CRÍTICAS
NACIONAL
Mackie Navaja, de actualidad un siglo después
Bilbao
Teatro Arriaga
Weill: LA ÓPERA DE LOS TRES CENTAVOS
Coque Malla, Andrea Guasch, Carmen Barrantes, Paula Iwasaki, Cristina García, Miquel Mars, Omar Calicchio, Pablo Novoa, Néstor Ballesteros. Dirección musical: Miguel Malla. Dirección de escena: Mario Vega. 12 de febrero de 2026.
Obra teatral, ópera, opereta, teatro musical, vodevil… es difícil clasificar La ópera de los tres centavos –o peniques, dependiendo de la traducción: su propio título le da la categoría de ópera, así como si asumen a sus protagonistas cantantes líricos, aunque no se ajusta en absoluto a los estándares habituales; opereta sería un término más adecuado por su combinación de partes habladas y cantadas, pero, a pesar de que es tratado con mucha ironía, frivolidad y tono ligero, el tema argumental carece definitivamente de la intrascendencia propia del género. Cruda, reivindicativa, acusadora y, en cierto modo, alertadora de la deriva de una realidad social, el clásico teatral y musical del Berlín de entreguerras de Bertolt Brecht y Kurt Weill, ambientada en un Londres desolador vuelve a los escenarios en pleno siglo XXI con una incómoda sensación de actualidad.
Tras su estreno a finales de enero en Gran Canaria, la producción de Mario Vega llegó el pasado jueves 12 al Teatro Arriaga de Bilbao como primera etapa de una larga gira con una propuesta valiente y ambiciosa pero muy estudiada y calibrada (ver previa en este enlace). Con una escenografía organizada en dos niveles y un par de versátiles estructuras móviles –de esas que están tan de moda pero que, bien utilizadas, hay que reconocer que funcionan– comunicadas mediante escaleras, sin apenas más atrezzo ni complicaciones, el movimiento escénico resultó ágil, dinámico, fluido y bien desenvuelto, donde la excelente iluminación de Juan Gómez-Cornejo y el vestuario de Elda Noriega terminaron de dar forma y color a este montaje que plasmó a la perfección con los mínimos elementos suficientes el sórdido ambiente de los bajos fondos londinenses.
La música de Kurt Weill, impúdicamente atrevida, densa, angulosa y, contradictoriamente, al mismo tiempo melódica y pegadiza, llenó las dos intensas horas que duró la función de un sonido vibrante y vital, muy influenciado por el jazz, interpretado por un grupo de siete músicos multiinstrumentistas, liderados por Miguel Malla, encargados de interpretar las 23 partes instrumentales para las que está escrita la obra; alejado de una formación clásica habitual, el conjunto presentó una sonoridad no del todo homogénea y muy vehemente, cualidades acentuadas por la sonorización, pero el trabajo del equipo de sonido liderado por Pilar Calvo resultó adecuado y las incorporaciones tecnológicas no desvirtuaron el espíritu musical de la creación de Weill.
En cuanto al elenco, sin duda tuvo un desempeño solvente y equilibrado. En la vertiente actoral, los dúos interpretativos de Carmen Barrantes y Andrea Guasch como Polly Peachum y Lucy Brown, esposa y novia del Capitán Macheath respectivamente, y Omar Calicchio y Miquel Mars en los papeles de Mr. Peachum y Tiger Brown funcionaron magníficamente; asimismo, la comicidad del papel de Cristina García como Mrs. Peachum y el dramatismo del rol de Paula Iwasaki como la prostituta Jenny sirvieron para balancear la obra en ambos extremos del registro.
Por su parte, Coque Malla se echó a hombros el peso de una obra que, si bien aún le queda un poco rígida, en poco tiempo parecerá hecha para él. Vocalmente, sin embargo, el oyente acostumbrado a la ópera canónica no encontró las voces de los grandes teatros, sino las de la comedia musical, convenientemente sonorizadas, sin las sutilezas ni la técnica del canto lírico, pero con un buen oficio sin reproche y una expresividad admirable. Destacó el propio Coque Malla en la famosa “Balada del Capitán Mackie” y no desmereció el resto de su interpretación en un registro tan alejado del rockero; también hay que mencionar las escenas a dúo canoro de las ya mencionadas Barrantes y Guasch y, sobre todo, es necesario elogiar la fabulosa voz de mezzosoprano de Paula Iwasaki, con un registro grave rico, corpóreo y emocionante. En definitiva, un reparto profesional y bien preparado que devolverá a los teatros con rigor y elegancia esta obra insolente, desafiante que invita a una necesaria reflexión. * Nora FRANCO MADARIAGA, corresponsal en Bilbao de ÓPERA ACTUAL
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