Una Attila ‘di forza’ en el Real

Madrid

15 / 05 / 2025 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

fabiano radvanovsky 'Attila' en versión de concierto en el Real © Teatro Real / Javier DEL REAL
fabiano radvanovsky 'Attila' en versión de concierto en el Real © Teatro Real / Javier DEL REAL
fabiano radvanovsky 'Attila' en versión de concierto en el Real © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Verdi: ATTILA

En versión de concierto

Christian Van Horn, Artur Rucinski, Sondra Radvanovsky, Michael Fabiano, Moisés Marín, Insong Sim. Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real Dirección: Nicola Luisotti. 14 de mayo de 2025.

 

El Teatro Real se ha especializado en ofrecer óperas de Verdi en versión de concierto, y no cualesquiera, sino más precisamente, y sobre todo, las de juventud y en general menos programadas. Hace algunas temporadas propuso Giovanna d’Arco, en esta le tocan a Attila y a I Lombardi…, y la que viene, si Dios quiere, llegará I masnadieri. La costumbre resulta algo difícil de comprender. Verdi es antes que nada un autor dramático y sus obras, y muy en particular las de los años de galera, están pensadas para la escena. Valga en honor del compositor, sus libretistas y, en general, el arte de la ópera, el hecho de que son obras de tan intensa teatralidad que con una buena interpretación resucitan por sí solas a la vida dramática. Sobre todo si se imagina —mejor dejarlo aquí— lo que haría un director de escena de hoy en día con un tal material…

Para este Attila en versión de concierto, el Real ha reunido un excelente elenco de voces, empezando con Christian Van Horn, un cantante que a pesar de tener la voz un poco demasiado ligera para el papel, y más de barítono-bajo que de verdadero bajo, supo imprimir a su magnífico personaje, el único que demuestra cierta nobleza en esta trama llena de traidores y miserables; se impuso además desde el primer momento, con una autoridad innegable y certera. En el papel diabólico —en todos los sentidos, y muy en particular en el vocal— de Odabella, se lució Sondra Radvanovsky, soprano muy querida por el público madrileño, como el barcelonés, aunque sus defectos aparecieron desde el primer momento: la cavatina di sortita y su correspondiente cabaletta “Da te questo or m’è concesso”, exige desde el arranque unos graves amplios y bien establecidos, que Radvanosky no tiene, lo que desequilibró la emisión en el agudo, que tiende a abrirse hasta, a veces, lo destemplado. De este modo, el lado belcantista del personaje, tan importante, se desvaneció, en particular en el precioso andantino “Oh! nel fuggente nuvolo”. Claro que como Radvanovsky tiene carácter, domina las agilidades en el centro, gusta de hacer teatro —fue la única en toda la velada que lo intentó—, y actúa como una gran cantante, con el carisma de los de otros tiempos, resulta más que comprensible su atractivo.

"Michael Fabiano creó un magnífico Foresto, de lo mejor del concierto, de voz amplia y maleable, perfecta en el registro central y una línea de canto impecable y de extraordinaria expresividad lírica"

Al Ezio de Artur Rucinski le faltó, sobre todo al principio, en el sublime andante del famoso “rendi l’Italia a me”, algo de fuelle y amplitud en el instrumento, imprescindible para hacer creíble la ambición del personaje; poco a poco, fue solventando la carencia con inteligencia y una precisa y consistente línea de canto, lo que le permitió afirmarse en el personaje hasta una preciosa y emocionante “Dagli inmortali vertici”, cantada con el slancio y el sentimiento necesarios. Michael Fabiano, por su parte, creó un magnífico Foresto, de lo mejor de la velada, de voz amplia y maleable, perfecta en el registro central y una línea de canto impecable y de extraordinaria expresividad lírica. Quizás por influencia de su querida Odabella, sacó a relucir demasiados sollozos en “Che non avrebbe il misero”, una de esas maravillas verdianas en las que, sin necesidad de sobreactuaciones, se expresa toda la tristeza del mundo. Muy bien Insung Im en el papel del Papa León I (Leone, en el italiano siempre anticlerical de Verdi y su libretista Temistocle Solera), y eficaz y muy solvente Moisés Martín en su excelentemente cantado Uldino.

Desde el foso —porque con muy buen tino, la orquesta tocó desde allí, y no subida al escenario—, Nicola Luisotti impuso una energía explosiva a la obra; le viene bien, claro está, siendo como es de las óperas patrióticas y populares de su autor, creada para arrebatar el alma desde el primer compás. Aun así, hubo alguna exageración, como el coro de celebración de la fundación de Venecia, que pareció una invitación a saquear la Serenísima. Muy bien la Orquesta Titular, a pesar de alguna falta de matiz en la famosa descripción de la aurora, y grande el Coro que dirige José Luis Basso, conjunto al cual Luisotti exigió toda la potencia posible. Gran éxito, con la Orquesta subida al escenario para recibir la merecida ovación.  * José María MARCO, corresponsal en Madrid de ÓPERA ACTUAL

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