CRÍTICAS
INTERNACIONAL
Ermonela Jaho, la despedida de una Violetta extraordinaria
Roma
Teatro dell'Opera
Verdi: LA TRAVIATA
Ermolena Jaho, Dmitry Korchak, Amartuvshin Enkhbat. Dirección musical: Francesco Ivan Ciampa. Dirección de escena: Sofia Coppola. 21 de junio de 2026.
La Ópera de Roma ha recuperado la producción de La Traviata creada en 2017 por un trío de nombres célebres. Desde Hollywood llegaron la directora de escena Sofia Coppola y el escenógrafo Nathan Crowley, ambos ganadores de un Óscar. El vestuario fue diseñado por Valentino Garavani, fallecido el pasado mes de enero, por lo que el espectáculo se convirtió también en un homenaje póstumo al fundador de la célebre casa de moda romana Valentino. Los tres debutaban en el mundo de la ópera y, quizá por prudencia, optaron por una propuesta tradicional: la dirección escénica respetaba el libreto, la escenografía era realista y espectacular, y el vestuario respondía al gusto decimonónico. El resultado fue un gran éxito. Sin embargo, numerosos detalles revelaban que ninguno de ellos estaba realmente familiarizado con los códigos propios del teatro lírico.
Quien sí conocía profundamente La Traviata era Ermonela Jaho, que anunció que estas funciones romanas supondrían su despedida de Violetta, personaje que ha interpretado en unas 300 ocasiones en los principales teatros del mundo. Es cierto que su voz ha evolucionado y que la gran escena que cierra el primer acto hoy le representa cierto esfuerzo. Aun así, la soprano albanesa volvió a demostrar que es una intérprete extraordinaria. Su “Amami, Alfredo” del segundo acto resultó conmovedor, mientras que todo el tercer acto alcanzó cotas excepcionales: la mezza voce con la que retrata a una Violetta moribunda y abandonada puso los pelos de punta.
Dmitry Korchak encarnó a Alfredo; en poco tiempo se le ha podido escuchar en las farsas del joven Rossini, inaugurando la temporada romana con Wagner y ahora afrontando a Verdi. Quizá debería definir con mayor claridad hacia qué repertorio quiere orientar su carrera. Lo cierto es que su voz no parece encontrarse del todo cómoda en Verdi y que su Alfredo transmitió poco de la sensibilidad y el carácter del personaje. El barítono mongol Amartuvshin Enkhbat, por su parte, fue un excelente Giorgio Germont, con auténtica voz verdiana y una dicción impecable. Correcto también el amplio grupo de comprimarios.
Desde el podio, Francesco Ivan Ciampa se limitó durante buena parte de la representación a acompañar a los cantantes y cuando intentó asumir un mayor protagonismo, sus elecciones de tempi y dinámicas resultaron extremas y, en algunos momentos, incluso excesivas. * Mauro MARIANI, corresponsal en Roma de ÓPERA ACTUAL
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