Anna Pirozzi se sube a la tradición italiana del 'western'

Nápoles

30 / 04 / 2025 - Ferran VILA I RIERA - Tiempo de lectura: 3 min

puccini nápoles La producción de 'La fanciulla del West' de Hugo de Ana, con Anna Pirozzi como protagonista © Teatro San Carlo / Luciano ROMANO
puccini nápoles La producción de 'La fanciulla del West' de Hugo de Ana, con Anna Pirozzi como protagonista © Teatro San Carlo / Luciano ROMANO
puccini nápoles La producción de 'La fanciulla del West' de Hugo de Ana, con Anna Pirozzi como protagonista © Teatro San Carlo / Luciano ROMANO

Teatro San Carlo

Puccini: LA FANCIULLA DEL WEST

Anna Pirozzi, Martin Muhele, Gabriele Viviani, Mariano Buccino, Alberto Robert, Sebastià Serra, Leon Kim. Dirección musical: Jonathan Darlington. Dirección de escena: Hugo de Ana. 27 de abril de 2025.

Primo Levi escribió, con motivo del estreno en Italia de la ópera, que este western pucciniano contenía demasiada opulencia musical para un material literario tan prosaico, de vuelo gallináceo. Esta y consideraciones parecidas, contribuyeron a crear un cierto estigma sobre la obra desde el primer momento. Es cierto, La fanciulla del West no fue el artefacto dramático más brillante de Puccini, pero —en compensación— engendró una partitura sorprendente, con una orquestación sensual, de tintes impresionistas, y un discurso operístico empapado de una poética inusual en el repertorio italiano.

El Teatro San Carlo de Nápoles confió la batuta para esta ocasión al inglés Jonathan Darlington, que dirigió al conjunto napolitano en una prestación adecentada y cuidada, pero que podría haber profundizado en el fascinante sustrato tímbrico de la partitura. Fue la suya una lectura dramática desigual, con un primer acto —el más complejo y quizás el más brillante— especialmente gris, falto de tensión y de teatralidad, imputable esto (en gran parte) a una pobre comunicación con el escenario. Mejoró ostensiblemente en el trepidante y cinematográfico segundo acto y cerró con un tercero eficaz pero despojado de poesía.

"La Minnie de Anna Pirozzi brilló en los pasajes más líricos de la partitura, especialmente en un tercio agudo luminoso, de timbre plateado y penetrante"

La napolitana Anna Pirozzi, que debutó el papel en Hamburgo el mes pasado, encabezó el cartel en calidad (más que merecida) de diva local: vocalmente, su Minnie brilló en los pasajes más líricos de la partitura, especialmente en un tercio agudo luminoso, de timbre plateado y penetrante, que alcanza y regula a partir de un despliegue técnico admirable. Otra cosa es la construcción interpretativa del personaje, ya que, salvo contadísimas excepciones (básicamente en el segundo acto: en el dúo con Johnson y en la partida de póquer), la suya resultó ser una Minnie lánguida, de fraseo un tanto parco y falto de carácter, sumado a una presencia escénica débil y poco creíble. Esto no es lo más adecuado en un personaje que irrumpe en escena a golpe de escopetazo y lo tiene todo para hacerse amo y señor del espectáculo desde el primer minuto. Ocurrió más bien al revés, con su partenaire, el tenor Martin Muehle, que sirviéndose de un timbre expresivo, heroico, armado en el agudo con el metal necesario, perfiló un Dick Johnson sólido y convincente a pesar de no disponer de una técnica precisamente canónica, con una emisión estentórea y excesivamente cubierta en el registro agudo. Completó el trío protagonista Gabriele Viviani, que dio vida a un Sceriffo Jack Rance bien trabajado actoralmente y de acertados acentos, si bien de una entidad vocal un tanto anónima.

Cobra especial relevancia la música que Puccini reserva para el coro en esta ópera, que es el vehículo para expresar la melancolía de este mundo de emigrantes miserables, hombres endurecidos pero de corazón tierno «anime rudi e buone», una melancolía a la que el Coro del Teatro di San Carlo no supo corresponder con la morbidez y el intimismo necesarios. De la larga lista de comprimarios, destacaron el Nick de Alberto Robert, becado por la Fundación ÓPERA ACTUAL, y el Sonora de Leon Kim.

La producción del argentino Hugo de Ana lleva sin duda la huella de su creador: una escenografía con tendencia al exceso, visualmente saturada y ligeramente kitsch, pero que sabe crear ambiente con referencias cinematográficas incluidas así como una dramaturgia algo demodé que se hace más evidente en la caracterización de una caricaturesca Minnie de armas tomar.  * Ferran VILA I RIERA, crítico de ÓPERA ACTUAL

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