Madrid: Un 'Caserío' comunitario

07 / 10 / 2019 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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Una escena de 'El Caserío' en la puesta en escena de Pablo Viar © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
De izquierda a derecha, el barítono Ángel Ódena, la soprano Raquel Lojendio y el tenor Andeka Gorrotxategi © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
Se contó con las coreografías de la Aukeran Dantza Konpainia © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL
Una escena de 'El Caserío' con los actores y cantantes del primer reparto © Teatro de La Zarzuela / Javier DEL REAL

Teatro de La Zarzuela

Guridi: EL CASERÍO

Raquel Lojendio, Àngel Òdena, Andeka Gorrotxategi, Marifé Nogales, Pablo García-López, Itxaro Mentxaka, Eduardo Carranza, José Luis Martínez. Aukeran Dantza Konpainia. Coro Titular del Teatro de La Zarzuela y Orquesta de la Comunidad de Madrid. Dirección: Juanjo Mena. Dirección de escena: Pablo Viar. 3 de octubre de 2019.

El Teatro de La Zarzuela ha puesto remedio a la larga e injustificable ausencia de su escenario de El Caserío. Estrenada en 1927, la obra de Guridi es un producto de los años más tardíos del género y conoció una popularidad inmediata por su buena factura dramática, su riqueza orquestal, su inspiración melódica y la muy inteligente recuperación de la música popular vasca, que fascinaba a Guridi.

"Andeka Gorrotxategi hizo gala de gran vitalidad en la actuación, con una emocionante 'No sé qué veo en Ana Mari'”

Así es como aparecen zortzikos, canciones folklóricas y hermosas adaptaciones populares. Les dio vida con gran energía y precisión la Aukeran Dantza Konpainia (sobraban las camisetas de tirantes, de efecto poco estético). La Orquesta de la Comunidad de Madrid, a las órdenes de Juanjo Mena, brilló con chispa, fluidez y delicadeza, al igual que el Coro Titular del Teatro, con intervenciones de peso desde el primer momento, y más en una puesta en escena como esta. Raquel Lojendio dio vida con soltura y elegancia a la encantadora Ana Mari, con una voz limpia y bien emitida, aunque falló en algunas notas agudas.

El Tío Santi de Àngel Òdena resultó un poco hierático, lo que contrastaba con una voz tal vez un poco menos ancha de lo que pide el personaje; estuvo espléndido, en cualquier caso, en cuanto a expresividad y a la belleza del instrumento. Andeka Gorrotxategi, en cambio, hizo gala de gran vitalidad en la actuación, con una emocionante “No sé qué veo en Ana Mari” –tan evocadora del exotismo de Los pescadores de perlas en el acompañamiento– y, de nuevo, una voz un poco más ligera de lo que cabe esperar. Excelente y divertido el Txomin de Pablo García-López, bien cantado y actuado, al igual que Marifé Nogales como Inosensia: el precioso dúo cómico fue de los que no se olvidan.

Excelentes actuaciones de Itxaro Mentxaka, Eduardo Carranza y José Luis Martínez. La puesta en escena, que firma Pablo Viar, ya vista en Madrid en los Teatros del Canasl, reduce el escenario a dos localizaciones: el portalón del caserío y un frontón. Una solución elegante, tal vez un poco demasiado abstracta, pero adecuada para una visión de la obra en la que los protagonistas casi nunca están solos. Todo se comparte con el pueblo, hasta el punto que el “relato” de Ana Mari hace un guiño a La sonámbula, como para darle más intensidad interior.

Renovando una larga tradición de apego a lo popular, este Caserío homenajea un cierto comunitarismo. Eso permite sacar a la luz, con respeto, los aspectos más tradicionales de la obra. Contrasta en cambio con unas voces que evocan un estilo casi rossiniano. Una propuesta atractiva, interesante y muy recomendable.