CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Calixto Bieito en el Auditorio Scavolini: ecos dispersos sobre una plataforma de vidrio
Pésaro
Rossini Opera Festival
Rossini: ZELMIRA
Nueva producción. Inauguración.
Anastasia Bartoli, Marina Viotti, Lawrence Brownlee, Enea Scala, Marko Mimica, Gianluca Margheri. Dirección musical: Giacomo Sagripanti: Dirección de escena: Calixto Bieito. Auditorium Scavolini, 10 agosto 2025.
Las representaciones de Zelmira se llevaron a cabo en el Auditorio Scavolini, donde hace algunos años se disputaban partidos de baloncesto y que ahora ha sido renovado para acoger parte de las actividades del Rossini Opera Festival de Pésaro. En la pista donde antes se jugaba al baloncesto, Calixto Bieito construyó una plataforma de vidrio iluminada desde abajo, en cuyo centro se habilitó el foso para la orquesta. La acción se desarrollaba sobre esta plataforma, de nada menos que treinta metros de largo por doce de ancho, de modo que en los números de conjunto los cantantes solían encontrarse a decenas de metros unos de otros y, de forma inevitable, se dirigían a un sector u otro del público, situado alrededor de la plataforma, dando irremediablemente la espalda a todos los demás. Claramente, no eran las condiciones acústicas más óptimas.
En este espacio completamente vacío, la dirección escénica de Bieito fue por momentos bastante sobria, a diferencia de lo que cabría esperar de él. Sin embargo, no faltaron algunas de sus ideas muy personales, que a menudo resultaban indescifrables, pero que, en ocasiones, ofrecían claves para adentrarse en los meandros psicológicos de los protagonistas de esta oscura y enrevesada trama.
La actuación de los cantantes fue bastante desigual, y el director musical debería haber intentado darles mayor homogeneidad estilística. Anastasia Bartoli, que interpretó a Zelmira, confirmó su fuerte temperamento dramático, que en Rossini puede convertirse en un elemento negativo si no se encauza adecuadamente según las reglas del bel canto. En efecto, otorgar un énfasis exagerado a ciertas palabras o notas, con bruscas variaciones dinámicas, es ajeno al estilo rossiniano. No obstante, Bartoli se redimió en los momentos más líricos cuando —pese a no tener una técnica vocal de marcado sello belcantista— buscó un canto suave y bien ligado.
Enea Scala recurrió a una serie ininterrumpida de forte poco elegantes, quizá pensando que eran adecuados para un “villano” como Antenore, aunque son totalmente ajenos al estilo de Rossini. En el papel de Ilo cantó el tenor estadounidense Lawrence Brownlee, gran conocedor del estilo belcantista: su línea melódica fue purísima y homogénea, las coloraturas fluidas e impecables, y los agudos y sobreagudos claros y perfectamente afinados (es comprensible que a veces se percibiera una sombra de esfuerzo, ya que se trata de un papel realmente difícil). Los aplausos más entusiastas del público fueron, con razón, para él y para Martina Viotti, que interpretó a Emma y cautivó con su voz fluida y dulce. Gianluca Margheri fue un excelente Leucippo, personaje secundario que Bieito elevó a la categoría de protagonista, siempre presente en escena manejando como una marioneta al débil y neurótico Antenore. También estuvo bastante bien Marko Mimica como Polidoro, aunque se le recuerdan mejores ocasiones.
El director Giacomo Sagripanti pidió a la solvente Orquesta del Teatro Comunale de Bolonia que tocara casi siempre forte, pensando que un sonido robusto también es dramático; sin embargo, así no dio relieve a la compleja carga dramática de esta ópera. Tiene, eso sí, la atenuante de haber estado absorbido por el problema de coordinar a la orquesta con los cantantes y el coro, dispersos por la plataforma y con frecuencia situados a sus espaldas. * Mauro MARIANI, crítico internacional de ÓPERA ACTUAL
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