CRÍTICAS
NACIONAL
Un final feliz para la temporada ovetense
Oviedo
Ópera de Oviedo
Mozart: LE NOZZE DI FIGARO
José Antonio López, María José Moreno, Mercedes Gancedo, Pablo Ruiz, Anna Pennisi, Alexandra Urquiola, Valeriano Lanchas, Ruth González, Pablo García-López, David Barrera, Luis López Navarro. Coro Titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo. Dirección: Pablo Moras). Oviedo Filarmonía. Dirección musical: Lucas Macías. Dirección de escena: Emilio Sagi. Teatro Campoamor, 25 de enero de 2025.
La Ópera de Oviedo clausuró su LXXVII temporada con Le nozze di Figaro, la primera colaboración entre Mozart y Da Ponte y, a su vez, segunda entrega de la trilogía de Beaumarchais cuyo episodio inicial, Il barbiere di Siviglia, se pudo disfrutar en el Campoamor, en su versión rossiniana, durante el mes de octubre. La escena de esta producción de la Opéra Royal Wallonie corre a cargo de Emilio Sagi, quien recrea la Sevilla de finales del siglo ilustrado con elegante sobriedad; a partir de un espacio que simula las estancias del conde y la condesa, el salón del castillo y los jardines del mismo va dibujando las escenas a través de una sorprendente pero efectiva economía de medios en la que destaca la arcada que sirve de separación entre las estancias privadas de los condes y los espacios comunes.
La iluminación de Eduardo Bravo (en una reposición de Alfonso Malanda) resulta brillante y efectista –particularmente en el segundo acto–, potenciando aún más la magnífica escena del director asturiano. Muy acertados la escenografía de Daniel Bianco, el vestuario –a cargo de Gabriela Salaverri– y la coreografía de Nuria Castejón, logrando la fusión de estos elementos un todo armonioso y de gran plasticidad.
En el plano vocal, los triunfadores de la noche fueron los condes, con una María José Moreno espléndida que lució una voz esmaltada y supo manejar el volumen para ofrecer momentos de gran belleza y expresividad, por ejemplo, en “Dove sono”. Por su parte, José Antonio López rayó a un nivel muy alto gracias al dominio de su amplio registro y a la elegancia de su línea vocal, elementos que le permitieron matizar, con acierto y garantías, cada una de sus intervenciones.
Pablo Ruiz encarnó a Figaro de forma correcta; aunque le costó asentarse en el papel, dejaría un buen “Aprite un po’ quegl’occhi” en el cuarto acto y su vis cómica aportó dinamismo a la escena. Su compañera de fatigas, Mercedes Gancedo, se mostró solvente como Susanna gracias a su registro central, ofreciendo un meritorio “Deh vieni, non tardar”. Anna Pennisi y Ruth González –en los papeles de Cherubino y Barbarina, respectivamente–, suplieron sus voces ligeras con inteligencia, apostando por unas convincentes líneas de canto que les permitieron estirar los fraseos con mucha intención.
Alexandra Urquiola, debutante en la Ópera de Oviedo con el rol de Marcellina, mostró una voz homogénea repleta de solidez, transmitiendo una notable sensación de madurez y seguridad que intentó trasladar a sus compañeros. El bajo Valeriano Lanchas encarnó un Doctor Bartolo cómico y fiable, con pasajes bien resueltos, como el aria de La vendetta. Correcto el Don Basilio de Pablo García-López, notable Luis López como jardinero y menos afortunado el Don Curzio de David Barrera.
La orquesta Oviedo Filarmonía sustentó desde el foso, con cierta inspiración, la partitura mozartiana bajo las órdenes de su titular, Lucas Macías, quien optó por unos tempi ágiles que no impidieron a los músicos extraer una sonoridad atractiva y ceñirse a las exigencias de la escena, sin resentir en ningún momento la concertación, dejando algunas páginas de gran belleza, como la obertura. El maestro explotó adecuadamente la versatilidad de la OFIL para insuflar el nervio necesario y plegarse a las necesidades de cada artista. Hay que destacar, asimismo, la gran labor del maestro Borja Mariño acompañando los recitativos al clave.
El coro titular de la Ópera de Oviedo (Coro Intermezzo) mostró el nivel que lleva evidenciando toda la temporada, con un grupo de coristas no muy numeroso pero de adecuada proyección, un sonido rico, pujante y empastado y una pasmosa naturalidad para desenvolverse sobre la escena. * Jonathan MALLADA, corresponsal en Oviedo de ÓPERA ACTUAL
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