CRÍTICAS
NACIONAL
Trompicávalas Amor, viaje musical de Pablo García López
Córdoba
Teatro Góngora
Recital de PABLO GARCÍA LÓPEZ
Obras de Juan Hidalgo, Claudio Monteverdi, Girolamo Frescobaldi, Giacomo Carissimi, Antonio de Cabezón y otros. Ignacio Prego, clavecín. Josetxu Obregón, violonchelo. 31 de octubre de 2025.
Aunque el Reino de las Dos Sicilias fue creado en 1816 fruto de la unión de Nápoles y Sicilia bajo la rama menor de la casa de Borbón-Dos Sicilias, y cuya influencia se extendió hasta 1861 con la Expedición de los Mil liderada por Garibaldi, no es menos cierto que las relaciones con España se remontan al siglo XII, a través de la Corona de Aragón, que propició con ambas regiones un intenso intercambio económico y artístico, el cual favoreció la comunicación musical entre la península y los territorios italianos del sur.
Es en este contexto histórico y musical donde se inserta este suculento recital del tenor Pablo García López, que el pasado viernes 31 de octubre acogió el Teatro Góngora de Córdoba bajo el título Trompicávalas, Amor. El cantante cordobés se hizo acompañar por el clave de Ignacio Prego y el violonchelo de Josetxu Obregón, quienes protagonizaron, a lo largo del programa, varias páginas instrumentales que desempeñaron un papel vertebrador y narrativo en este viaje musical que, debido al olvido, adquiría un tono revelador al desvelar conexiones e influencias mutuas en el contexto concreto del Siglo de Oro español.
Este interesantísimo programa ahondaba en las relaciones musicales entre autores españoles de la talla de Juan de Hidalgo y las respectivas influencias con compositores como Alessandro Scarlatti, creador del aria da capo o aria barroca, y de quien se está celebrando su 300º aniversario. No faltaron páginas dialogantes de Carissimi o Monteverdi, obras que, en este contexto, hablan de influencias recíprocas que, en el caso del español —considerado el padre de la ópera local—, vienen a enriquecer los tonos humanos y divinos ya de por sí cuidados en su lenguaje poético y metafórico.
El recital, estructurado en tres capítulos, se iniciaba con la canción Trompicávalas —un viaje por mar— para concluir con Trompicávalas, Amor, a modo de cierre en el tornaviaje. García López es un cantante de gran versatilidad técnica, a la que suma una innata capacidad interpretativa. En el caso de Trompicávalas, navegó entre dos tradiciones que, tras el recital, se muestran permeables y enriquecidas en sus desarrollos, basculando entre los quiebros, glosas y llantos ibéricos y las melodías extendidas que impulsaron la evolución italiana hacia la lírica. En lo vocal, García López se sirvió de su agilidad y del gusto en la ornamentación, apoyado en una inteligible dicción —un punto clave para transmitir la emoción poética—, a lo que se añade su versatilidad al combinar los estilos español e italiano y su habilidad para mudar entre los distintos afectos o tonos. Destacaron especialmente piezas como Quel aguardo sdegnosetto, de Monteverdi; la delicada canción Esperar, sentir, morir, de Hidalgo; y las dos arietas de Scarlatti, «Alma vorresti senza pene» y «Le violette».
En este punto, el trabajo de Prego y Obregón se integró como el de auténticos compañeros de viaje, en un continuo diálogo sobre el escenario, donde el capítulo improvisatorio no solo fue reflejo de la época, sino también parte esencial del hilo conductor del recital. Quedó demostrado, además, que la fusión cultural fue un motor decisivo para la evolución del lenguaje musical europeo. Trompicávalas logró superar expectativas al proponer un diálogo distinto entre intérpretes y oyentes, ofreciendo una experiencia musicológica sólida que, en lo estrictamente musical, resultó sencillamente conmovedora, demostrando que la música, efectivamente, viaja con los sueños. * Alejandro FERNÁNDEZ, crítico de ÓPERA ACTUAL
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