Proyecto Zarza: Una zarzuela de película llamada 'Bohemios'

La obra de Amadeo Vives, que transcurre en un Madrid actual, bullicioso y lleno de desafíos, sube a escena interpretada por jóvenes artistas

17 / 02 / 2026 - Gema PAJARES - Tiempo de lectura: 5 min

'Bohemios' Proyecto Zarza Un ensayo de 'Bohemios' del Proyecto Zarza © Teatro de La Zarzuela
'Bohemios' Proyecto Zarza Un ensayo de 'Bohemios' del Proyecto Zarza © Teatro de La Zarzuela
'Bohemios' Proyecto Zarza Intérpretes de 'Bohemios' del Proyecto Zarza de 2026 © Teatro de La Zarzuela

El Proyecto Zarza vuelve un año más al Teatro de la Zarzuela, y con este son ya diez. La obra de Amadeo Vives, Bohemios, estrenada en este teatro hace más de un siglo, es la protagonista del montaje, que transcurre en el Madrid del siglo XXI, donde un grupo de jóvenes vive sus aventuras, retos y también el lado más amargo de la vida. Al frente de la dirección de escena está la soprano Nicola Beller Carbone y en el podio el maestro Julio César Picos, que dirigirá a los músicos de la Jonde a partir del día 20 de febrero.

Escribe el querido y recordado Luis G. Iberni en el Diccionario de la Zarzuela que Bohemios, obra de Amadeo Vives (Collbató, Barcelona, 1871-Madrid, 1932) estrenada en marzo de 1904, fue acogida por la crítica “con entusiasmo, señalando que “entretiene al público, le recrea y este paga con aplausos”, destacando también que el éxito correspondió a Vives, que ha escrito una partitura “briosa e inspirada”. La obra se instaló en el repertorio casi de inmediato y apenas un mes más tarde se estrenaba en Barcelona, en la que “el público puesto en pie llevó su entusiasmo a extremos enloquecedores”. Unas cuantas reposiciones después y más de cien años desde esa primera vez, vuelve al que es su coliseo dentro del Proyecto Zarza del madrileño Teatro de la Zarzuela, que este año cumple una década divulgando el género hispano entre los más jóvenes. No es el París romántico de 1840 el telón de fondo del montaje, sino un Madrid ruidoso y acelerado en el que pasa casi de todo. Subirá al escenario el 20 de febrero y contará con funciones tanto para el público como para escolares, como es habitual.

La escalera de la Sala Bristol, en pleno corazón de la madrileña calle Fuencarral, se antoja endiabladamente empinada, como una ascensión de un ochomil, sobre todo si la lluvia arrecia y el paraguas se enreda con la puerta de entrada y se revuelve hasta dejar en el camino un par de varillas. Es lo que tienen el agua y el viento cuando se alían. Una vez concluida la subida, todo es buen ambiente. La sala de ensayos está repleta de jóvenes con ganas de cantarlo y darlo todo. En el intermedio del ensayo ÓPERA ACTUAL habla con Nicola Beller Carbone, soprano que firma la escena, y con el maestro Julio César Picos, que estará al frente de la Joven Orquesta Nacional de España (Jonde). La obra cuenta con una dramaturgia nueva que firma Nando López. Ambos están satisfechos del trabajo “aunque aún falta un poco, pero tiene muy buena pinta”, aseguran al unísono, al tiempo que coinciden en señalar que “es una zarzuela difícil de llevar a escena”. Las voces, todas líricas, subrayan, requerían en este caso un plus “y hemos hecho un buen casting, aunque en ocasiones ha sido muy complicado decidir y seleccionar porque hemos escuchado a chavales impresionantes. Va más allá de lo que hasta ahora ha sido el Zarza”, comenta la soprano, para quien Bohemios “es un número uno. Yo lo propuse porque me parecía una apuesta muy interesante. Me fascinaba la idea de poder añadir una historia, que es en este caso un set en el que se está rodando una película. Por allí desfilan el director, el productor, los chicos y chicas que lo interpretan, todo el equipo y también hay un local de encuentro, el Sisterland, que se autogestiona. El productor es un tipo sin escrúpulos que utiliza métodos abusivos; incluso llega al acoso sexual. Es una apuesta que recoge temas de actualidad total como el problema de la vivienda, el futuro incierto, la precariedad laboral…”, dice Carbone. ¿Y cómo acaba? “Ellos acaban por autogestionar la película y el productor…” Y hasta ahí puede escribirse.

Para Isamay Benavente, directora del Teatro de la Zarzuela, se ha elegido en esta ocasión “un título que significa un pasito más en este proyecto y que supone también un reto para los cantantes, pues, además de que sean voces líricas, los intérpretes van rotando en los papeles de tal manera, como ya hicimos el año pasado, que todos se tengan que enfrentar al desafío de la partitura”. Añade su satisfacción por la labor de los dos directores, “que se han entendido de maravilla y trabajan muy bien juntos. Nicola, además, está acostumbrada a lidiar con jóvenes y a estar al otro lado, sobre el escenario, es decir, que sabe transmitir y que lo que se ve le llegue al público. Y qué decir del maestro Picos, que viene de la escuela de José Miguel Pérez-Sierra”, director musical del coliseo madrileño.

Señala Benavente que la incorporación de los músicos de la Jonde es “ir otro paso más allá, al tiempo que se logra una conexión entre la escena y la música. Son jóvenes todos y se entienden bien”, asegura. Y como es un proyecto “por y para jóvenes”, los diferentes departamentos creativos también han contado con sus asistentes o becarios: “La juventud ya no está solamente en los cantantes. Está por todo el teatro. Y todo esto con la vista puesta en el futuro y en la profesionalización de ellos”. Diez años del Zarza no han hecho sino dar alegrías un año tras otro, dice la directora del coliseo de este “bomboncito”, como lo define heredado de su antecesor, Daniel Bianco. El siguiente, que será el número once, ya está en marcha y contará con una mujer como directora de escena.

Julio César Picos dirige a los 16 músicos de la Jonde en este montaje de la obra de Vives

Julio César Picos es un director de orquesta bien curtido en el género. “El libreto de esta zarzuela es como una Bohème algo descafeinada. No hay conflicto de ningún tipo. Todos son felices”, asegura. Ahora, ese conflicto existe, “y es el público el que debe preguntarse cómo puede ser ese futuro. El horizonte queda abierto para decidir. El Zarza se presta a ello y te da toda la libertad. Lo que hemos hecho es adaptar un espectáculo nuevo con autonomía para modificar y cambiar e incluso ser valientes en lo musical”. Las notas las ponen los 16 miembros de la Jonde “que están haciendo un trabajo estupendo. Poseen una energía que se contagia. Me remito a la frase que decía Zedda: ‘La energía genera energía’ y aquí es un hecho. Muchos de los músicos no sabían lo que es tocar en un foso porque no lo habían hecho antes y están encantados”. 

Nicola Beller Carbone: "Es maravilloso trabajar con artistas dispuestos a probarlo todo, que quieren ir un paso más allá"

Nicola Beller Carbone destaca que trabajar con este grupo de jóvenes “significa que están dispuestos a probar todo, quieren ir un paso más allá, no tienen experiencia y necesitan una mano. Es maravilloso trabajar con artistas que no te dicen que no”, señala. Energía, describe, sí, de la buena, pero también fricción “capaz de producir energía. No tenemos que caer en esa figura maternal que los lleve de la mano siempre; hay que frenar, tiene que haber un correctivo e indicarles, aunque les cueste, por dónde es mejor que caminen”, lo que hace suyo Picos, quien añade que “tiene que tener la percepción de que se les guía, y al tiempo de que es su producción, que se les da voz para que puedan expresarse. Y creo que sí tienen esa sensación”. “Yo añadiría que tenemos que quitarles los miedos y los complejos que traen. Y hemos de hacer a veces autocrítica extrema y decirles: “Arriesga y mójate y no te escondas detrás del cantante para no ir a la aventura”, opina la soprano.

Dieciséis son los cantantes líricos de Bohemios, [entre los que se cuenta la soprano Iria Goti, becada por la Fundación ÓPERA ACTUAL] muy mezclados (serán solistas en unas partes y cantarán las partes del coro en otras), asienten los directores. Todos hacen de todo, con lo que ensayan doble o triplemente. “Es decir que trabajamos con 16 intérpretes, pero con no menos de cuarenta historias. Y es que la zarzuela vive del ritmo, de que no haya vacíos”, subraya Beller Carbone. Para el maestro y la regista, llegar al escenario es un examen porque ahí “se ve todo lo real y el trabajo de estas semanas. Transmiten buenas vibraciones. La juventud te da alegría y recibes muchísimo”, dicen a una sola voz. Y Picos aprovecha para destacar el nivel y la exigencia del grupo, así como la labor del coro, de enorme importancia. Ambos también están de acuerdo al referirse al lado menos agradable de las audiciones, que el director de orquesta califica de “inhumanas y bastante duras. A veces es como echar los dados. Esta vida exige un sacrificio continuo”. Para la directora de escena, “hay que fijarse en el conjunto. Ellos cantan muy bien, pero eso no es todo. Hay que saber estar en un escenario, tener presente el espacio. Algunos lo saben; a otros has de explicárselo porque la competencia en este mundo es feroz”.

Cuando Vives suena a Vives

¿Cómo suena este montaje de Bohemios con la Jonde? Julio César Picos no alberga dudas a la hora de responder:  “Tengamos en cuenta que Amadeo Vives es uno de los grandes de su tiempo y de los más importantes orquestadores, aparte de un músico de gran cultura que conocía perfectamente el repertorio. Se nota en la partitura el lirismo, que está influido por el verismo italiano. Creo que hemos superado el reto y conseguido que estos 16 músicos suenen muy bien, como los profesionales que son. Parece que tuviéramos una orquesta más grande en el foso. La esencia está en la música y aquí suena de maravilla”, explica. El tiempo de descanso acaba y los directores vuelven a la sala. Es hora de una sesión de fotos. Todo el grupo, cantantes y músicos, posan con la camiseta del Teatro de la Zarzuela, roja y con una Z bien grande. A ellos se unen Nicola Beller Carbone y Julio César Picos. Vives, seguro, estaría orgulloso. Y vuelta al ensayo.– ÓA

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