Ismael Jordi y Rihab Chaieb en 'Werther': deseo, promesa y tragedia

Málaga

01 / 12 / 2025 - Alejandro FERNÁNDEZ - Tiempo de lectura: 3 min

malaga massenet Ismael Jordi y Rihab Chaieb como Werther y Charlotte © Teatro Cervantes / Carlos DÍAZ
malaga massenet Ismael Jordi en su debut escenificado como Werther © Teatro Cervantes / Carlos DÍAZ

Teatro Cervantes

Werther: MASSENET

Ismael Jordi, Rihab Chaieb, Alfonso Mujica, Aitana Sanz, Fernando Latorre, José Antonio Ariza, Luis Pacetti, Clara Fernández Lozano, Manuel Sánchez Bello. Dirección musical: Audrey Saint-Gil. Dirección de escena: Paul-Émile Fourny. 28 de noviembre de 2025.

Werther, un complejo drame-lyrique, protagonizó el segundo título de la XXXVIII Temporada Lírica del Teatro Cervantes de Málaga (ver previa en este enlace). La producción llegaba de la Opéra Théâtre de L’Eurométropole de Metz, contó en el foso con la Orquesta Filarmónica de Málaga guiada por el magnetismo e irresistible carnalidad de la batuta de la directora francesa Audrey Saint-Gil.

Los planos entre la realidad y la psique propuestos por el director de escena Paul-Émile Fourny y el diseño escenográfico de Benoit Dugardyn contribuyeron decisivamente a concentrar la atención en los estados psicológicos sobre los que el compositor francés Jules Massenet construye el drama. Para ello, Fourny propuso un gran cuadro pictórico donde se sucede la acción, haciendo que los protagonistas se proyectaran entre sus profundos deseos y la irremediable realidad opresora. La idea se vio completada por la esmerada iluminación, especialmente destacable en el acto primero y en el decisivo acto conclusivo, junto al cuidado vestuario historicista ideado por Stella Maris Müller.

Precisamente, esta idea de concentrar la atención del oyente resulta destacable en lo dramático, si bien en la escena forzó el trabajo del elenco, ya que quedaban algo distantes de la boca del escenario, limitando la correcta proyección de las voces. Tanto es así que, al llegar al esperado salto dramático de los dos actos finales, este hecho escénico restó brillo a los dos actos iniciales, tanto para solistas como para la Escolanía Pueri Cantores, al cuidado del maestro Antonio del Pino, que firmó una primera parte discreta por la justedad de efectivos y la disposición en la escena, frente al capítulo final —desde el cielo del teatro—, mucho más definido y especialmente presente.

Cuatro grandes temas o motivos dominan la partitura desplegada por Jules Massenet para trasladar en música la psicología de los personajes. Sobre esta idea giró la esperada dirección musical de Audrey Saint-Gil —que llegaba al podio del Cervantes con los ecos dibujados semanas atrás en el Campoamor de Oviedo y su sólido Romeo y Julieta de Charles Gounod, también con Ismael Jordi—, extrayendo el necesario cromatismo para esta obra cumbre del Romanticismo francés. Este cromatismo quedó presente desde la temperamental obertura y el posterior desarrollo de los cuatro actos que articulan la ópera, en una atmósfera opresiva a la que el compositor somete a los personajes a través de la orquesta, trasvasando al auditorio la intimidad emocional de los personajes, especialmente al trío conformado por Werther, Charlotte y Albert.

"Las voces de Ismael Jordi, la mezzo Rihab Chaieb y el barítono Alfonso Mújica jugaron con un especial balance entre solidez vocal y soltura en las tablas"

Nuevamente, el Teatro Cervantes volvió a apostar por una sólida pareja protagonista que jugó con un especial balance entre solidez vocal y soltura en las tablas, tensionando el drama hasta el decisivo acto tercero, en el que resultó evidente el predecible desenlace entre el corazón y el deber de la promesa dada. El excepcional momento vocal del tenor jerezano Ismael Jordi quedó reflejado en la seguridad del fraseo de arias como “O Nature, pleine de grâce” del primer acto hasta la esperada “Pourquoi me réveiller?”, sin reservas el momento más brillante de esta última producción del Teatro Cervantes. Por su parte, la mezzosoprano Rihab Chaieb fue el otro pilar decisivo de esta puesta en escena, destacando sin reservas vocales en el aria “Va! Laisse couler mes larmes” del tercer acto, liberada ya de las limitaciones de emisión del aparato escénico y su mayor cercanía a la boca del escenario.

Meritoria participación la del barítono Alfonso Mújica como Albert, quien resaltó también por su capacidad de proyección, junto al rol de El Magistrado, encarnado por el bajo-barítono Fernando Latorre, que defendió una línea de canto ajena al drama frente a la perspectiva aburguesada que trasladó Mújica, con un instrumento generoso, noble en el centro y seguro en el plano alto. Imposible no mencionar la participación de José Antonio Ariza como Johann y el sólido Schmidt de Luis Pacetti, en contraste con la frágil voz de Aitana Sanz. Este trío vocal construyó el contrapeso a la conmovedora definición dramática del dúo temperamental de Ismael Jordi y Rihab Chaieb.  * Alejandro FERNÁNDEZ, corresponsal en Málaga de ÓPERA ACTUAL

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