CRÍTICAS
NACIONAL
Unas 'Nozze' sin riesgo inauguran el curso de la FOC
Sabadell
Fundació Òpera Catalunya
Mozart: LE NOZZE DI FIGARO
Inauguración de la temporada
La Fundació Òpera Catalunya inauguró su temporada con el primer título de la trilogía Mozart-Da Ponte, Le nozze di Figaro, convertido ya en un clásico del repertorio operístico sabadellense (ver previa en este enlace). La dirección artística de la casa, frente al reto de un cartel extenso y difícil como este, ha apostado por un reparto más bien joven y de marcado acento catalán. Encabezó la lista Pau Armengol con un Figaro apuesto, de línea cuidada, que se resintió puntualmente en los extremos del registro, fraseado con más dosis de elegancia que de bufonería. Le acompañó en sus andanzas la vivaz Susanna de Rosa Maria Abella, que terminó por conquistar al público del Teatre La Faràndula con su frescor dramático, inteligencia musical y proyección generosa; virtudes que desplegó a lo largo de toda la partitura y en especial en su tardía y deliciosa aria «Deh, vieni, non tardar», a la que solo cabría aconsejar algo más de moderación dinámica.
El inefable papel de la Contessa d’Almaviva se confió a la destacada soprano Maria Hinojosa con un resultado desigual: si bien ni el timbre ni el estilo se amoldan exactamente a la vocalidad mozartiana, la intérprete convenció por instinto dramático e implicación emocional, los cuales se impusieron en la gran aria del tercer acto «Dove sono i bei momenti», una de las joyas más preciosas del legado operístico mozartiano. Tuvo como cónyuge al barítono Ferran Albrich, que firmó un Conte de intachable línea belcantista y temperamento aristocrático, pero al que faltó cierta presencia escénica para redondear el personaje. El Cherubino de la mezzo Laura Orueta fue la feliz noticia mozartiana de la velada, merced a un instrumento magnífico, especialmente cautivador en un tercio agudo luminoso, y al que solo se podría reprochar una articulación algo difusa. Con todo, hizo de su arieta «Voi che sapete» lo mejor de la función.
Completaron el reparto la dulce Barbarina de Laura Gibert y los correctos Arturo Espinosa (Don Bartolo), Jorge Juan Morata (Don Basilio) y Assumpta Cumí (Marcellina), estos dos últimos, desafortunadamente, sin sus respectivas arias del cuarto acto. Asimismo, cumplieron con solvencia teatral Roberto Redondo-Sainz y Víctor de la Fuente en los particcini de Don Curzio y Antonio.
El maestro Daniel Gil de Tejada dirigió la Simfònica del Vallès en una lectura más eficaz que creativa, que puso el énfasis en el esfuerzo concertador de una partitura difícil, más que en la construcción de un discurso propio. La puesta en escena de Miquel Gorriz pecó de falta de incisión en la dirección de actores y de falta de imaginación en los recursos escénicos. Se apoyó toda ella en la escenografía de Jordi Galobart: sobria, agradable a la vista y de corte indiscutiblemente clásico, mucho más acorde a las formas armónicas de Mozart que al imaginario barroco, artificial y abigarrado de Beaumarchais. * Ferran VILA I RIERA, corresponsal en Sabadell de ÓPERA ACTUAL
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