joven bien educado que nada tiene que ver con quienes le rodean… Y hoy nadie protesta ante tanta creatividad, porque, en definitiva, el trabajo de Kratzer recrea un ambiente a la vez fantasmático y verosímil y, en conjunto, es un homenaje sincero a la capital francesa.

El regista sitúa la acción en el París del noreste, lo que ha permitido aplaudir el trabajo de su escenógrafo, Rainer Sellmeier. En este West-Side parisino el sabio doctor (que de hecho vive muy al oeste de la capital, con libros en la pared, en lugar de probetas sobre la mesa), frustrado por falta de sexo y orgías, encontrará a la joven inocente y pura que seducirá y abandonará. Tobias Kratzer se ha extrañado de que el Faust de Jules Barbier esté únicamente interesado en el sexo (el de Goethe se interesaba por muchas otras cosas), pero ha profundizado en la idea, mostrando ya desde el prólogo al viejo Faust en su apartamento, despidiéndose de una prostituta tras una noche de probable frustración.

La orquesta de la ONP, dirigida por Lortenzo Viotti, supo brindar a cada escena su emoción, produciendo los ritmos y colores musicales requeridos.

"Ermonela Jaho fue una Marguerite moderna y verosímil, más a gusto en las partes líricas de la partitura, pero no alcanzó la potencia necesaria para cubrir las voces de Faust y Mefisto en la escena final"

Benjamin Bernheim (Faust), cantó sin relieve las arias conocidas, pero aseguró con voz bien timbrada los diálogos y transiciones. Ermonela Jaho fue una Marguerite moderna y verosímil, más a gusto en las partes líricas de la partitura, pero no alcanzó la potencia necesaria para cubrir las voces de Faust y de Mefisto en la escena final. Christian van Horn aseguró el rol del diablo mayormente gracias a su estatura, pero estuvo bien presente en toda ocasión. Florian Sempey decepcionó en su interpretación de Valentin, en gran parte porque su caracterización de bad boy no iba con el papel. Michèle Losier aseguró la imposible persona de Siebel con arte y buena voluntad y Sylvie BrunetLumbroso lució sus grandes cualidades en el arte escénico y vocal. El coro de la ONP, dirigido por José Luis Basso, buen conocedor de la partitura, cumplió.