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Vuelve al Real el Puccini colosal de ‘Turandot’
Con el montaje de Bob Wilson el coliseo despide su temporada ofreciendo 17 funciones –con tres repartos– dedicadas a la memoria de Pedro Lavirgen. La obra viajará con la compañía madrileña al Festival de Granada
Madrid
Teatro Real
Puccini: TURANDOT
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La princesa Turandot: Anna Pirozzi / Ewa Plonka / Saioa Hernández. El príncipe desconocido (Calaf): Jorge de León / Michael Fabiano / Martin Muehle. Liù: Salomé Jicia / Ruth Iniesta / Miren Urbieta-Vega. Timur: Adam Palka / Liang Li / Fernando Radó. Ping: Germán Olvera. Pang: Moisés Martín. Pong: Mikeldi Atxalandabaso. El emperador Altoum: Vicenç Esteve. Un mandarín: Gerardo Bullón. Orquesta Titular del Teatro Real (O. S. de Madrid). Coro del Teatro Real (Coro Intermezzo. Dirección: Andrés Máspero). Dirección musical: Nicola Luisotti / Diego García Rodríguez. Dirección de escena: Robert Wilson.
Granada
Festival de Granada
Puccini TURANDOT
12_07 (En versión de concierto) Palacio de Carlos V
La princesa Turandot: Anna Pirozzi. El príncipe desconocido (Calaf): Jorge de León. Liù: Salomé Jicia. Timur: Adam Palka. Ping: Germán Olvera. Pang: Moisés Martín. Pong: Mikeldi Atxalandabaso. El emperador Altoum: Vicenç Esteve. Un mandarín: Gerardo Bullón. Orquesta Titular del Teatro Real (O. S. de Madrid). Coro del Teatro Real (Coro Intermezzo. Dirección: Andrés Máspero). Dirección: Nicola Luisotti.
El Teatro Real repone el montaje estrenado en 2018 que firma Robert Wilson, con Nicola Luisotti en el podio. El coliseo cierra así la temporada con esta imponente ópera ofreciendo 17 funciones –con tres repartos– y dedicadas a la memoria de Pedro Lavirgen, recientemente fallecido, uno de los grandes intérpretes de Calaf. La ópera de Puccini viajará con la compañía del real al Festival de Granada, donde se ofrecerá en una única audición en forma de concierto.
Puccini falleció en Bruselas de un cáncer de garganta en noviembre de 1924. Fumaba compulsivamente, casi desde niño. Le gustaba tanto como conducir. No pudo, pues, acabar su última ópera, Turandot para la que los libretistas Adami y Simoni reescribieron el texto varias veces. Él esbozó el final y pidió que fuera Riccardo Zandonai quien concluyera la obra, aunque fue finalmente Franco Alfano quien lo hizo. El Teatro Real cierra la temporada con la producción que estrenara en 2018, firmada por Robert Wilson y con Nicola Luisotti en el podio, el mismo dúo que triunfó hace cinco años. “El tándem funcionó entonces y estoy convencido de que volverá a hacerlo ahora”, apunta a ÓPERA ACTUAL Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real. “Hace cinco años Wilson estrenaba este montaje que prometía ser uno de sus trabajos operísticos importantes por la afinidad entre su estética y la de la obra póstuma de Puccini, pero los resultados artísticos estaban por ver. Hoy la producción se ha convertido en uno de los mayores triunfos internacionales del teatro. Y Nicola Luisotti ha demostrado que no se puede dirigir mejor esta partitura colosal, la más ambiciosa y bien orquestada de la obra de Puccini”.
Nacida al final de su vida, Puccini empezó a trabajar en la música en marzo de 1920. Sin embargo, la ópera iba a suponer un cambio con respecto a su producción anterior. Matabosch explica este giro: “El amor valiente y generoso de Calaf, capaz de vencer la resistencia del orgullo estéril y el egoísmo de Turandot, se podría haber expresado desde un código realista rebosante de intrigas anecdóticas. Es lo que, seguramente, hubiera llevado a cabo Puccini décadas antes, cuando todavía era un compositor alineado con el costumbrismo sentimental, dotado de una innegable habilidad para que las pasiones y los desengaños amorosos tuvieran sobre el público un efecto estimulador de los lagrimales. Por el contrario, en este Puccini tardío se decidió a reinventar su propio código estético. Turandot es una obra en las antípodas de aquella dramaturgia realista y conmovedora que había sido su sello de identidad. Posee la rigidez coral propia del oratorio, la estructura dramática de un misterio pagano, de un fresco ceremonioso, vasto e inmóvil, de un universo cerrado, puramente legendario, extraño a cualquier lectura ajena a la metáfora, plenamente adscrita a la estética simbolista. Incompatible, en su esencia, con ese pueril realismo de cartón piedra, abigarrado y grandilocuente, con que suele representarse desde la más absoluta insensibilidad hacia la estética propia de la obra”.
Y es que Puccini no fue sino “víctima” de su tiempo, en pleno auge de los movimientos vanguardistas en Europa que afectaron a todas las disciplinas artísticas. Señala Matabosch que es el personaje de la dulce Liù, que se contrapone a la fría y hierática Turandot, la única concesión que el compositor se permite a su legado del pasado: “Es la única que pertenece al tradicional universo lírico-sentimental pucciniano: la víctima sacrificada que afronta el suicidio para que el hombre que ama triunfe sobre el desprecio distante de la princesa”.
En cuanto a la importancia del coro en esta obra, el director artístico del Real apunta que aquí adquiere una notoriedad dramática esencial: “Es el coro de una tragedia clásica que comenta las peripecias del drama, cuando no se convierte en epicentro mismo de la acción. También es anti-realista el trío de máscaras reminiscente del teatro veneciano, heredero de la Commedia dell’arte, que introduce un distanciamiento que impide la dulce anestesia de la identificación y rompe la ilusión escénica realista entre personaje y persona. Ping, Pang, Pong son criaturas grotescas, ácidas y siniestras, que evocan a una corte en decadencia, sádica y macabra, de manera idéntica a las máscaras que satirizaban las costumbres e instituciones venecianas de la época de Carlo Gozzi. Este es un Oriente visto como un lugar inexplorado, salvaje, cruel, hostil y fascinante. Una civilización extraña y alejada en el tiempo, donde reina un clima despiadado y ritual que sirve de marco a la historia”.
© Teatro Real / Javier DEL REAL Gregory Kunde como Calaf y Yolanda Auyanet como Liù, en el estreno de la producción de Robert Wilson en noviembre de 2018
Producción agotadora
La soprano Anna Pirozzi es una de las tres cantantes que dará vida al rol titular tanto en el Teatro Real como en la función en el Festival de Granada. Ella dio voz a la princesa Turandot solo cuando se vio capaz de afrontar el personaje: “Es un papel al que se llega cuando se ha alcanzado un punto de madurez vocal, técnica y de profundización en el repertorio importante. Durante años lo rechacé, ahora llevo unos cuantos cantándolo. Es un rol corto, pero muy difícil; hay que tener una inmediatez de notas agudas, muy presente en la partitura. Y también un fuerte componente interpretativo para un papel que creó problemas y dudas al propio Puccini y que sigue siendo controvertido, sea cual sea el final elegido”.
Califica la producción de Wilson como “agotadora”, porque, asegura, “el estatismo de los personajes está lleno de atención y tensión, a veces con apoyos precarios, como la punta de un pie. No te puedes relajar porque esta Turandot exige toda nuestra concentración. Wilson se centra mucho en las luces, dejándonos a los cantantes un papel muy estático, lo que crea una tensión del cuerpo concentrada en movimientos de brazos y manos. Trabajé con Wilson en Macbeth en São Paulo en 2012 después en Bolonia con el mismo título, así que conozco su visión como director”.
Según Joan Matabosch un aria tan popular como “Nessun dorma” puede llegar a tener vida propia. “Está integrada en el tejido musical del tercer acto y nada invita a que sea extraída como una pieza que tenga sentido por sí misma. Pero una cosa es lo que el compositor pensaba y otra lo que sucede cuando el público hace suya una obra y toma sus propias decisiones. Ciertamente, ‘Nessun dorma’ se ha convertido en una de las páginas más populares de la lírica y hay quien solo conoce Turandot como la ópera a la que pertenece este fragmento. No vamos a quejarnos por ello. Seguro que quien asiste al teatro a escuchar ‘Nessun dorma’ se va a encontrar con que en esta obra hay muchas cosas más que merecen conocerse. Y si es lo que le ha abierto esas puertas, bienvenida sea el aria del tenor con todos sus ‘Vincerò!’”.– ÓA
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