Kaufmann conquista el San Carlo con un Werther magnético y devastador

Nápoles

25 / 05 / 2026 - Andrea MERLI - Tiempo de lectura: 3 min

Jonas Kaufmann como Werhter © Teatro San Carlo / Luciano ROMANO
La producción de 'Werther' de Willy Decker © Teatro San Carlo / Luciano ROMANO
Jonas Kaufmann como Werhter © Teatro San Carlo / Luciano ROMANO

Teatro San Carlo

Massenet: WERTHER

Jonas Kaufmann, Caterina Piva, Désirée Giove, Lodovico Filippo Ravizza, Sergio Vitale, Roberto Covatta, Maurizio Bove, Sabrina Vitolo, Vasco Maria Vagnoli. Dirección musical: Lorenzo Passerini. Dirección de escena: Willy Decker. 20 de mayo de 2026.

Tras 19 años de ausencia, Werther regresó al Teatro San Carlo de Nápoles con la misma puesta en escena de entonces, producida por Willy Decker en 1997 para la Ópera de Frankfurt y que, en 30 años, ha recorrido numerosos teatros. Aquí en Nápoles en 2007 le tocó el turno a Josep Bros y, anteriormente, en 1996, a Alfredo Kraus. Un bonito desafío de tenores que se completa con la presencia, solo para dos funciones, de Jonas Kaufmann (en otras dos actuará Francesco De Muro), motivo de indudable interés, también para la prensa, ya que se ha visto envuelto en una reciente investigación sobre fondos «en negro» que, al parecer, fueron distribuidos por la administración del teatro napolitano.

Musicalmente fue una velada memorable. Habiendo alcanzado la madurez de sus 57 años, Kaufmann se mostró en plena forma; desde un punto de vista puramente interpretativo, su interpretación fue superior a cualquier elogio: magnética, cautivadora, absolutamente fiel al personaje descrito por la música de Massenet, quizás nunca tan cerca del ideal de Goethe. La introspección del personaje, un papel de «deprimido», como dijo Kraus, quien no lo amaba desde el punto de vista psicológico, encuentra sus diversos estados de ánimo: encantado por el ambiente doméstico de Charlotte, de quien se enamora perdidamente; pareció desesperado en la invocación al Padre, una escena escalofriante, intensa, dramática. Su «Pourquoi me réveiller», previsiblemente perfecto, precedió a un final susurrado, tumbado en el suelo y de una intensidad conmovedora. A esto hay que añadir la inteligencia musical a la hora de dosificar una voz, que ciertamente nunca ha escatimado, con fines expresivos, donde la más mínima cesión se tradujo en un valor añadido para la interpretación teatral. En definitiva, Kaufmann se confirmó una vez más como un hombre de teatro donde los haya.

"Habiendo alcanzado la madurez de sus 57 años, el tenor se mostró en plena forma vocal; desde un punto de vista puramente interpretativo, sencillamente superlativo, superior a cualquier elogio"

No estaba solo, y rara vez un reparto ha parecido tan adecuado: Caterina Piva, Charlotte, una intérprete de voz preciosa y sensibilidad extrema, estupenda y a la altura de su compañero. Désirée Giove sorprendió por la frescura y el dominio técnico vocal que infundió a Sophie, otorgándole un protagonismo absoluto. Muy bien el Albert del joven y prometedor barítono Lodovico Filippo Ravizza. Un verdadero lujo disponer de una auténtica autoridad en el ámbito barítonal para el papel de Le Bailli, interpretado con paternal cuidado por Sergio Vitale. Los dos papeles cómicos de Schimdt y Johann, a los que la dirección confía un papel determinante, tuvieron gran relevancia vocal y escénica gracias al tenor Roberto Covatta y al barítono Maurizio Bove. Excelente el coro de voces blancas y los seis hermanitos dirigidos por Stefania Rinaldi, y aún mejor la orquesta a cargo de Lorenzo Passerini, quien tuvo grandes méritos en la búsqueda de colores y matices, sin perder el ritmo, ofreciendo además una sonoridad generosa y apoyando al protagonista de la mejor manera posible: si hubiera pisado el pedal, en varios momentos lo habría ahogado.

Por último, el espectáculo, bien realizado en la reposición de Stefan Heinrichs, es un clásico que tiene la ventaja, en su minimalismo, de seguir con atención la interpretación, siempre motivada, de los personajes. El retrato de la madre, que acompaña obsesivamente a Charlotte, no le impide al final rebelarse contra las convenciones de la sociedad pequeñoburguesa que la rodea. Todo funciona con claridad y es fácil de entender. ¡Aleluya!  * Andrea MERLI, crítico de ÓPERA ACTUAL 

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