'Negrín', una mirada lírica de una figura histórica

Las Palmas de Gran Canaria

10 / 11 / 2025 - Agustín AROCHA - Tiempo de lectura: 4 min

El estreno absoluto de la ópera 'Negrín', de Gonzalo Díaz Yerro © Teatro Pérez Galdós / Nacho GONZÁLEZ
El estreno absoluto de la ópera 'Negrín', de Gonzalo Díaz Yerro © Teatro Pérez Galdós / Nacho GONZÁLEZ
El estreno absoluto de la ópera 'Negrín', de Gonzalo Díaz Yerro © Teatro Pérez Galdós / Nacho GONZÁLEZ

Teatro Pérez Galdós

Gonzalo Díaz Yerro: NEGRÍN, LA ÓPERA

Estreno absoluto

Fernando Campero, Blanca Valido, Carol Sosa, Mario Méndez, Manuel Gómez Ruiz, Víctor Ramírez Acosta, Héctor de Armas, Selám Zapater. Dirección musical: Gonzalo Díaz Yerro. Dirección de escena: Israel Reyes. 6 de noviembre de 2025.

Interesante propuesta la que presentó el compositor madrileño Gonzalo Díaz Yerro, afincado desde hace años en Gran Canaria, con el estreno absoluto de su ópera Negrín (ver previa en este enlace) en el Teatro Pérez Galdós. En dos actos, la obra aborda con valentía y profundidad la figura de Juan Negrín, grancanario de nacimiento y último presidente del Gobierno de la Segunda República, a través de una mirada íntima y crepuscular. Ambientada en su apartamento parisino, donde convive con su compañera Feli y sus nietos Carmen y Juanito, la ópera convierte ese espacio doméstico en un escenario simbólico en el que la ternura familiar se entrelaza con los fantasmas del pasado. Desde esa frontera entre memoria y alucinación, Negrín evoca su vida mientras se enfrenta, en un plano casi onírico, a las sombras históricas de Hitler, Franco y Stalin, que surgen como proyecciones de su conciencia.

El diálogo con los nietos sirve de hilo conductor a una narración que rescata episodios esenciales de su biografía: las expediciones arqueológicas para el Museo Canario, el controvertido “oro de Moscú”, el asesinato de Andreu Nin, su labor científica y su defensa de la República ante la Sociedad de Naciones. Todo ello se filtra por la mente de un hombre exhausto, que se debate entre la lucidez y el delirio, acompañado por un coro que actúa como conciencia colectiva y por una bailarina alegórica de España, presencia muda que representa el ideal perdido y la patria irreparable.

La música de Gonzalo Díaz Yerro, autor también del libreto, revela una escritura sólida y profundamente pensada. Su lenguaje combina atonalismo moderado con elementos melódicos reconocibles. El Leitmotiv, cuidadosamente elaborado y utilizado, articula los distintos niveles de la acción y otorga continuidad psicológica al discurso dramático: cada motivo reaparece transformado, como eco de la evolución interior del protagonista. El compositor maneja una orquesta de textura clara pero densa en matices, donde las cuerdas aportan lirismo, y enfatizan la tensión y las maderas sirven de vehículo emocional. La música incidental, integrada con naturalidad, confiere al conjunto un carácter casi cinematográfico, subrayando la atmósfera de recuerdos y visiones.

Su escritura destaca por su capacidad de sugerencia y por el equilibrio que establece entre rigor estructural y emoción directa, si bien el libreto incurre en algunas reiteraciones que ralentizan por momentos la progresión dramática de un discurso que mantiene siempre su coherencia interna y una poética musical de tono humano y reflexivo.

"Fernando Campero, en el papel titular, asumió el rol con entrega y madurez interpretativa: barítono de timbre noble, homogéneo y bien proyectado, ofreció una lectura convincente"

La puesta en escena de Israel Reyes, con dirección artística de José Guadalupe y escenografía de Carlos Brayda, resultó demasiado modesta y funcional; su sobriedad extrema, más cercana a la ilustración que a la interpretación, limitó la narrativa visual y el potencial simbólico del libreto. El vestuario, correcto pero sin especial relieve, y las proyecciones documentales, aunque útiles para contextualizar, no lograron contrarrestar la falta de riesgo escénico. El movimiento del coro y de los personajes principales, sin embargo, se resolvió con eficacia, especialmente en los momentos de mayor carga emocional.

La Orquesta Inegale, otra de las sorpresas positivas de este estreno, bajo la dirección del propio Díaz Yerro, ofreció una interpretación precisa, equilibrada y de gran sensibilidad teatral; con una plantilla de unos treinta músicos, la formación logró una sonoridad rica y envolvente. La sección de cuerda destacó por su calidez y flexibilidad, sosteniendo con elegancia los clímax armónicos y las zonas de mayor densidad. El compositor dirigió con un gesto sobrio pero expresivo, atento a los matices tímbricos y al diálogo constante entre voz y orquesta.

Desde el punto de vista vocal, Negrín, la ópera no es una obra de gran dificultad técnica, salvo en algunos momentos puntuales que exigen control del fraseo y resistencia. Fernando Campero, en el papel titular, asumió el rol con entrega y madurez interpretativa: barítono de timbre noble, homogéneo y bien proyectado, ofreció una lectura convincente y emocionalmente rica, destacando por la naturalidad del fraseo y la solidez del registro central. Blanca Valido, como Feli, brindó una interpretación contenida y cálida; su voz de mezzo, de color oscuro y bella homogeneidad, aportó lirismo en las escenas de intimidad y una notable línea de canto en los dúos con el protagonista.

Carolina Sosa (Carmen) mostró frescura y dulzura vocal, mientras Mario Méndez (Juanito) resultó más irregular, con timbre algo apagado y proyección limitada. Entre los antagonistas, el Franco del contratenor Víctor Ramírez Acosta ofreció musicalidad y control, aunque con volumen algo escaso; el Hitler del tenor Manuel Gómez Ruiz destacó por su teatralidad y firmeza vocal, con un fraseo incisivo que dio relieve al personaje; y el Stalin del bajo Héctor de Armas se percibió más difuso, sin alcanzar la presencia escénica ni el peso vocal de sus compañeros.

El Coro Súbito Koral fue de menos a más, mostrando una progresiva cohesión a lo largo de la función, si bien la sección masculina necesita refuerzo —notoria la falta de empaste en la escena del laboratorio—, el conjunto logró momentos de apreciable nivel, particularmente en el evocador pasaje de los yacimientos aborígenes y en el episodio coral de la Sociedad de Naciones, donde el equilibrio entre palabra y textura sonora alcanzó su punto más logrado.

El público acogió la función con entusiasmo y calidez, valorando el esfuerzo colectivo y el riesgo de una propuesta que, pese a sus limitaciones visuales, marca un hito en la creación lírica contemporánea en Canarias. Negrín, la ópera emerge así como una obra valiente, emotiva y conceptualmente ambiciosa, en la que convergen la memoria histórica, la reflexión ética y una escritura musical de gran coherencia, capaz de conjugar la claridad del discurso con la profundidad emocional del hombre que lo inspira.  * Agustín AROCHA, corresponsal en Las Palmas de Gran Canaria de ÓPERA ACTUAL

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