Lorena Nogal y Álvaro Esteban, a dúo en los jardines de la bodega Perelada

Perelada

05 / 07 / 2025 - Fernando SANS RIVIÈRE - Tiempo de lectura: 5 min

Perelada danza Lorena Nogal y Álvaro Esteban © Festival Perelada / Toti FERRER
Perelada danza Lorena Nogal y Álvaro Esteban © Festival Perelada / Toti FERRER
Perelada danza Lorena Nogal y Álvaro Esteban © Festival Perelada / Toti FERRER

Festival Perelada

LE TERROIR

Nueva producción Festival Perelada

Lorena Nogal, dirección, idea y coreografía, bailarina. Álvaro Esteban, idea y coreografía, nailarín. Franco Mento, composición musical.

La coreógrafa y bailarina barcelonesa Lorena Nogal protagonizó el espectáculo de danza Le Terroir, junto a al bailarín Álvaro Esteban en algunos espacios emblemáticos del exterior de la cada vez más afamada nueva bodega Perelada. Era el segundo espectáculo del 39º Festival Perelada. El público asistente fue recibido con una copa del vino rosado Mar de Rosa una vez cruzado el puente de la granja que une los jardines del Castillo y la nueva bodega del grupo ampurdanés, realizada por el estudio arquitectónico RCR que destaca por la pureza de su arquitectura basada en el respeto por el paisaje y en priorizar la vertiente emocional y experiencial del espacio resultante. La bodega, el Celler Perelada, busca recuperar la tradición secular del Convento del Carmen de Perelada, que ya producía vino en el s. XV, nada menos que en el Ampurdán, la región vinícola más antigua de la Península Ibérica y que ofrece cada año nuevos caldos de excelente calidad y prestigio. En este espacio ajardinado se ofrecieron los cuatro cuadros o bodegones, de unos diez minutos de duración cada uno, en los que los espectadores rodeaban a la pareja de bailarines completando la perfomance con su presencia e interacción.

Copa en mano, los espectadores pudieron degustar el primer bodegón coreográfico iniciado en el puente de acceso, con Lorena Nogal y su pareja, Álvaro Esteban moviendo sus cuerpos a un ritmo suave, acompasado, en ocasiones simétrico, otras cada uno a su aire, con insinuaciones mecanicistas o incluso robóticas, pero siempre sobre una base humanista y con especial atención a la tierra, sin salto alguno. Parte muy importante del espectáculo, además del entorno natural, arquitectónico y la danza, fue la música pregrabada de Franco Mento, compositor de una pieza electroacústica con aportaciones canoras y voces susurradas en catalán que fueron una base ideal para las coreografías. En el segundo cuadro ambos bailarines se sumergieron, literalmente, entre el jardín de plantas aromáticas típicas de la región que rodean una de las fachadas del complejo de la bodega, la lavanda, el romero o el tomillo, que sirvieron de trasfondo de un juego algo salvaje de cuerpos entrelazados entre plantas y flores.

Perelada danza Lorena Nogal y Álvaro Esteban © Festival Perelada / Toti FERRER
Perelada danza Lorena Nogal y Álvaro Esteban © Festival Perelada / Toti FERRER
Perelada danza Lorena Nogal y Álvaro Esteban © Festival Perelada / Toti FERRER

La estructura arquitectónica de hierro y piedra de entrada al recinto de la bodega fue el penúltimo espacio de este espectáculo site-specific inspirado en el proceso de transformación de la uva en vino regada por la música electrónica de gran inspiración de Mento. Un espacio en el que tomó mayor protagonismo la magnética presencia de Nogal, con sus quiebros y requiebros de brazos y piernas, movimientos rítmicos con gran relevancia de su rostro y cuerpo, sin perder la esencia y la belleza plástica de una coreografía siempre natural y de ritmos suaves o dinámicos pero siempre bien enlazados.

El bodegón final fue una verdadera sorpresa para el casi centenar de espectadores que rodeaban cada escena y para los propios artistas y programadores: el repentino cambio del paisaje por unas inoportunas nubes bajas cargadas de unas escasas gotas de lluvia, como trasfundo de una magnífica puesta de sol que debía coincidir con esta última escena, ofreciendo una distorsión de los rayos de sol difuminados en unos colores que pasaron rápidamente de los tonos dorados a los anaranjados. Solo unos instantes de un efecto emotivo que culminaba el devenir de los bailarines atravesando la acequia y el estanque que cubre parte del enorme techo abovedado en forma de suelo terroso que se transformó en improvisado escenario para estas dos figuras que se adentraban en el amplísimo paisaje del Ampurdán. Un final que cerró con especial magia este exquisito espectáculo, que sin duda el Festival Perelada podrá atesorar como una experiencia artística inmersiva de enorme plasticidad y belleza. * Fernando SANS RIVIÈRE, director de ÓPERA ACTUAL

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