CRÍTICAS
NACIONAL
Michael Spyres, asombroso Nemorino contra los elementos
Barcelona
Gran Teatre del Liceu
Donzietti: ELISIR D'AMORE
Reparto alternativo
Michael Spyres, Marina Monzó, Fabio Capitanucci, Carles Pachon. Dirección musical: Diego Matheuz. Dirección de escena: Mario Gas. 24 de noviembre de 2025.
Fue el mismo baritenor quien, cumpliendo con un sueño de carrera, se ofreció a la dirección artística del Gran Teatre del Liceu para interpretar el papel de Nemorino. Lo cierto es que la propuesta no pudo resultar más acertada, porque todo apunta a que esta reposición del icónico Elisir de Mario Gas será recordada por el asombroso debut de Michael Spyres en el papel protagonista. Encabezando el reparto alternativo (ver crítica del estreno en este enlace), fueron él y el montaje de Gas los artífices salvíficos de una noche en la que calidad vocal y genio teatral comparecieron al rescate de una dirección musical errática a cargo del venezolano Diego Matheuz. Fue la suya una lectura pesada y rígida, que no quiso (o no supo) encontrar el irresistible pulso cómico-teatral de la partitura (epítome de la ligereza belcantista), en la que la orquesta, en lugar de respirar con los cantantes, optó incomprensiblemente por enfrentarse a ellos, tanto en dinámicas como en tempi. Toda la magia teatral se fio, pues, a la maravillosa artimaña escénica de Mario Gas, que con sus recursos más que conocidos sigue funcionando a la perfección, si bien es verdad que se echó en falta cierta espontaneidad general en los intérpretes, hecho imputable quizás a una incisión insuficiente en la dirección de actores por parte de Leo Castaldi, encargado de la reposición.
Lo mejor de la función se concentró en la pareja protagonista, decantándose especialmente —como se ha dicho— por la parte masculina. El Nemorino de Michael Spyres emocionó, en primer lugar, por lo que tiene de raro escuchar una versión del aldeano bobalicón de tamaña entidad vocal, dotado de una enjundia heroica absolutamente insólita, armado con un chiaroscuro precioso, heredero singular de épocas pasadas. Todo ello acompañado, naturalmente, de unos medios perfectamente belcantistas, con una transición al agudo cubierta con pericia de gran maestro, siempre sul fiato. En escena, su Nemorino no tiene quizás todo el frescor y la inocencia que prescribe el papel, pero se percibe que en todo momento se lo pasa en grande y termina por contagiar al espectador. Culminó su interpretación con «Una furtiva lacrima» de una contención lírica estremecedora, con variación propia incluida y terminada en sfumatura. Este barítono con alma de tenor (o tenor exbarítono) cogerá los paños de Tristán en el Metropolitan de Nueva York antes de empezar la primavera. Sin poder valorar aún el éxito de su nueva empresa, ya se puede afirmar sin duda que será de los pocos elegidos —por no decir el único— que abordará el atormentado héroe wagneriano con una sonrisa belcantista en los labios.
Había asimismo otro gran reclamo en esta representación: el debut liceísta de la prometedora soprano Marina Monzó, que se saldó a la altura de las expectativas. Su interpretación gravitó en un centro vocal mórbido y sensual, arropado por unos medios de intachable clase belcantista para perfilar una Adina deliciosa, aun sin disponer de los sobreagudos más extrovertidos del mundo. La cantante valenciana, Premio ÓPERA ACTUAL 2022, empezó algo encorsetada, tanto vocal como escénicamente, pero hizo del segundo acto su gran creación, incluyendo alguna cadencia personal distinguida, para culminar en un «Prendi, per me sei libero» exquisito, que puede ser el preludio de una gran carrera en la casa.
Por su parte, el Dottore Dulcamara del barítono Fabio Capitanucci resultó vocalmente decepcionante, con un registro agudo mal resuelto técnicamente y unos graves débiles. Su buffone tiene los acentos y está bien fraseado, pero termina venciendo básicamente porque la producción de Gas se lo pone en bandeja. Otra cosa fue el barítono catalán Carles Pachon, Premio ÓPERA ACTUAL 2018, que delineó un Belcore casi aristocrático, de emisión sólida y empastada en todo el registro desde su entrada en escena, con la siempre difícil cavatina «Come Paride vezzoso». * Ferran VILA I RIERA, corresponsal en Barcelona de ÓPERA ACTUAL
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