Irregular resultó esta función de Tosca respuesta por la Fundació Òpera a Catalunya para conmemorar el centenario de la muerte de Puccini. La velada transcurrió con luces y sombras que realzaban u oscurecían distintos aspectos de esta obra maestra tan querida por el público y que viajará el sábado 7 al Palau de la Música Catalana de Barcelona (ver previa en este enlace). Carmen Solís en el rol titular, propuso unos agudos sonoros y energéticos; la soprano tiene volumen de sobra para superar a la nutrida y sonora orquesta del compositor de Lucca, así como capacidad dramática para dotar de vida el complejo papel de Tosca. La cantante mostró un vibrato que podía supeditar a la tragedia, por ejemplo, en unas líneas finales cargadas de emoción: la transparencia con la que atacó «O Mario… morto… tu.. così… Finire così!! Così?… povera Floria tua!» fue de piel de gallina, con una voz recogida, ansiosa, pero plenamente presente. Los agudos, sin embargo, tendieron a sufrir con el mencionado vibrato, perdiendo color y capacidad comunicativa. En el «Vissi d’arte« Solís se mostró muy atenta al detalle, lo que reveló de nuevo un espíritu sensible, pero no fue este el nivel general de la velada, en la que prefirió comunicar mediante presencia escénica y volumen de voz, dejando algo de lado la línea musical.    

Enrique Ferrer como Cavaradossi sufrió por las notables exigencias en los agudos; a pesar de que la voz sigue teniendo un bello timbre en graves y medias voces, en cuanto la voz se sitúa en el registro agudo pierde el color, sonando inestable y con notable pérdida de volumen. El tenor conoce bien el papel y sí lo dio todo a nivel escénico, resultando más convincente en el segundo acto, por la naturaleza del drama, que en el primero. Tampoco pudo brillar en los dúos con la soprano al carecer su voz de suficiente metal para superar a la orquesta pucciniana y situarse al nivel de su compañera. En un repertorio más ligero y que no requiriera forzar tanto la voz, se podría lucir más adecuadamente.