CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Una princesa de hielo adolescente
Roma
Festival Termas de Caracalla
Puccini: TURANDOT
Nueva producción
Angela Meade, Maria Grazia Schiavo, Luciano Ganci, Alessio Cacciamani, Haris Andrianos, Marcello Nardis, Marco Miglietta, Mattia Rossi, Piero Giuliacci. Dirección musical: Donato Renzetti. Dirección de escena: Francesco Micheli. 16 de julio de 2024.
Para el centenario de la muerte de Puccini el festival veraniego del Teatro dell’Opera di Roma representó en el gran y espectacular escenario al aire libre de las Termas de Caracalla la ópera póstuma del maestro, Turandot, utilizando el mismo proyecto escénico del famoso arquitecto Massimiliano Fuksas que en los días anteriores había servido también para Tosca (ver crítica en este enlace). La escenografía fija se asemejaba a una montaña de hielo, sobre la cual el director Francesco Micheli proyectó luces, colores e imágenes siempre cambiantes, creando mundos que nacían y desaparecían en pocos momentos. De hecho, Micheli llevó a Turandot al mundo virtual de los videojuegos, imaginando que la protagonista es una joven que, como muchas de las chicas de hoy en día, se relacionan con el mundo solo a través de las pantallas, viven encerradas en su habitación alejadas de la realidad y sin ningún sentimiento, excepto una mezcla de miedo y odio hacia los demás seres humanos.
Esta idea puede ser discutible, pero el resultado fue una fascinante serie de imágenes originales y hasta fabulosas. En cuanto a la dirección de escena entendida en el sentido tradicional, estuvo bien calculada, generalmente medida, esencial, y muy animada cuando entraban en escena Ping, Pang y Pong.
El reparto era prometedor, pero no cumplió todas las expectativas. Una parte de la culpa la tuvo la amplificación excesiva, pero a pesar de ello, Maria Grazia Schiavo logró dar a Liù unas delicadas inflexiones que llegaron adecuadamente al corazón del oyente. En cambio Luciano Ganci, que debutaba en el papel de Calaf, cantó de principio a fin de manera estentórea, siempre excesiva, mostrando un volumen considerable y un buen sello, pero sin matices ni emociones. A pesar de la autoridad en el rol de cantantes históricos como Joan Sutherland, el personaje de Turandot no adecuado para una belcantista como Angela Meade: de ella se podía esperar suavidad y ductilidad en su canto, pero, en cambio, exhibió en su volumen potente y seguros agudos una línea de canto rígida y un sello ácido: mejor que vuelva a las obras más adecuadas para su voz, como las de Bellini, Donizetti y el primer Verdi.
Ping, Pang y Pong fueron, respectivamente, Haris Andrianos, Marcello Nardis y Marco Miglietta, que tomados individualmente funcionaron bastante bien, pero que no siempre estuvieron de acuerdo en cuanto a tempo y entonación… Débil el Timur de Alessio Cacciamani y apreciable el Mandarín del joven Mattia Rossi.
De la dirección musical del experto Donato Renzetti se esperaba algo más; a la orquesta pidió sonoridades siempre ruidosas, que ignoraban la modernidad de colores y ritmos de la última obra de Puccini, aunque con una correcta respuesta de los músicos que siguieron las indicaciones del maestro. El público aplaudió con cortesía, pero sin mucho entusiasmo. * Mauro MARIANI, corresponsal en Roma de ÓPERA ACTUAL





