CRÍTICAS
INTERNACIONAL
La Arena se entrega a Gregory Kunde
Verona
Arena di Verona
Verdi: AIDA
Maria José Siri, Martuvshin Enkhbat, Gregory Kunde, Simon Lim, Alexander Vinogradov, Agnieszka Rehlis, Francesco Maionchi, Carlo Bosi. Dirección musical: Daniel Oren. Dirección de escena: Stefano Poda. 20 de junio de 2025.
Tras la inauguración del Festival 2025 con Nabucco el pasado 13 de mayo, se repuso en la Arena di Verona la Aida firmada por Stefano Poda que se estrenó en 2023. El juicio sobre la producción no ha cambiado, como se reseñaba en ÓPERA ACTUAL hace dos años: una puesta en escena brillante, con una profusión de lentejuelas, horror vacui generalizado, dirección convencional y casi 500 artistas en el escenario en el que destaca una gran mano articulada, un uso exagerado de humo y rayos láser. Después de dos años, si ha habido algún cambio, ha sido para enfatizar aún más el aspecto espectacular del montaje.
Extraordinario, una vez más, el aspecto musical, lo que confirma que Daniel Oren es una presencia imprescindible en el podio, donde controla una orquesta ampliada y un escenario poblado por una multitud. Oren consigue crear atmósferas mágicas, como a orillas del Nilo en el tercer acto, o toda la escena de la fatal pietra. Una dirección memorable. Espléndido el coro, siempre muy bien preparado por Roberto Gabbiani.
Exquisita María José Siri como Aida, que volvió a interpretar con merecido éxito un admirable “Cieli azzurri” en el segundo acto, manteniendo una emisión suave, un sonido limpio y una fácil ascensión en los agudos, dosificando las respiraciones y dominando las dinámicas. Amartuvshin Enkhbat (Amonasro) sedujo con su voz plena y su cálido color ámbar, cada vez más cómodo en lo interpretativo. Muy bien los dos bajos, Simon Lim (Faraón) y Alexander Vinogradov (Ramfis), y menos entusiasmo generó la Amneris de la mezzosoprano polaca Agnieszka Rehlis, con un color vocal sopranil, agudos forzados y un “Anatema” ahogado a mitad de emisión. Como Radames, Gregory Kunde, que sustituyó al previsto Luciano Ganci, demostró una vez más su extraordinaria resistencia vocal, su profesionalidad y valentía, lanzado al escenario sin ensayos; si bien algunos sonidos en el registro medio-grave resultaron más opacos de lo habitual, el tenor supo llegar al final con un dúo que puso los pelos de punta. Siempre sorprende su timbre, su proyección en los agudos y su capacidad para modular y aligerar el sonido, su legato y la nobleza de su acento sumados a un ardiente fraseo. Un auténtico milagro vocal. * Andrea MERLI, crítico de ÓPERA ACTUAL
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