CRÍTICAS
NACIONAL
Julian Prégardien sublima a Schubert entre viñedos
Peralada
Festival Perelada
Schubert: DIE SCHÖNE MÜLLERIN
Concierto itinerante
La bella molinera, de Schubert. Julian Prégardien, tenor. Isolde Quintana, guitarra. Anna Gebhart, piano. Francesc Torrent y Maria Molins, actores. Jardines de la bodega Perelada e iglesia del Carme del Castillo de Peralada, 31 de julio de 2024.
Hace unos meses, el tenor Julian Prégardien visitó la espectacular nueva bodega del Grupo Perelada y quedó absolutamente impresionado por la belleza de la arquitectura y del paisaje natural. Fascinado, el cantante se puso en contacto con la dirección artística del festival para idear un espectáculo singular que combinara la lírica con la tradición vinícola de este espacio arquitectónico teniendo como telón de fondo el paisaje ampurdanés. El resultado ha sido un excepcional recital itinerante de La bella molinera de Schubert, protagonizado por el mismo Prégardien y acompañado de un maridaje de vinos, que el Festival Perelada programó para el último día de julio.
La velada empezó al atardecer en los jardines de la bodega –media hora más tarde de lo previsto, por la fuerte ola de calor que invadía el Ampurdán–, con los artistas ubicados sobre una especie de tarima de madera decorada de manera rústica, delante de un vivero de plantas medicinales y de la impresionante fachada de la antigua cuadra. Prégardien no ofreció una interpretación al uso del ciclo de Schubert, obra de referencia del Romanticismo alemán, sino que, en su intento de ofrecer una lectura fuera de lo convencional, propuso una versión con gran sentido dramatúrgico. Para explicar la historia de amor no correspondido entre el trabajador del molino y la hija del dueño, el tenor contó con la participación del actor Francesc Torrent quien, a modo de interludio y basándose en la traducción al catalán de los versos de Wilhelm Müller a los que Schubert inmortalizó aun más todavía con su música, brindó algunas claves interpretativas del argumento entre los diferentes episodios de canciones. También intervino la actriz Maria Molins, encargada de la lectura de un poema en el arranque del espectáculo. Pero no solo las intervenciones de ambos actores ayudaron a construir una dramaturgia exquisita y teatral, ya que la propia interpretación de Prégardien estuvo cargada de peso teatral, absolutamente sumergido en el personaje protagonista.
El tenor alemán, acompañado por la guitarrista Isolde Quintana, que, con las cuerdas de su instrumento en lugar del habitual piano daba un tono más ligero al ciclo de Schubert, actuó en todo momento moviéndose por la tarima; con una mirada penetrante, sentida, jugó con los elementos escénicos dispuestos, como un ramo de flores o un libro. Quizá la teatralización era poco coherente con la rectitud y contención alemana del ciclo y el ambiente íntimo de los salones originales de Lied, pero, sin embargo, todo funcionó a la perfección para aumentar el altísimo contenido expresivo de las canciones. Prégardien incluso se atrevió con el catalán y cantó la primera pieza, “Das Wandern”, en lengua catalana, con una pronunciación más que aceptable.
Más allá de la puesta en escena y de la actuación del cantante, desde un punto de vista estrictamente vocal, Julian Prégardien, digno heredero del talento de su padre, el gran Christoph Prégardien, transitó por las melodías, armonías e intervalos ideados por Schubert con un timbre precioso, fino color y tierno fraseo, con una levedad admirable en los agudos, jugando con el falsete y la voz de máscara y de pecho, a la vez que resonante, preciso en la afinación y poderoso en la emisión. La dicción del cantante de Frankfurt también se apreció extremadamente nítida y, la amplificación –necesaria para un concierto al aire libre como este–, nunca se pasó de decibelios.
Tras las primeras once canciones del ciclo, la velada musical se interrumpió para dar paso a la primera degustación de vinos, con un blanco 2023 y un coctel de cava, acompañados de unos dunkins de foie gras blanco. Posteriormente, el público se trasladó hasta la iglesia del Carme del conjunto medieval en torno al castillo de Peralada para disfrutar de la segunda parte del ciclo schubertiano. Allí, la guitarrista cedió el testigo a la pianista Anna Gebhart, que, en esta segunda parte de la parábola liederística, más oscura e introspectiva, dotó de más empaque a la partitura. En esta recta final de canciones menos alegres, con citas a elementos naturales más sombríos y que circulan por los celos, la desesperación y la muerte, Prégardien mantuvo la excelencia demostrada en la primera entrega, aprovechando la reverberación de la iglesia y el tono severo de las piezas para lucir todavía más su proyección resonante y penetrante. Todo ello hasta los dos últimos Lieder, más suaves y lentos, con los que el tenor hipnotizó a los espectadores.
Para cerrar la velada, pasadas las nueve de la noche, puso punto y final al espectáculo una segunda degustación detrás del castillo, con un gazpacho verde de lechuga con vinagre fórum, pastel de chocolate y dos vinos más. Una iniciativa deliciosa desde todo punto de vista y un nuevo acierto de este festival que continúa asentándose como un encuentro detallista, casi íntimo y de extraordinaria calidad. * Aniol COSTA-PAU, crítico de ÓPERA ACTUAL
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