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Y Federico Chueca pasó por La Gran Vía (con el móvil en la mano)
Veinte jóvenes cantantes interpretarán 'La Gran Vía' dentro del Proyecto Zarza. Serán 12 funciones para escolares y cuatro para público en general a partir del 7 de marzo
El Proyecto Zarza del madrileño Teatro de La Zarzuela pone en escena en su programa pedagógico la obra de Federico Chueca y Joaquín Valverde, con dirección de escena de Enrique Viana, autor de esta nueva versión, y con el maestro Néstor Bayona al frente de la Joven Orquesta Nacional de España, que se suma por primera vez al proyecto. ÓPERA ACTUAL habla con los protagonistas durante uno de los ensayos en la sala Bristol.
La calle Fuencarral de Madrid, en el tramo que va de la glorieta de Quevedo a la de Bilbao, era tiempo atrás una avenida con más salas de cine que barras de bar. Increíble pero cierto. Hoy, la restauración (y no de muebles antiguos) y los supermercados, le han ganado la partida al audiovisual y apenas se mantiene en pie el Proyecciones, troceado en varias salas, y el Paz. Viene esto a colación porque el antiguo Bilbao, después llamado Bristol (una tragedia que costó vidas lo rebautizó) es hoy sala de ensayos del Teatro de La Zarzuela. El miércoles pasado, los 20 jóvenes que van a estrenar La Gran Vía, dentro del Proyecto Zarza, calentaban voz y cuerpo. Este es el noveno montaje, habrá 12 funciones para escolares (se recomienda a partir de 3º de la ESO) y cuatro para público en general, a partir del 7 de marzo y es el primero que cuenta con músicos de la Joven Orquesta Nacional de España (Jonde).
El proyecto por y para jóvenes salió de la mente bien pensante de Daniel Bianco, predecesor de Isamay Benavente al frente del coliseo lírico madrileño, y este curso cumple nueve años en progresión geométrica, es decir, que su éxito se multiplica con cada nuevo espectáculo. Las chicas son debutantes en el proyecto y algunos de los chicos repiten. A todos se les dibuja una sonrisa en la cara al preguntarles por la obra de Federico Chueca, revista madrileña cómico-lírica, fantástico-callejera en un acto y se muestran defensores a ultranza del género, entre otras cosas “porque ahí están nuestras raíces”, dicen a una sola voz. Nos hemos cruzado con la gentrificación, el fondo buitre y la vivienda turística, rubios, rubias, morenos, con pelo largo y barba, que de todo hay. Y casi ha atravesado el escenario la calle Infantas, la de la Reina, la Plaza del Callao, la calle Montera y la Puerta del Sol. Y que no falte Chanel, no.
Crítica social
En el descanso del ensayo hablamos con cuatro de los jóvenes. Iria Goti y Andrea Rey son dos cantantes gallegas que interpretan a la Menegilda y la Vivienda Turística, Marcelo Solís, es El Caballero de Gracia y la Calle Mayor y tiene dos Zarza ya a la espalda, y Adrián Quiñones, el Sargento Mayor y la Puerta del Sol. Acumula con este tres montajes del proyecto y es quien rompe el hielo: “Estas representaciones dan cabida a los jóvenes que estamos empezando para que tengan su momento. Y eso es estupendo. Enrique Viana ha escrito un libreto adaptado a nuestros días, pero respetando siempre la esencia. Se trata, yo creo, de reivindicar la actualidad, de repasar los problemas de hoy, como son los fondos buitre, el problema de la vivienda o la contaminación acústica, lo mismo que en su día hizo Chueca con los que había a principios del siglo XX. La crítica social estaba y está”, a lo que Marcelo añade que “Viana es un gran conocedor del género y lo trata como debe ser, no lo transforma y sabe perfectamente lo que es La Gran Vía y al traerlo al hoy lo hace mediante alegorías, creando escenas o episodios que hablen de nuestra realidad”.
Andrea ve claro el potencial enorme del Zarza, “que es una manera de llegar a los jóvenes e implicarlos, que conozcan el género y se vuelvan adictos. Los problemas que se plantean también se les plantean a ellos” a lo que Iria añade que “el público joven necesita ver la realidad de su día a día, sentirse conectado con lo que le rodea, que se sientan parte de este proyecto que está hecho por jóvenes y destinado a los jóvenes”. Pero este proyecto pedagógico va bastante más allá de la carcajada: “Es una obra para todos los públicos en la que el director no nos trata de tontos, sino que nos mueve a que pensemos dentro de un contexto divertido”, dice Marcelo, a lo que Andrea insiste en la idea de “mover a la reflexión con temas tan de actualidad como las redes, las pantallas o los móviles”. “No es reír por reír”, añade Adrián, quien habla de lo complicado de conseguir “que los adolescentes puedan separar la vista de la pantalla y seguir durante un tiempo una representación porque reciben tantísimos estímulos que es complicado que se concentren”.
Para Iria, cantante que está becada por la Fundación ÓPERA ACTUAL, “lo que esta obra quiere conseguir es que se salga del mensaje y de la pantalla, retener a los jóvenes y que estén atentos a lo que sucede en el escenario. No es sencillo mantener ritmo y atención, pero en ello estamos” y subraya que “la experiencia es muy satisfactoria. A mí me encanta la ópera, pero la zarzuela conecta con nuestra cultura y nuestras raíces”. Dice Adrián que “proyectos como este significan un reto que es necesario apoyar porque hay público muy reacio al cambio, que a la mínima se levanta y se marcha. Y Zarza es open your mind”. Todos coinciden en la buena salud del género, en la larga vida que tiene por delante y en la responsabilidad común de mantenerlo y actualizarlo. “Mente abierta”, recalca Iria.
Motivación diaria
Los ensayos, aunque duros, les motivan cada día. Comparten muchas horas. “Necesitamos las energías de los otros”, asegura Iria, mientras que Andrea añade que “nos vamos aportando unos a otros, nos ayudamos”. Marcelo comenta que “formar parte de este proyecto de la programación del Teatro de la Zarzuela es una enorme motivación. Hay que venir a disfrutar, porque si no, no merece la pena. Casi la mitad de los 20 artistas proceden de la lírica y el resto, del musical. Hay trasvase de conocimientos y ayuda siempre”, subrayan. ¿Es Enrique Viana un hueso duro de roer? “Es exigente e inteligente”, se adelanta Marcelo. “Le admiramos mucho”, sigue. “Lo tiene todo muy en la cabeza y te proporciona la información que necesitas y eso nos ha dado mucha confianza”, cuenta Adrián.
Tener en este montaje a 14 músicos de la Jonde es otro aliciente más, y ya van unos cuantos. “Es fantástico y tocan divino”, salta Andrea, “con lo que el resultado musical y artístico es estupendo”, cierra Iria. Que el Proyecto Zarza interesa y gusta es un hecho. Todos a una voz dicen bien alto que repetirían siempre (dos ya lo han hecho) y que “Bianco dio en el clavo” cuando lo puso en marcha. ¿Y qué es lo que les pone más nerviosos? Y también coinciden los cuatro: “El coloquio. A veces te encuentras con cada pregunta…”. Y en ese caso piensan que lo mejor es pasarle la patata caliente a Enrique Viana, que de teatro sabe lo que no está en los escritos. “Llegar hasta aquí es muy importante”, dice el director mientras repasa la Bristol con la mirada, “pero lo gordo es subir al escenario, salir a escena”. “Da gusto trabajar con estos chavales, que son buenísimos y tienen un nivelazo, pero repito que lo importante es llegar al escenario. Yo estoy extenuado, pero merece la pena porque ellos te recargan las pilas cada día”. Este grupo de 20 lo da todo. Ensayan ellos con los pantalones remangados y tacones, se mueven con soltura y están atentos a cada indicación del director de escena.
© Teatro de La Zarzuela / Gemma ESCRIBANO Un momento del ensayo de 'La Gran Vía' del proyecto Zarza
El texto lleva la impronta de Viana: “Por encima de todo es crítico, irónico, con el objetivo de que se ponga a trabajar la mente del espectador, que piensen en el mensaje. No es el humor del tartazo. Hay momentos de enorme seriedad, como cuando tratamos el tema de la soledad. Vivimos hiperconectados, pero los seguidores de redes no son amigos, son likes, no tienen alma. Es un mensaje que me gustaría que calara entre los chavales”, asegura. El texto original tiene alrededor de un 85 por cien de verso, mientras que Viana lo ha rebajado a un 25 por ciento. La Gran Vía es también la contaminación lumínica, acústica y atmosférica, el problema de la vivienda, los fondos buitre, la Inteligencia Artificial… El mar de gente que pasa cada día por ella: “Es un personaje vivo que ha ido transformándose con el tiempo”, añade Viana, quien se define “madrileño por encima de todo, adoro esta ciudad. Fuera de ella no podría vivir, soy una piltrafa”. La obra destila el perfume de Chueca, el aroma y la música que había en tantas casas “porque la música posee ese poder evocador de llevarte a otro tiempo. La zarzuela hay que sentirla y saber hallar la música que está dentro de la partitura”, comenta.
En el ensayo, las dos intérpretes de Menegilda cantan su tango. Estupendas ambas, que llegan al escenario arrastrando su bolsa de la compra y despliegan su tabla de planchar y que nos invitan a introducirnos en el arte de sisar. A Viana le encanta, por ejemplo, la Jota de los ratas y la seriedad del monólogo del sargento “que puede arrancar risas al principio, pero que después desaparecen porque dice cosas muy serias”. Sin embargo, el maestro Néstor Bayona se decanta por la mazurca de los marineritos “que me parece que es, sin duda, uno de los hits musicales de esta obra, que tiene unos cuantos” y tararea “Cuando contemplo con alegría…” “En cuanto a construcción del espectáculo es un número magnífico”, apostilla. Y es que Chueca es sinónimo de… “Madrid. Y lo escuchamos a lo largo de la obra. Todo va dirigido a hablar de la ciudad. Es una música que hay que escuchar porque dice mucho. Los artistas son fantásticos, lo mismo que el ensamble. Funciona perfectamente el conjunto”.
Cuenta el director de orquesta que ha repetido la instrumentación original de Chueca y, dentro de ella, destaca la importancia de la percusión “que teníamos que subrayar para que cada número ofrezca una visión rítmica”, y así suenan el bombo, los platillos, la batería, el timbal y hasta el triángulo. “Esta Gran Vía es y suena a Chueca. Yo creo que este tipo de iniciativas son una puerta perfecta de entrada al género lírico, porque hay música, diálogo, interpretación y una partitura que se te va a quedar grabada y vas a seguir cantando cuando acabe la función. Pura alegría”. Y damos fe de ello.- ÓA
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