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El Festival Perelada celebra 40 años con una inauguración lírica de excepción protagonizada por Ermonela Jaho y Benjamin Bernheim
El Festival Perelada celebra su 40ª edición del 17 de julio al 9 de agosto de 2026
El Festival Perelada alcanza este hito con un patrimonio artístico y cultural inigualable a sus espaldas y una mirada decididamente proyectada hacia el futuro, fiel a sus inconfundibles señas de identidad. En su 40.ª edición, más que celebrar el verano, su director, Oriol Aguilà, propone «una celebración de la vida. Un festival es un ritual, un acto colectivo en torno a la expresión artística». Un año más, el certamen ampurdanés reúne a una constelación de grandes nombres de la lírica, la danza, el teatro y, en definitiva, de las artes escénicas y la cultura.
La edición de verano se inaugura con una pareja artística excepcional: la soprano Ermonela Jaho y el tenor Benjamin Bernheim, dos de las voces más destacadas del panorama operístico actual, acompañados al piano por Marcos Madrigal.
El programa propone un recorrido por algunas de las páginas más emblemáticas de la ópera italiana y francesa, concebido no como una simple sucesión de arias, sino como un itinerario expresivo que transita de la delicadeza más íntima al dramatismo más intenso. En este recorrido, la voz se convierte no solo en vehículo de la emoción, sino también en el espacio donde confluyen el texto, la música y la conciencia dramática.
Ermonela Jaho ha hecho de la intensidad interior y de la verdad escénica el núcleo de su arte, con una afinidad singular por el repertorio verista y pucciniano, donde la emoción se manifiesta con una sinceridad desarmante. Benjamin Bernheim, heredero de la gran tradición vocal francesa, construye su canto desde la elegancia de la línea, la nobleza del timbre y un refinado sentido del fraseo, cualidades que le permiten abordar con naturalidad el gran repertorio romántico.
Las obras de Cilea, Puccini, Verdi, Gounod y Massenet que integran este recital ponen en diálogo estas dos maneras de habitar la voz: desde la intensidad dramática de Tosca o Werther hasta la fluidez melódica de Adriana Lecouvreur o La rondine. Más que establecer un contraste, el programa dibuja una continuidad de emociones, un espacio donde la fragilidad y la fuerza dramática conviven y se enriquecen mutuamente.
Una inauguración que trasciende el virtuosismo vocal para reivindicar el canto como una forma de pensamiento, emoción y experiencia compartida, capaz de conmover y cautivar al oyente desde el primer instante.— ÓA
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