'Caserío' revivido en el festival ovetense

El encanto y el color de la música de Guridi alcanzan su máxima expresión en 'El caserío', una partitura que mira con amabilidad al mundo pastoril

15 / 06 / 2023 - Mario MUÑOZ - Tiempo de lectura: 3 min

Una escena de 'El Caserío' © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL

Oviedo

Festival de Teatro Lírico
Guridi: EL CASERÍO
22, 24_06

Tío Santi: Damián del Castillo. Ana Mari: Mirem Urbieta-Viega. José Miguel: Antonio Gandía. Inosensia: Serena Pérez. Txomin: Carlos Cosías. Eustasia: Itxaro Mentxaka. Oviedo Filarmonía. Capilla Polifónica Ciudad de Oviedo. (Dirección: José Manuel San Emeterio). Dirección musical: Lucas Macías. Dirección de escena: Pablo Viar.

 

El encanto y el color de la música de Guridi alcanzan su máxima expresión en El caserío, una partitura que mira con amabilidad al mundo pastoril y que se aferra a la idea de la sencillez como clave vital: en el imaginario Arrigorri del libreto la risa, el sonido del arroyo o el amor sin dobleces forman parte del secreto de la vida. 

Bajo el disfraz del estereotipo regionalista en ocasiones las zarzuelas consiguen retratos fieles de lo complejo. El caserío, estrenada hace casi un siglo cuando Jesús Guridi ya había superado sus reticencias iniciales hacia el género, retrata algo más que el ambiente vasco del baserri. Se trata de herencia y pertenencia, el apego a una tierra, un nombre y una casa que no han de dividirse porque en ellas habita la identidad. Lo que se cultiva en el utópico Arrigorri no es la tierra, sino los dones; por eso algunos de sus personajes son afables, generosos u honestos.

El juego del personaje

De entre ellos destaca el Tío Santi, preocupado de su caserío y del porvenir de Ana Mari, y que es la quintaesencia de la integridad, un personaje justo, uno de esos hombres que, como decía Machado, “donde hay vino, beben vino; donde no hay vino, agua fresca”. Santi ve –en palabras de Damián del Castillo, el encargado de darle vida en el Teatro Campoamor– cómo la vida lo coloca en un punto en el que su sentido común y práctico deben estar muy presentes para hacer frente a ciertos dilemas que debe resolver con eficacia. “Siempre que me toca debutar un personaje trato de profundizar y encontrar rasgos de su personalidad que se asemejen en cierta forma a los míos o, por el contrario, que los alejen”, comenta a ÓPERA ACTUAL el barítono ubetense.

"Guridi despliega en las romanzas que articulan el conflicto su capacidad no solo para vehicular la emoción, sino también para delimitar las aristas de lo cotidiano, la sombra de lo que la sociedad no permite"

“El honesto Tío Santi intenta pasar el testigo de sus posesiones de la manera más equitativa y ética posible, con la dificultad de no herir sensibilidades de las personas más allegadas. Para ello, debe hacer gala de un arbitraje incómodo entre Ana Mari y José Miguel, con él en medio de ambos y como ocurriera en su pasado, tendrá que volver a sacrificarse en pos de la buena armonía familiar y social”.

Guridi despliega en las romanzas que articulan el conflicto su capacidad no solo para vehicular la emoción, sino también para delimitar las aristas de lo cotidiano, la sombra de lo que la sociedad no permite. “En la visión general, la música de El caserío es una delicia por la calidad y la inclusión de guiños a músicas folclóricas que acercan sobremanera la trama al lugar geográfico donde se desarrolla”, continúa Del Castillo. “En lo particular, la escritura que Guridi hace para Santi es siempre muy coherente con todas las acciones escénicas y las justifica de una manera muy natural a lo largo de toda la partitura. Además, a nivel técnico hace que me encuentre muy cómodo. Se agradece encontrarte con una tesitura real de barítono, algo poco frecuente si miramos otras de distintas zarzuelas coetáneas, en las que casi siempre están en el límite entre el barítono y el tenor”, detalla el cantante.

Para cerrar esta edición del Festival de Teatro Lírico Español de Oviedo, la de su 30º cumpleaños, se repone el bello montaje de El caserío de Pablo Viar, hecho en 2011 para el Teatro Campoamor y el Arriaga. La melancolía, la belleza de las tradiciones y una cierta épica se acercan a esta “aldea soñada”, según la definía el propio Viar, donde cualquiera querría perderse.– ÓA

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