El 'Ballo' abre la temporada

Madrid

19 / 09 / 2020 - José María MARCO - Tiempo de lectura: 3 min

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Anna Pirozzi y Michael Fabiano, dos grandes protagonistas en la piel de Amelia y Riccardo © Teatro Real / Javier DEL REAL
Daniela Barcellona como Ulrica © Teatro Real / Javier DEL REAL
Michael Fabiano y Artur Rucinski como Riccardo y Renato © Teatro Real / Javier DEL REAL
Una escena de la aplaudida producción de Gianmaria Aliverta procedente del Teatro La Fenice © Teatro Real / Javier DEL REAL

Teatro Real

Verdi: UN BALLO IN MASCHERA

Inauguración de la temporada

Anna Pirozzi, Michael Fabiano, Artur Rucinski, Daniela Barcellona, Elena Sancho Pereg, Tomeu Bibiloni, Daniel Giulianini, Goderdzi Janelidze, Jorge Rodríguez-Norton. Orquesta y Coro Titulares del Teatro Real. Dirección: Nicola Luistti. Dirección de escena: Gianmaria Aliverta. 18 de septiembre de 2020.

El Teatro Real sigue ejerciendo de pionero, casi heroico, al abrir temporada a lo grande, con un título muy querido en Madrid como es Un ballo in maschera. Gran función social, en consecuencia, con la presencia de SS.MM. los Reyes en apoyo del que al fin y al cabo sigue siendo su teatro. Con varios cambios de reparto y descartadas otras puestas en escena, la expectación era grande, por mucho que, en el interior, los espectadores apenas pudieran moverse de la zona correspondiente.

Nicola Luisotti respondió desde el podio, ya en los primeros compases, con una obertura limpia, matizada, con planos claros y matizados y el inagotable misterio de la tensión imposible de resolver que caracteriza esta obra maestra, entre lo humorístico, la pasión amorosa y lo infernal, la pura atracción del abismo. Nunca bajó la tensión, ni la exigencia, con una Orquesta Titular espléndida e inspirada. Gran prestación la del Coro, con momentos variados y nada fáciles.

"Michael Fabiano se enfrentó valerosamente al gran dúo de amor, el punto estratégico de la función, y la resolvió con voz rotunda, centrada y brillante, de la que hizo gala desde el aria de entrada"

Este Ballo se recordará también por la presencia de Anna Pirozzi, voz verdiana en todo su sentido: amplitud, color, pianísimos aéreos, técnica infalible y la sensibilidad de una gran artista para un retrato conmovedor de la desdichada Amelia. Michael Fabiano (Entrevista ÓA 238) se enfrentó valerosamente al gran dúo de amor, el punto estratégico de la función, y lo resolvió con voz rotunda, centrada y brillante, de la que hizo gala desde el aria de entrada. Artur Rucinski cantó un Renato un poco donizettiano, menos atormentado, a pesar del esfuerzo realizado, de lo que pide el personaje, muy bien, en cualquier caso. Siempre da gusto escuchar a Daniela Barcellona, con su hermosa voz, tan expresiva como precisamente colocada; a pesar de eso, Ulrica requiere algunos graves más, y algo más de fondo. Chispeante y francesa, al borde de lo mozartiano, se mostró Elena Sancho Pereg en su animado Oscar.

Sobresalientes Tomeu Bibiloni (Silvano), Daniel Giulianini (Samuel) y Goderdzi Janelidze (Tom). La puesta en escena firmada por Gianmaria Aliverta, procedente de La Fenice, resultó al mismo tiempo atrevida y kitsch. No es mala combinación para la ópera, con el Ku Klux Klan interrumpiendo el éxtasis de los amantes, los bailongos vudús para la escena de Ulrica y una inexplicable cabeza de la Estatua de la libertad con los protagonistas subidos encima para despedirse del mundo. Al parecer quería evocar los conflictos raciales de los Estados Unidos del siglo XIX. Además de la diversión, también dejaba cantar a los cantantes, redundancia muchas veces olvidada en la ópera de hoy en día. Gran éxito, en cualquier caso, y bien merecido, para el Teatro.