Omán culmina su temporada con Yoncheva, Nucci y una emotiva 'Bohème'

Mascate

20 / 05 / 2024 - Albert GARRIGA - Tiempo de lectura: 4 min

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puccini oman La producción de 'La Bohème' de Jean-Louis Grinda en Mascate © ROHM / Khalid AL-BUSAIDI
puccini oman La producción de 'La Bohème' de Jean-Louis Grinda en Mascate © ROHM / Khalid AL-BUSAIDI
puccini oman La producción de 'La Bohème' de Jean-Louis Grinda en Mascate © ROHM / Khalid AL-BUSAIDI

Royal Opera House

Homenaje a MARIA CALLAS

Obras de Verdi, Puccini y Bizet. Sonya Yoncheva, Leo Nucci, Ragaa Eldin. Dirección: Leonardo Sini. 15 de mayo de 2024.

Royal Opera House Muscat

Puccini: LA BOHÈME

Mariangela Sicilia, Liparit Avetisyan, Hasmik Torosyan, Semuon Antakov, Riccardo Zanellato, Daniele Terenzi, Matteo Peirone, Cristóbal Campos Marín, Alex Cerantola, Armando Napoletano, Caludio Covato. Dirección musical: Leonardo Sini. Dirección de escena: Jean-Louis Grinda. 16 de mayo de 2024.

La Royal Opera House de Mascate se engalanó recientemente con dos noches consecutivas dedicadas a celebrar el arte operístico en todas sus facetas. No en vano el teatro abierto en 2011 es el referente en Oriente Medio, no solo de la ópera, sino también de la fusión de la música y las artes escénicas entre Oriente y Occidente. Y no solo por los años que lleva de actividad, sino por haber conseguido un público heterogéneo, con gran presencia de omaníes que se acercan curiosos a descubrir la cultura y música occidentales. Todo ello, gracias al esfuerzo, no solo de una cuidada programación, sino también de su comunicación y educación adecuada para el público local. El 15 de mayo se organizó un concierto homenaje a Maria Callas, y el 16, la primera de dos funciones de La Bohème.

El concierto tributo a Callas, con la participación estelar de Sonya Yoncheva y Leo Nucci (ver entrevista en este enlace), y la colaboración del tenor egipcio Ragaa Eldin, generó expectación, no solo por la fama de los intérpretes sino también por la promesa de revivir el espíritu de Callas. Sin embargo, sorprendió la elección del programa; piezas icónicas como «Casta Diva» de Norma o «Vissi d’arte» de Tosca, como algunas joyas del bel canto que marcaron la carrera de La Divina, no estuvieron presentes, lo cual podría considerarse un desliz en la concepción del homenaje, marcado de cierta superficialidad, aunque la misma Yoncheva lo calificaría de «programa centrado en Verdi». No obstante, la velada fue de menos a más, y a mucho más, y tuvo su momento clave en el maravilloso dúo del segundo acto de La Traviata, ejecutado con maestría por Nucci y Yoncheva. La implicación musical y dramática de ambos intérpretes resultó magnética y embriagadora en todo momento, con un control absoluto de la voz e imprimiendo dramatismo en cada gesto y cada mirada. Ahí residió el verdadero homenaje a Callas; eso es lo que la hizo el mito que es y continuar con su legado está reservado solo a los grandes.

Con 82 años, Nucci inició con una interpretación más medida de I due Foscari, fue escalando en intensidad a lo largo del concierto con un «Di Provenza» impecable y entregado musicalmente. Su prestación en «Pietà, rispetto, amore» de Macbeth fue sobresaliente, una lección de canto, mostrando un dominio escénico y vocal que culminó en la emocionante interpretación de «Cortigiani, vil razza dannata» de Rigoletto, como bis.

Yoncheva, a pesar de algún escollo donde más de una ha caído, se libró bien del «Pace, mio Dio» de La forza verdiana para regalar su Violetta, no solo con una voz formidable, sino como una verdadera diva; mostró una comprensión profunda del personaje y del estilo emotivo requerido para este homenaje, ofreciendo un rendimiento de altos vuelos. Con todo, la Carmen –que Callas nunca interpretó en teatro, y que, según Yoncheva, será un papel «que va a venir pronto en mi carrera», apuntó— y un formidable Gianni Schicchi dejaron al público con ganas de escuchar más a la soprano búlgara. Por su parte, Ragaa Eldin, todo y su entrega, no terminó de convencer en sus arias de Rigoletto y Luisa Miller. Sin defraudar a los ávidos de este tipo de galas, el concierto terminó con el célebre brindis de La Traviata.

yoncheva nucci Sonya Yoncheva en el homenaje a Maria Callas en Omán © ROHM / Khalid AL-BUSAIDI
yoncheva nucci Leo Nucci en el homenaje a Maria Callas en Omán © ROHM / Khalid AL-BUSAIDI
yoncheva nucci El homenaje a Maria Callas en Omán © ROHM / Khalid AL-BUSAIDI

La coproducción de La Bohème con la Ópera de Montecarlo, la noche siguiente buscó en el cine francés de los años 30 del siglo XX un contraste estilístico que reafirmó el poder del teatro musical para contar historias universales. La dirección de Jean-Louis Grinda aportó una frescura contemporánea al escenario, con un diseño minimalista pero evocador que centró la atención en las complejidades emocionales de los personajes. Sin inventar nada, solo se tomó la licencia de, en el cambio del tercer al cuarto acto, utilizar la música primigenia de La Bohème al piano para ilustrar el cambio de estaciones, Grinda buscó en el libreto original la emoción que debe tener el drama pucciniano, a través de un juego de actores muy efectivo. Como curiosidad, Omán tiene ciertas restricciones sobre lo que se puede poner en escena y, por tanto, Grinda optó por el agua en vez del vino y por mostrar la bandera de Francia en el segundo acto a través de emblemas individuales con los colores rojo, blanco y azul.

"La Mimì de la soprano calabresa Mariangela Sicilia resultó pura dulzura y emotividad; resplandeció gracias a un timbre homogéneo y un instrumento de color aterciopelado y de generosa proyección"

La Mimì de la soprano calabresa Mariangela Sicilia resultó pura dulzura y emotividad; resplandeció gracias a un timbre homogéneo y un instrumento de color aterciopelado y de generosa proyección. Su Mimì resultó frágil, sincera y cálida, regalando maravillosos momentos –qué bien dijo «addio, senza rancor» –, de gran autenticidad dramática, culminando con una muerte para el recuerdo. Por su parte, el tenor armenio Liparti Avetisyan fue de menos a más como Rodolfo. Si a pesar de una buena línea pasó de puntillas por su «Che gelida manina», Avetisyan puso toda la carne en el asador en unos magníficos tercer y cuarto actos, para culminar con un Rodolfo desgarrado en su «Mimì, Mimì», final. A muy buen nivel se situó también la Musetta de la soprano armenia Hasmik Torosyan, en un papel que es un bombón para cualquier soprano lírico-ligera. Gustó mucho también la calidad del joven barítono ruso Semyon Antakov como Marcello, con una voz fresca y dotado de gran sentido teatral. Riccardo Zanellato (Colline) y Daniele Terenzi (Schaunard), completaron un elenco, que sin grandes estrellas –Yoncheva estaba prevista para las funciones de febrero canceladas–, lo dio todo para emocionar con La Bohème.

En ambas veladas, en el foso estuvo la Orchestra Filarmonica Italiana bajo la batuta del joven maestro sardo Leonardo Sini, que ofreció un sonido de gran calidad, pese a algún desajuste en las entradas. En el concierto resultaron clave para la efervescencia dramática y en La Bohème encontraron en los detalles los ejes de una emotiva interpretación, que huyó de los efectismos habituales.  * Albert GARRIGA, crítico de ÓPERA ACTUAL