CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Amelia, nueva joya en la colección de roles de Anna Netrebko
Nápoles
Teatro San Carlo
Verdi: UN BALLO IN MASCHERA
Anna Netrebko, Ludovic Tézier, Piero Pretti, Elizabeth DeShong, Cassandre Berthon, Romano Dal Zovo, Adriano Gramigni, Maurizio Bove, Massimo Sirigu. Dirección musical: Pinchas Steinberg. Dirección de escena: Massimo Pizzi Gasparon Contarini. 8 de octubre de 2025.
A la imponente galería de roles verdianos de Anna Netrebko hay que añadir ahora el de Amelia en Un ballo in maschera, papel con el que se erigió en protagonista absoluta de las funciones que continúan representándose en el Teatro San Carlo de la ciudad partenopea. Tras su Abigaille en Verona (ver crítica en este enlace), está claro que la soprano rusa se inclina hacia los roles dramáticos de lírico spinto, manteniendo sus múltiples cualidades: unos armónicos apabullantes por volumen y poderío, una facilidad pasmosa en los reguladores que le permiten pianissimi y messe di voce de angelical pureza, unos fiati inacabables —casi como los de la siempre añorada e inalcanzable Montserrat Caballé—, un acento y un fraseo que ya en su debut resultan imponentes y, además de una belleza física evidente, un carisma magnético: cuando pisa el escenario, los ojos se van inevitablemente tras ella.
A tanta generosidad y abundancia hay que restar una afinación que por momentos titubea debido al innecesario uso, a veces, de sonidos de pecho y al oscurecimiento del color en el centro y el grave en busca de un efecto dramático, lo que afea la línea de canto y entorpece las agilidades que, si bien relativas a una escritura ya alejada del puro bel canto romántico, aún requiere el papel de Amelia. Por otra parte, las fuertes personalidades —Callas docet, que dirían los latinos— también se imponen con sus defectos. Ello no impidió un éxito triunfal ya tras su primera escena en el orrido campo, realmente emocionante, y gritos de bis después de un «Morrò, ma prima in grazia» sencillamente apasionante, inolvidable.
Otro triunfo anunciado fue el de Ludovic Tézier como Renato, el de un profesional de una pieza, con línea de canto intachable, intérprete glorioso y voz que sigue conservando un timbre juvenil y gallardo, casi como un nuevo Leo Nucci francés. Tras su «Eri tu» del tercer acto le llegó una merecida e interminable ovación. Piero Pretti, otra garantía en el rol del Conde de Warwick —que tiene muy trabajado y asimilado bajo grandes batutas, recientemente con Riccardo Muti en Turín—, ofreció una noble línea de canto, valentía en el agudo, fraseo y acento siempre muy centrados, lo que le permitió un «La rivedrò nell’estasi» y un «Ma se m’è forza perderti» de máxima intensidad interpretativa, brillando además con sutil ironía en la barcarola «Di’ tu se fedele» y luego en «È scherzo od è follia».
Muy bien la Ulrica de la mezzosoprano estadounidense Elizabeth DeShong; menos feliz, por voz algo petulante aunque con todas sus notas escritas, el Oscar de la soprano marsellesa Cassandre Berthon. Correctos los bajos Romano Dal Zovo y Adriano Gramigni, respectivamente los malísimos Samuel y Tom, así como el barítono Maurizio Bove, gallardo Silvano, y el tenor Massimo Sirigu, cómico Primo Giudice, al que no se le ha aplicado lo de políticamente correcto y ha cantado la incriminada frase del “immondo sangue dei negri” referida a Ulrica.
Poco hay que añadir sobre la rutinaria dirección orquestal a cargo de Pinchas Steinberg, avara en colores y metronómica. Mejor estuvo el coro, instruido por Fabrizio Cassi. La puesta en escena, con el histórico decorado de Pierluigi Samaritani —ya visto incluso en Japón y China—, fue reconstruida aquí por el hijo adoptivo de Pierluigi Pizzi, Massimo Pizzi Gasparon Contarini. El vestuario, con sus colores chillones, obliga a Amelia a cambiarse hasta cuatro veces de traje y de joyas en el lapso temporal, previsto en la ópera, de menos de 48 horas… La mayoría del público agradeció el espectáculo, sumamente convencional, quizá harto del imperante Regietheater. * Andrea MERLI, crítico de ÓPERA ACTUAL





